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17 de diciembre de 2017
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Ojo de mosca

No. 155 Certeza, posibilidad, riesgo...

La idea de ciencia suele estar asociada con la de certeza. Se dice que algo está "científicamente comprobado" cuando se quiere dar a entender que es indiscutible, seguro. Y sin embargo, en ciencia la certeza es algo muy poco común. Se habla más bien de probabilidades, posibilidades, riesgos.

Existen, claro, las llamadas "leyes de la física", que comúnmente se conciben como reglas infalibles que gobiernan el comportamiento del Universo. A diferencia de las leyes humanas, las leyes de la física son imposibles de violar. La ley de la gravedad, por ejemplo, o la segunda ley de la termodinámica (que afirma que el desorden de un sistema aumenta siempre), se cumplen de manera inevitable, en todos lados y bajo cualquier circunstancia.

¿O no? Estrictamente, lo anterior no es completamente exacto. Muchas "leyes" naturales han cambiado a lo largo de la historia: conforme avanzó nuestro conocimiento, las teorías que las sustentaban comenzaron a mostrar defectos, y fueron sustituidas por otras que describían aun más satisfactoriamente el Universo. No hay pues razón para suponer que las actuales "leyes" no serán, tarde o temprano, sustituidas a su vez por otras mejores.

Pero además, incluso las leyes de la física tienen límites. Hasta ahora no conocemos a nadie que pueda volar, violando la ley de la gravedad, pero la segunda ley de la termodinámica en realidad no prohibe que el desorden de un sistema físico disminuya en un momento dado. Afirma que esto es extremadamente poco probable, pero no imposible. Por eso, muchos la llaman "principio", no ley.

En otras disciplinas, los niveles de certeza son todavía menos generales. No existen "leyes" tan tajantes en química, aunque sí ciertos principios que se cumplen de manera usual, y casi inevitable… menos cuando hay excepciones. Y en biología, aparte de las de Mendel —que son sólo principios generales que describen estadísticamente lo que ocurre en la mayoría de los casos—, no puede hablarse de "leyes".

Los sistemas biológicos, como el cuerpo humano, son tan complejos que no podemos descubrir leyes que los gobiernen: sólo hallar principios que se cumplen con cierta probabilidad. Podemos hablar de las posibilidades de que un medicamento cure una enfermedad, en un cierto porcentaje —nunca en la totalidad— de los pacientes. O del riesgo de que un agente infeccioso afecte a una parte de la población.

Es imposible predecir el futuro con certeza absoluta. Pero el método científico, riguroso y controlado, nos permite perfectamente saber cuál es el riesgo, la probabilidad, de que algo ocurra. Puede parecer poco, pero es esa habilidad lo que le otorga a la ciencia su poder y confiabilidad.

comentarios: mbonfil@unam.mx

 

Martín Bonfil Olivera

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