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18 de octubre de 2017
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Ojo de mosca

No. 158 Datos

En la era de computadoras y comunicación en que vivimos, parece fácil distinguir entre la realidad sólida del mundo físico y la realidad virtual del mundo de computadoras, internet y videojuegos.

Alguna vez, para distinguir entre hardware (aparatos) y software (programas), alguien afirmó que "hardware es lo que no se puede enviar por una línea telefónica". El software, en cambio, son sólo datos. Esta distinción sirve también para separar realidad virtual y mundo físico. El universo digital, a diferencia de la naturaleza —formada por materia, átomos—, consiste meramente en datos procesados por computadoras cada vez más rápidas y complejas.

Pero la frontera comienza a borrarse. Utilizamos las computadoras, los teléfonos inteligentes y demás dispositivos para realizar más y más tareas que antes hacíamos con objetos materiales como cuadernos, cintas magnetofónicas o cámaras fotográficas. Hoy hablar de correo, de un escrito, una pieza de música o una imagen ya no es referirse a un objeto material, sino a un archivo digital almacenado en un dispositivo electrónico, que puede ser enviado por internet. No pertenecen ya al mundo de lo material, sino al de lo digital: al ciberespacio.

Y la transformación va más allá: si antes dependíamos de ayudas externas para aumentar o reforzar nuestras capacidades (por ejemplo, libros y libretas para aumentar y mejorar nuestra memoria), hoy nos vamos haciendo cada vez más dependientes de nuestros aparatos digitales para esa misma tarea. Poca gente sabe ya hacer aritmética sin usar calculadora, y casi nadie recuerda números de teléfono de amistades o parientes —muchas veces ni siquiera el propio—, pues confía en que están almacenados en su teléfono celular.

Hoy que podemos traer no sólo nuestra agenda y calendario, sino la enciclopedia completa, libros, fotos, música, películas y hasta el internet en la bolsa del pantalón, la distinción entre nuestro cuerpo físico —y nuestra memoria natural— y estas prótesis informáticas va desapareciendo. ¿Qué pasará cuando surjan los primeros implantes cerebrales que nos conecten directa y permanentemente a internet, y permitan unir distintos cerebros en una sola gran comunidad interconectada, con toda la información al alcance de sus mentes?

Puede sonar inquietante, pero hay que recordar que, en realidad, nunca hemos vivido en ese universo físico del que nos sentimos parte. Aunque nuestros cuerpos forman sin duda parte de él, nuestra mente tiene acceso a ese mundo físico sólo a través de la información que el cerebro recibe a través de los sentidos. En realidad, como dijera el biólogo Richard Dawkins, cada persona vive en una elaboradísima realidad virtual, creada por su cerebro a partir sólo de datos. Al final, quizá las cosas no estén cambiando tanto.

comentarios: mbonfil@unam.mx

 

Martín Bonfil Olivera

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