UNAM
18 de enero de 2018
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¿Quién es?
Guadalupe Cordero Tercero
Foto: Ernesto Navarrete

No. 153 Guadalupe Cordero Tercero

Tras las huellas de estelas luminosas

En 1930 tres estelas luminosas o bólidos atravesaron el firmamento ante la mirada de los azorados pescadores del río Curuca, en la amazonia brasileña; se escucharon fuertes explosiones, cayó ceniza roja y el suelo tembló. La investigación de este fenómeno ha sido uno de los retos de la doctora Guadalupe Cordero Tercero, del Instituto de Geofísica de la UNAM.

Junto con el doctor Arcadio Poveda, Cordero analizó el primer reporte del suceso, escrito por el padre Fedele D’Alviano y publicado en 1931 en el periódico del Vaticano. Ese mismo ano, el investigador Leonid Kulik comparó el evento con el de Tunguska (ver ¿Como ves? No. 116), aquel cataclismo ocurrido en Siberia en 1908 por el impacto de un pequeño cometa o asteroide que destruyó 2 000 km2 de bosque. De lo sucedido en el río Curucá no se volvió a hablar hasta 1989 y desde entonces varios autores han seguido el rastro de los bólidos, entre ellos Ángel Vega, quien lo relacionó con un sismo acontecido en La Paz, Bolivia, o Paulo Serra, descubridor de una forma circular en la selva brasileña que él y su equipo pensaron podría ser un cráter de impacto

Poveda y Cordero utilizaron los resultados de pruebas realizadas con balines y cargas nucleares y concluyeron, en palabras de Cordero, que “si lo descubierto por Serra fuera un cráter de impacto, hubiera producido un sismo con una energía 30 veces mayor a la detectada en La Paz: por lo tanto, el cráter y el sismo no están relacionados con las estelas luminosas”. Con los investigadores Lilia Manzo y José López, Cordero revisó imágenes satelitales del Amazonas y encontró que el circulo que Serra vio como cráter es una estructura ocasionada por la erosión fluvial, un fenómeno común en la zona. Cordero y su grupo han propuesto que el meteoroide de Curuca tenia unos nueve metros de diámetro, viajaba a 11.2 kilómetros por segundo y explotó a seis kilómetros de altura.

El interés por saber donde caen los fragmentos de los meteoros radica en que “contienen datos acerca de la formación de nuestro Sistema Solar. Además, en éstos se han encontrado compuestos orgánicos como la guanina, material del ADN; tal vez los meteoritos los trajeron a la Tierra”, explica la investigadora, quien ha publicado mas de una decena de artículos en revistas internacionales y ha impartido conferencias y talleres para niños y público en general. También ha realizado estancias de investigación en la Universidad de Brown, en Estados Unidos, y en la Complutense de Madrid.

A Cordero le gusta “poner en pausa” a los bólidos y cuerpos planetarios, y relajarse ya sea disfrutando vigorosas clases de zumba —aunque dice que en las fiestas no baila mucho porque es timida—, o sentada tranquila tejiendo. “También me encanta leer. Entre mis libros preferidos están novelas históricas como El seductor de la patria o Los pilares de la Tierra, la saga de Harry Potter y los de filosofía como los escritos por Fernando Savater”. En la pantalla grande disfruta de la ciencia ficción y la fantasía. Los testimonios de quienes han observado estelas luminosas atravesando el cielo parecieran, en algunos casos, no alejarse mucho de esos géneros del séptimo arte.

Personalmente

¿A donde iría si pudiera viajar...? En el tiempo: A los siglos I o III a. C. para salvar los papiros de la Biblioteca de Alejandria.

En el Universo: Tomaría un tour por el Sistema Solar.

En la Tierra: Visitaría las zonas arqueológicas de las antiguas culturas.

Norma Ávila Jiménez

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