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22 de octubre de 2017
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Ojo de mosca

No. 64 La vida no existe

¿ Qué es la vida? ¿Qué distingue a un ser vivo de una roca? ¿Qué diferencia a un cadáver de un cuerpo vivo? La vida se define asociándola con una serie de funciones como crecimiento, reproducción, irritabilidad, evolución, nutrición, metabolismo... Y, sin embargo, frente al mundo inanimado, o frente a la muerte, sigue pareciendo como si hubiera algo que tienen los seres vivos, pero no los inanimados o muertos.

¿Qué es ese algo? Si desechamos la hipótesis de un alma inmaterial —hipótesis no científica no sólo porque nunca se han hallado pruebas de ella, sino porque no ha sido, hasta ahora, necesaria en biología—, ¿qué podría ser esta esencia de lo vivo?

Hay quien habla de una energía vital. Cuando se descubrió la electricidad y se observó su efecto en los animales, se pensó que quizá era ésta la que los animaba. Pero hoy sabemos que, si bien hay fenómenos eléctricos relacionados con la vida, no somos seres “eléctricos”.

A partir de finales del siglo XIX, la química pareció tomar la delantera como la ciencia que explicaría la vida. Se estudiaron con detalle las sustancias que forman lo vivo. Aparte de la excepcional complejidad de moléculas gigantes como proteínas y ácidos nucleicos, no se encontró ninguna diferencia esencial entre su composición química y la del resto de la materia. Estaban formadas por los mismos átomos y regidas por las mismas leyes.

A mediados del siglo XX, con el nacimiento y acelerado desarrollo de la biología molecular, fue posible descubrir la estructura detallada no sólo de las moléculas de la vida, sino de su intrincado arreglo para formar las estructuras que conforman una célula viva. Nunca se encontró nada especial, ninguna energía o ingrediente extra que animara a estos complejísimos arreglos llamados células.

¿Qué es entonces la vida? Simplemente, un arreglo de moléculas de cierta complejidad, que es capaz, por su estructura y propiedades, de cumplir ciertas funciones. Nada más, pero nada menos. Si tomamos un organismo y separamos alguna de sus células, ésta puede —en condiciones adecuadas— seguir funcionando. Decimos que está viva. (Si no hay esas condiciones, o si su estructura se ha deteriorado y no es ya funcional, decimos que está muerta.) Pero por debajo del nivel celular, aunque las estructuras moleculares que aislemos sigan funcionando, nos parece que el término vida no es ya aplicable. ¿Hay alguna diferencia fundamental? Sólo en términos de complejidad. Si las moléculas no están vivas, y las células —y los órganos, y los organismos— están hechos sólo de moléculas y nada más, ¿no puede decirse, en cierto sentido, que nada está vivo?

Comentarios: mbonfil@servidor.unam.mx

 

Martín Bonfil Olivera

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