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14 de noviembre de 2019
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Ojo de mosca

No. 252 El problema con las drogas

El problema con las drogas es que nos hacen sentir muy bien. Demasiado. Por eso, una vez que las probamos, es tan difícil dejarlas.

Esto se debe a que activan los centros de placer de nuestro cerebro: sus moléculas encajan en los receptores de las células nerviosas encargadas de producir sensaciones placenteras, y las sobreestimulan. Así, las drogas son capaces de alterar nuestra percepción y nuestro comportamiento.

Pero no basta producir placer y tener efectos “psicoactivos” para que una sustancia sea considerada droga. Debe también generar un comportamiento adictivo: que la persona sea incapaz de dejar de consumirla compulsivamente, aun cuando le ocasione consecuencias negativas (a su salud, vida social, trabajo, familia, economía, e incluso si le trae problemas con la ley).

Asimismo, para ser considerada droga, su uso debe presentar características de dependencia: el consumo se vuelve mucho más importante para la persona que otros comportamientos que antes valoraba (deportes, lectura, pasatiempos). Además, se va adquiriendo tolerancia a la droga, es decir, para lograr el mismo efecto hay que consumir una cantidad cada vez mayor. Por último, debido a la dependencia, si se abandona el consumo se presentan síntomas físicos o psicológicos que pueden llegar a ser graves: el síndrome de abstinencia.

¿Qué es, entonces, una droga? ¿Por qué prohibimos legalmente el consumo de marihuana, cocaína, opio, heroína, éxtasis, crack, LSD, anfetaminas y demás, mientras permitimos el consumo legal de otras sustancias que alteran el comportamiento, como el café (la sustancia psicoactiva más usada en el mundo), el alcohol y el tabaco, estas dos últimas capaces de causar adicción?

En realidad, lo que hay que reconocer —y más en estos tiempos en que se está discutiendo, a nivel global y nacional, la despenalización del consumo de algunas drogas, en especial la marihuana— es que el considerar a una sustancia como una droga peligrosa e ilegal —debido al daño personal y social que causa—, o bien como un estimulante legal, es en gran medida una convención social.

Pero también hay que recordar que hay de drogas a drogas: algunas son mucho más dañinas y adictivas —más peligrosas— que otras. Muchas de las drogas ilegales tienen efectos gravísimos sobre la salud física y mental de sus usuarios. Por eso su consumo, sea legal o ilegal, sobre todo si es excesivo y se convierte en adicción, puede causar gravísimos daños al individuo y la sociedad.

Al final, se trata de una cuestión de grados y de responsabilidad: habrá que discutir como sociedad, y decidir como individuos, qué drogas queremos legalizar y por qué, y en qué medida estamos dispuestos a consumirlas sin riesgo.

 

Martín Bonfil

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