UNAM
15 de diciembre de 2018
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¿Quién es?
Cinna Lomnitz
Foto: Antonio Ortiz

No. 10 Cinna Lomnitz

La curiosidad por descubrir los fenómenos

“Desde chico me interesaba descubrir cosas, observar; para eso tenía mi laboratorio en el galpón de mi casa”. Cinna Lomnitz ubica en su infancia el origen de su inclinación por la ciencia, que más tarde lo convertiría en uno de los geofísicos más notables en el estudio del fenómeno sísmico. El científico nos recibe en su bella casa del barrio de San Ángel, en la Ciudad de México, y comparte sus afanes, búsquedas, hallazgos y anécdotas de su interesante devenir por el mundo. Al recordar su juventud relata apasionado: “Tuve un maestro en Chile, que sacaba su reloj de cadena del bolsillo, lo balanceaba y preguntaba: “¿Qué observan?”. La mayoría respondía “Se mueve, se mueve” y él enojado decía “Usted también se mueve”; entonces anotaba un “1” de calificación. Cuando me tocaba responder, hacía una descripción simple del movimiento del reloj y me iba mejor que a mis compañeros. Con ese maestro aprendí eso que es la base de la ciencia: la curiosidad por descubrir los fenómenos”.

Cinna es de origen alemán, pero sus padres —huyendo de la guerra— viajaron con sus dos hijos a Bélgica y años más tarde a América, a la República de Chile. Allí, el doctor Lomnitz se graduó de ingeniero civil y luego estudió en Estados Unidos, donde hizo la maestría y el doctorado en el California Institute of Technology (Caltec). Al respecto comenta: “Eran los años cincuenta y en el Caltec estaba el trío de sismólogos más destacados del mundo: Charles F. Richter, Beno Gutenberg y Hugo Benioff, ¡fue una suerte doctorarme allí!; Gutenberg era el director del Servicio Sismológico de California y Richter, su ayudante. Al poco tiempo Gutenberg murió. En esa época los cálculos se hacían a mano, eso hacía que la ciencia que se producía fuera muy distinta a la de hoy”.

Desde 1968, el doctor Lomnitz es investigador del Instituto de Geofísica de la UNAM, desde donde ha contribuido en forma significativa al desarrollo de la sismología; ha trabajado también en las Universidades de California, en Berkeley, en la de Columbia, Nueva York, en la de Chile y en la de Kiel, Alemania.

Prosigue en su relato: “Hugo Benioff era otro personaje genial del Caltec; le gustaba inventar instrumentos diversos: desde guitarras eléctricas hasta sismógrafos. Creo que él fue el teórico más importante de ese tiempo. Me propuso el tema de mi tesis doctoral, ya que él creía que la forma como se deforman las rocas tiene que ver con la predicción de los sismos. Pero en mi tesis demostré que no era así. Él se desilusionó, pero así es la ciencia”, advierte Lomnitz.

Al preguntarle si algún día se podrán predecir los sismos, responde: “En 1994 escribí un libro al respecto y creo que algún día podrán predecirse; sin embargo, por ahora la solución no va por ahí.” Enseguida Lomnitz trae a la memoria el impacto que le causaron los sismos de 1985 en nuestro país. “Ese hecho marcó mi vida personal y profesional; desde entonces me dedico intensamente a buscar cuál fue la causa de que se cayeran las construcciones de la parte baja del lago y no aquéllas ubicadas en otras zonas de la Ciudad de México”. Ése es el más reciente desafío científico al que el doctor Lomnitz pone su mayor empeño y talento al lado de un grupo de físicos teóricos. Con ellos, desea encontrar explicaciones y eventualmente algunas soluciones.

Cuenta que su madre era cantante de ópera y su padre abogado; de ambos heredó un gran respeto por la ley y un desarrollo humanista. Por cierto, en su columna “El caracol”, de la revista Nexos, pueden encontrarse interesantes reflexiones científico-humanistas.

En 1995, el doctor Lomnitz recibió el Premio Nacional de Ciencias y en 1997 el Premio Universidad Nacional, dos galardones que reconocen sus aportaciones al desarrollo de la ciencia, entre las que se encuentran publicaciones internacionales, varios libros y una labor docente desde hace casi 40 años. Acerca de esta labor opina: “Tengo la firme creencia de que los maestros debemos tener un diálogo personal con el alumno pues no sólo somos transmisores de información académica, lo que educa verdaderamente es el ejemplo”.

Personalmente

Perfil personal: Hay ciertas cosas que no tolero, como la violencia y la guerra. Soy muy pacífico y sólo me enojo cuando he acumulado disgustos.

Aficiones: Leer y escribir. Hace poco leí dos libros fascinantes, uno sobre Cristo y otro sobre San Pablo; fue una gran experiencia porque son trabajos científicos. También disfruto mucho a William Blake y la literatura mexicana. Otro autor que me gusta leer y tiene una historia de tremenda valentía es Ernst Jüger, autor de Tormentas de acero.

Pasiones: La comida mexicana y en especial la veracruzana; me encantan las memelas.

Arte: Desde la obra más antigua hasta la más moderna. De la pintura mexicana me gusta mucho la escuela oaxaqueña. Admiro a Rufino Tamayo y a Francisco Toledo, entre otros.

 

Concepción Salcedo Meza

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