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18 de diciembre de 2014
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Ojo de mosca

No. 62 Hasta el agua pura es pura química

Por alguna razón, todo lo relacionado con la química ha obtenido mala fama en las últimas décadas. Decir que algo es químico hoy se entiende como sinónimo de que es nocivo. Incluso se habla de “químicos tóxicos” (en vez de sustancias tóxicas), como si los profesionales de esta ciencia pudieran ser venenosos.

Por contraste, para promover todo producto que pretende ser sano, natural, benéfico, se enfatiza que “no contiene productos químicos”. Lo irónico de estas afirmaciones es que son imposibles: todo lo material —lo formado por materiaes necesariamente químico. La luz, la energía, el espacio o la gravedad son entidades inmateriales, y por tanto no son químicas. Tampoco podríamos decir que un plasma como el que se halla en el Sol —que sí es materia, pero a tan alta temperatura que los átomos que la forman se han separado en electrones y núcleos— sea de naturaleza química, pues no está formado por átomos aislados ni unidos para formar moléculas, sino por pedazos de átomos.

Pero cualquier cosa que esté formada por materia sólida, líquida o gaseosa —por átomos y moléculas, o por iones (sus contrapartes con carga eléctrica) es necesariamente química—. El aire, el agua, la tierra, los seres vivos, los cerebros gracias a los que pensamos y tenemos un sentido del yo... todo es química y nada más que química (aunque la biología va más allá de la química, pero ése es tema para otra ocasión).

¿Por qué este prejuicio contra la química, esta “quimiofobia”? En parte quizá porque se está confundiendo lo químico con lo artificial. Pareciera que sólo las cosas fabricadas por el hombre fueran dañinas, mientras que aquello que proviene de la naturaleza fuera necesariamente sano.

Pero también esta versión cae por su propio peso: las sustancias naturales tóxicas abundan. Basta con pensar en los venenos producidos por bacterias (como Clostridium botulinum y su toxina botulínica, uno de los venenos más poderosos conocidos) pero también por plantas, hongos, insectos, reptiles y anfibios

Tal vez se trata también de una buena dosis de ignorancia (pareciera que los fenómenos químicos sólo se presentaran en los laboratorios y no en una cocina, en la atmósfera o dentro de nuestras células) mezclada con mala publicidad, pues es cierto que la contaminación de agua, tierra y aire es en cierta medida producto de la industria química.

Quizá la solución estaría en darnos cuenta de que, así como la química puede traer problemas, puede también proporcionarnos la forma de resolverlos. Finalmente, conocer y aceptar la naturaleza química del mundo material es saber un poco más acerca de nosotros mismos.

Comentarios: mbonfil@servidor.unam.mx

 

Martín Bonfil Olivera

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