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22 de octubre de 2017
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Ojo de mosca

No. 202 Probabilidades

Nada en ciencia es cien por ciento seguro. Tampoco lo es en ninguna otra área de la vida, a excepción, ya se sabe, de la muerte y los impuestos.

Y sin embargo, mediante el estudio detallado, honesto, sistemático y riguroso de la naturaleza, la ciencia nos ha permitido conocerla de una manera tan increíblemente confiable y precisa que pocas áreas de la actividad humana pueden comparársele. La física de partículas y la mecánica cuántica, por ejemplo, permiten predecir, con un impresionante número de decimales, los fenómenos más diminutos del Universo. La astrofísica describe los movimientos de estrellas, planetas y otros cuerpos celestes al grado que le permitió posar una nave espacial en la superficie de un cometa en movimiento con precisión milimétrica.

Pero el poder de predicción de la ciencia tiene límites. Sí: la física logra predecir el movimiento de los objetos de manera casi infalible. Pero, ¿qué tan preciso es lo preciso? En realidad, todo cálculo físico tiene un margen de error: sólo puede predecir lo que sucede con cierta probabilidad. El caso extremo es el principio de incertidumbre de Heisenberg, que impide conocer simultáneamente la posición y la velocidad precisas de una partícula subatómica. Pero en el mundo macroscópico, la exactitud total es también imposible. Los cuerpos físicos están sujetos a la influencia de la fricción —excepto si están en el espacio—, cambios de temperatura, choques con partículas y muchas otras variables. Lo asombroso de la física es, precisamente, que ha logrado reducir su margen de error a niveles pequeñísimos.

Incluso la aparentemente inviolable segunda ley de la termodinámica, que indica qué procesos pueden ocurrir espontáneamente y cuáles no, y define así la "flecha del tiempo", es tan sólo una generalización estadística. Ocasionalmente pueden ocurrir fenómenos que la contradigan… sólo que con una probabilidad extremadamente baja.

En disciplinas como la biología o la medicina, la complejidad de los sistemas estudiados y el número de variables que los afectan aumentan exponencialmente. Cada ecosistema, ser vivo y persona son únicos. Por todo ello, las predicciones en biología o en medicina son mucho menos precisas. Un tratamiento médico, por ejemplo, sólo puede garantizar que beneficiará a cierto porcentaje de los pacientes; nunca que será efectivo siempre. Y la posibilidad de hacer predicciones exactas disminuye todavía más cuando lo que se estudia es el comportamiento humano, el de las sociedades o el de la economía.

La exactitud total, la certeza absoluta, son imposibles de alcanzar en ciencias, sean sociales o naturales. Pero eso no les ha impedido seguir perfeccionando sus métodos y reducir cada vez más sus márgenes de error… dentro de los límites de lo posible.

 

Martín Bonfil Olivera

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