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21 de agosto de 2017
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Ojo de mosca

No. 90 La ciencia es cultura… pero no sólo cultura

¿Qué es cultura? No es fácil definirla, mas cualquier persona educada acepta que es importante. No sólo que exista y que se desarrolle, sino que se difunda entre todos los ciudadanos.

Los expertos no se ponen de acuerdo, pero una definición sencilla y generalmente aceptada es que “cultura” es todo producto de la actividad humana. Aunque al decir “cultura” pensamos normalmente en artes y humanidades, también son cultura el lenguaje cotidiano, la forma de cocinar y la música popular. (Cierto, la definición deja fuera la evidencia actual de que existen especies animales que poseen “cultura” en forma de comportamientos o uso de herramientas que no están determinados por los genes y se transmiten mediante el aprendizaje. Pero no hay animales que cultiven el arte o la filosofía.)

Partiendo de esta definición, podemos aceptar que la ciencia forma parte de la cultura. Y si reconocemos que todo ciudadano debe tener acceso a las grandes obras de la literatura y la poesía, así como poder asistir a funciones de ballet o danza regional, o conocer las artesanías y los guisos de otras latitudes, está claro que también debería tener la posibilidad de ampliar su propia cultura científica. De ahí la importancia de la labor de divulgación científica, como la que realizamos en ¿Cómo ves? (y en muchas otras publicaciones, museos y medios de comunicación).

Pero, aunque pudiera sonar pedante, la cultura científica es distinta de las otras ramas de lo que comúnmente llamamos cultura: tiene la ventaja de que es útil en un sentido práctico.

En efecto: por más que la poesía, por ejemplo, pueda, además de conmovernos, ayudarnos a ver el mundo de una forma más rica y profunda, jamás veremos un producto tecnológico derivado de ella. Y quizá (aunque cabría discutirlo) pueda decirse lo mismo de las demás artes, e incluso de las humanidades. Ninguna de ellas tiene el inmenso potencial que tiene la ciencia, confirmado día con día, para generar tecnología que funciona, y que puede luego convertirse en aplicaciones industriales y así contribuir a elevar el nivel de vida de los ciudadanos.

Pero tampoco, es cierto, tienen las humanidades y las artes el inmenso potencial que tiene la ciencia para causar daño. Y es aquí, probablemente, donde la cultura científica necesita del resto de la cultura humana para formar parte de un todo equilibrado.

Si bien la ciencia es una parte especialmente poderosa de la cultura humana, es sólo con la ayuda del resto de esta cultura que podremos sacarle el mejor provecho.

Comentarios: mbonfil@servidor.unam.mx

 

Martín Bonfil Olivera

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