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16 de agosto de 2017
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Ojo de mosca

No. 23 Virus mentales

Hay virus, como el del sida, que pueden afectar el cerebro humano. Como todos, estos virus son partículas de ácido nucleico (ADN o ARN) cubiertas de proteínas que infectan células y aprovechan su maquinaria para reproducirse. No pueden hacerlo —ni siquiera puede decirse propiamente que estén vivos— fuera de estas células: son parásitos a nivel molecular.

Existen también los bien conocidos “virus” de computadora, esos pequeños programas diseñados para copiarse a sí mismos e infectar otras máquinas. Además de reproducirse suelen causar algún daño al sistema, como borrar archivos importantes o robar información del dueño de la computadora infectada.

Pero hay otra clase de “virus” que no viven en las computadoras sino en nuestras mentes. Un ejemplo son ciertos mensajes muy comunes en esta época de Internet. Se envían por correo electrónico y advierten del riesgo de contaminarse con algún nuevo virus, de nombre extraño y de —supuestamente— desastrosas consecuencias. “¡No abras ningún mensaje que tenga el título ‘día del padre’, porque borrará tu disco duro y quemará la pantalla de tu computadora!”, advierten, para a continuación añadir: “manda copia de este mensaje a todos tus conocidos”.

Poca gente se da cuenta de que, la mayoría de las veces, tales virus son inexistentes. O más bien, sí hay un “virus”, pero generalmente pasa desapercibido: es el mensaje mismo que advierte del peligro, mensaje que logra ser leído y copiado gracias a la credibilidad del receptor.

Richard Dawkins, el famoso biólogo autor de El gen egoísta, ha desarrollado el concepto de fragmentos de información mental que pueden reproducirse al ser comunicados de cerebro en cerebro. Dawkins llamó “memes” (singular “mem”) a estos “virus” mentales. En forma similar a los genes que conforman a los seres vivos y que compiten unos contra otros dando así lugar a la evolución, los memes —un ejemplo de los cuales son los mensajes de falsos virus— aprovechan cualquier ocasión y medio para reproducirse y ser copiados de una mente a otra.

Aunque la idea es audaz, y ha sido criticada por personajes famosos como el divulgador científico Stephen Jay Gould, muchos estudiosos la han considerado seriamente, entre ellos el filósofo Daniel Dennett, quien la utilizó para desarrollar una teoría de la conciencia. Es posible que gracias a este concepto puedan explicarse fenómenos como la expansión de las modas, las tradiciones e incluso las religiones. Llevándola al extremo, la “memética”, o teoría de los memes —con su enfoque darwiniano en que las ideas (los memes) compiten y evolucionan— , puede llegar a explicar no sólo la cultura humana sino también nuestras mentes.

Comentarios: mbonfil@servidor.unam.mx

 

Martín Bonfil Olivera

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