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23 de marzo de 2017
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Ojo de mosca

No. 44 ¿Qué es estar vivo?

Se supone que los vampiros, como el conde Drácula, no están vivos, pero no están muertos. Tampoco son como los zombis, “muertos vivos”. Los vampiros son “no-muertos”. Al menos eso es lo que dicen las novelas, pero resulta un poco difícil de entender. ¿Qué sería exactamente estar “no-vivo”? Fuera de las novelas, uno pensaría que los biólogos no tienen dificultad en distinguir algo vivo de lo que no lo está. Sin embargo, las cosas no resultan tan obvias cuando se ven más de cerca.

Pensemos en una persona que ha muerto: puede que su corazón haya dejado de latir, debido, por ejemplo, a un ataque cardiaco. Pero su cerebro continúa funcionando durante algunos minutos, por lo que la persona puede seguir consciente hasta que este órgano sucumbe, a su vez, debido a la falta de riego sanguíneo (de hecho, se especulaba que al ejecutar a alguien con la guillotina, su cabeza podría seguir consciente durante unos cuantos segundos después de ser cortada).

El resto del cuerpo tampoco “muere” simultáneamente: las células que forman los distintos tejidos van dejando de funcionar en distintos momentos. Incluso días o semanas después de la muerte, las uñas o el cabello siguen creciendo: son evidencia de que, si bien hablamos de que los organismos mueren de golpe, sus tejidos y células van muriendo paulatinamente.

¿Qué pasa si examinamos una célula más de cerca? Los sistemas que la conforman están constituidos por moléculas muy diversas: moléculas grasosas que integran la membrana, proteínas que llevan a cabo reacciones y forman el “esqueleto” celular, ácidos nucleicos que almacenan la información genética, y miles más.

Una célula puede estar viva —cuando presenta un metabolismo que transforma energía para crecer, moverse y reproducirse— o muerta, cuando ya no realiza estas funciones. Pero, ¿puede estar viva una proteína? Evidentemente no. No tiene sentido hablar de vida con respecto a estructuras como una membrana celular, un ribosoma o un cromosoma. Y mucho menos respecto a moléculas, así se trate de biomoléculas gigantes como las proteínas o los ácidos nucleicos. Sin embargo, las células y organismos que llamamos “vivos” están formados en su totalidad por estas moléculas.

De modo que lo que entendamos por vivo o no vivo depende en gran medida del nivel de complejidad del que estemos hablando: de qué tan de cerca estemos examinando al organismo vivo. Vistos al nivel molecular, todos los organismos nos parecemos a los vampiros, pues no estamos realmente “vivos”: sólo puede hablarse de esta maravillosa propiedad cuando se la observa a la distancia suficiente. De lejos, que es como hay que observar a los hijos de la noche.

Comentarios: mbonfil@servidor.unam.mx

 

Martín Bonfil Olivera

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