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25 de febrero de 2017
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Ojo de mosca

No. 176 Decisiones

Una de las razones por las que la ciencia es valiosa para la sociedad es porque proporciona información para tomar mejores decisiones.

La idea es sencilla: para muchas cuestiones, contar con conocimiento confi able, verifi cable y lógicamente coherente sobre la naturaleza, como el que ofrece la ciencia, nos ayuda a elegir el mejor rumbo de acción ante un problema concreto, a planear mejor nuestras acciones, o incluso a prevenir problemas futuros.

Pero da por hecho algo que no siempre se cumple: que las personas llegan a sus decisiones de manera racional. Que antes de elegir un rumbo de acción, tomarán en cuenta la información científi ca pertinente.

En efecto: muchas veces la gente no decide racionalmente, aunque a veces así lo supongamos. Hay muchos ejemplos en la vida diaria —y también en la historia y en las noticias de todos los días— de los que, a pesar de que se contaba con datos certeros que apuntaban en cierta dirección, se tomó la decisión contraria. Personas que se endeudan más allá de sus posibilidades fi nancieras (y naciones que hacen lo mismo); países que se lanzan a guerras que saben que inevitablemente perderán; una sociedad global que sigue dañando el ambiente y poniendo en riesgo su propia supervivencia a pesar de contar con los medios y el conocimiento para dejar de hacerlo… y muchos otros casos.

¿Por qué ocurre esto? Porque la lógica no es el único factor que determina las decisiones de una persona o una sociedad. Existen otros elementos que intervienen en el proceso de decisión: emociones, prejuicios, intereses políticos o económicos… e incluso factores biológicos, como una adicción.

El caso del tabaquismo es muy claro. De ser un hábito que puede resultar placentero para algunas personas, se ha convertido en una verdadera epidemia mundial. El número de personas que fuman aumentó drásticamente en el mundo en parte gracias a la campaña mundial emprendida por las empresas tabacaleras desde el siglo pasado, que presentaban al cigarro como un elemento de aceptación social, elegancia y disfrute. Incluso cuando quedó clara la relación causal directa entre el consumo de tabaco y padecimientos como el cáncer de pulmón y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, la publicidad y la imagen social del tabaco junto con su carácter adictivo, siguen pesando más que la racionalidad, y muchos fumadores siguen siéndolo, a pesar de saber que se causan daño.

A veces la información correcta no basta. Debe estar apoyada en hábitos de pensamiento lógico y crítico. Así los individuos y las sociedades podrán tomar decisiones más basadas en la razón y menos en la costumbre, las emociones o la política.

 

Martín Bonfil Olivera

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