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18 de julio de 2018
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Ojo de mosca

No. 230 Diversidad

Constantemente se oye hablar del valor de la diversidad. Diversidad de culturas, lenguas, orientaciones sexuales, tipos de familia, modelos políticos y creaciones artísticas. Y también de la diversidad biológica: la variedad de especies que conviven en los distintos ecosistemas del planeta.

Se parte del principio de que la diversidad es algo necesario y valioso, importante, que hay que defender. Y sin duda así es. Pero ¿qué hace que la diversidad sea tan estimada?

Probemos responder a partir de la biología. ¿Por qué es valiosa la diversidad de la vida? Después de todo, si una especie se ha adaptado óptimamente a su medio, cambiar no le aportaría mayor beneficio.

Y en efecto, existen muchísimas especies vivas, de bacterias y protozoarios a plantas y animales, que pueden reproducirse por simple división celular, gemación, partenogénesis y otras modalidades de reproducción asexual. Todas tienen en común que los descendientes comparten exactamente el mismo acervo genético que sus progenitores. Son, esencialmente, clones.

La clonación se usa también en agricultura y ganadería, con buenos resultados. Si esta uniformidad funciona tan bien, ¿por qué se insiste en el valor de la diversidad biológica?

Porque la diversidad es la fuente de materia prima para la evolución. Una especie que se reproduzca asexualmente de manera perfecta no podría evolucionar: la selección natural consiste precisamente en que los organismos mejor adaptados a un ambiente dado son seleccionados por éste, pues sobrevivirán mejor y dejarán un mayor número de descendientes que hereden sus genes.

La reproducción asexual funciona bien mientras no se modifiquen las condiciones ambientales. Pero ante un cambio, son las especies que presenten mayor variación individual, mayor diversidad a partir de la cual puedan surgir organismos bien adaptados a las nuevas condiciones, las que tendrán mayores oportunidades de sobrevivir. Esto es precisamente lo que logra la reproducción sexual, que baraja en cada generación los genes existentes para generar nuevas combinaciones. (Las especies asexuales también evolucionan, pues su reproducción no es perfecta e introduce variaciones que producen diversidad genética, a partir de la cual puede actuar la selección natural.)

Por eso mismo en agricultura los monocultivos de plantas idénticas no son tan buena idea: si llega una plaga, acabará con todos los individuos, cosa que no ocurre en una población con genes diversos.

Pues bien: lo que ocurre en evolución ocurre también en ecosistemas, culturas, sociedades, ciencias, artes y en cualquier otro terreno. Una mayor diversidad es siempre fuente de novedad y riqueza. En la variedad está no sólo el gusto sino la posibilidad misma de progreso, en todos los terrenos.

 

Martín Bonfil Olivera

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