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25 de junio de 2017
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Ojo de mosca

No. 50 Certeza y falsedad en la ciencia

Una idea errónea muy común acerca de la ciencia es que está basada en certezas. En realidad, la ciencia es una disciplina en la que todo está, por principio, sujeto a discusión. La discusión crítica y la puesta a prueba de las explicaciones acerca de la naturaleza son la esencia misma de la labor científica.

Pero decir que la ciencia no se basa en certezas no sólo significa que todo lo que hoy es aceptado por los especialistas puede cambiar en un futuro (dicho de otro modo, aceptar que la ciencia avanza). Significa también que la investigación científica en realidad no consiste simplemente en someter a prueba las hipótesis hasta estar seguro de su veracidad; quizá se trata exactamente de lo contrario.

Para aclarar lo anterior usemos un ejemplo: ¿cómo saber si una obra de arte es auténtica? Siempre han existido falsificadores que imitan el estilo de los grandes maestros para obtener ganancias fáciles. Y abundan los casos de falsificaciones que, luego de décadas de ser exhibidas como auténticas en museos, son desenmascaradas gracias a un examen más minucioso. Pero, ¿qué pasa si no encontramos señales de que una obra pueda ser falsa? ¿Podemos entonces asegurar indiscutiblemente su autenticidad? No, pues siempre cabe la posibilidad de una sorpresa futura. Lo más que puede decirse es que, hasta ahora, no hay razones para pensar que tal obra no haya sido elaborada por las auténticas manos del maestro.

Podemos tener certeza de que una obra es una falsificación, pero no de que es auténtica. Tratando de explicar cómo avanza la ciencia, el filósofo Karl Popper aplicó un razonamiento similar para señalar que es imposible asegurar que una teoría científica ha sido confirmada, pero que podemos estar seguros de cuándo ha sido refutada.

Este punto de vista, conocido como “falsacionismo”, fue un avance sobre la visión ingenua de que las mejores teorías se eligen con base en simples observaciones objetivas. Aunque resulta útil e interesante, hoy el falsacionismo ha caído en desuso entre los filósofos de la ciencia, pues deja muchos problemas sin resolver. De cualquier modo, las ideas de Popper abrieron la puerta a una visión más realista de la ciencia que la concibe como un proceso de tipo evolutivo, en el que las hipótesis compiten unas con otras por ser las que mejor explican la realidad: sobreviven las que superan las pruebas, las que no han sido (todavía) refutadas.

Puede sonar decepcionante, pero a cambio de las inexistentes “verdades” científicas, Popper nos deja la imagen, mucho más prometedora, de una ciencia verdaderamente viva.

Comentarios: mbonfil@servidor.unam.mx

 

Martín Bonfil Olivera

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