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16 de enero de 2018
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¿Quién es?
Alfonso Valiente Banuet
Foto: Ernesto Navarrete

No. 146 Alfonso Valiente Banuet

Naturalista del siglo XXI

La escena ocurre en el Laboratorio del Desierto de la Universidad de Arizona, hace años. Se desata una batalla campal entre 14 jabalíes. Alfonso Valiente tiene que defenderse con un tubo. La temperatura en el desierto de Arizona puede alcanzar los 40 °C a la sombra. Alfonso Valiente se pasea con sus estudiantes entre los cactus. Van con los cinco sentidos bien aguzados porque la oscuridad es total y no quieren pisar por descuido una víbora de cascabel. De noche, en silencio, admiran la Vía Láctea, las lluvias de estrellas y los eclipses de Luna.

Estas son algunas de las vivencias de Alfonso Valiente Banuet, investigador del Instituto de Ecología de la UNAM interesado en los mecanismos que mantienen la diversidad en los desiertos de México.

Su interés por estos temas se manifestó desde que era niño. “Me gustaban las plantas", dice Valiente, ganador del Premio al Mérito Ecológico 2007. Dispuesto a estudiar una carrera relacionada con su tema predilecto, se inscribió en la Facultad de Ciencias de la UNAM y más tarde realizó su maestría y doctorado en el Centro de Ecología (hoy Instituto de Ecología). Durante la licenciatura, “inicié mi investigación en las selvas, en zonas donde nadie había incursionado, para describir y clasificar la vegetación, tratando de imitar a los naturalistas del siglo XIX. Después me percaté de que lo mío era trabajar en los desiertos de México, donde habitan el 85% de las casi 1 200 especies de cactus”. En la actualidad su principal objetivo es estudiar la ecología de comunidades; es decir, explicar la coexistencia de especies en una región donde los correcaminos, conejos, pájaros carpinteros y otras especies han aprendido a vivir con muy poca agua.

Al referirse a su investigación, Alfonso Valiente, que ha publicado más de 100 artículos de investigación y divulgación, me muestra en el monitor de la computadora la imagen de un murciélago de cabeza blanca. “Parece un mimo. Lo que sucede es que estos mamíferos se echan un clavado en la flor de los cactus columnares para extraer el néctar y su cabeza sale cubierta de polen, que luego dispersan. Es muy importante conocer este proceso —el 73% de la polinización de los cactus columnares se realiza así—, para entender cómo interacciona esta flora con otras especies”.

Alfonso tiene la piel curtida por sus continuas salidas a los desiertos mexicanos, donde ha desarrollado experimentos a largo plazo por casi dos décadas. Sus trabajos en esas zonas, aunados a los que realizó en el Valle de Tehuacán-Cuicatlán, han sido fundamentales para diseñar estrategias de conservación, desarrollo sustentable y restauración ecológica.

El investigador explica que para distanciarse del arduo trabajo de todos los días sale al campo, su pasión desde siempre. Asimismo, “disfruto bailar, ver películas de acción o las mexicanas de calidad que se están haciendo últimamente, y teatro”. Lo embelesa también leer sobre la historia de la Revolución Mexicana. “Soy un profundo admirador de Pancho Villa, él y Zapata son los únicos héroes revolucionarios de este país”. Las inmersiones en las letras lo preparan para regresar al universo de las espinas, del viento caliente y del coyote que quiere alcanzar al conejo de la Luna.

Personalmente

¿Qué lugar de la Tierra le gustaría conocer? El fynbos, la región seca de más diversidad biológica, en el Cabo de Buena Esperanza, Sudáfrica.

Si pudiera viajar a través del Universo, ¿a dónde iría? A cualquier parte.

Si pudiera viajar en el tiempo, ¿a qué época se trasladaría? Hasta hace 12 000 años, cuando el hombre entró en América, para reconstruir el paleoclima de los desiertos.

Norma Ávila Jiménez

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