UNAM
23 de abril de 2018
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¿Quién es?
Neftalí Rodríguez Cuevas
Foto: Dante Bucio

No. 50 Neftalí Rodríguez Cuevas

Cinco décadas de fructíferas investigaciones y trabajo docente

Conozco al profesor Neftalí Rodríguez Cuevas desde hace tiempo pues fue compañero de mi padre en la Escuela Nacional de Ingenieros, hoy Facultad de Ingeniería. Con el trato afectuoso que lo caracteriza, inicia su plática sobre el desarrollo de la ingeniería en México. Su interés por esta área se remonta a la niñez, cuando vivía en un pueblo donde los ingenieros tenían una presencia importante, pues habían construido la carretera, una presa —la de Necaxa— se encargaba de introducir la luz y el agua y todo esto se le quedó bien grabado. Su carrera universitaria como docente e investigador comenzó en los años cincuenta, cuando el profesor Guillermo Salazar Polanco, a quien todavía frecuenta, lo invitó a ser ayudante de su materia en la escuela de ingeniería y, posteriormente, a trabajar con él y con un grupo de ingenieros muy distinguidos entre los que se encontraban Óscar de Buen, Félix Colinas y Luis Correa.

Entre los proyectos más importantes en los que Neftalí Rodríguez ha participado se encuentran el Auditorio Municipal de la Ciudad de México, hoy Auditorio Nacional, que posee un claro de 100 metros y llegó a ser el mayor de América Latina. Después vino el parque de béisbol y, posteriormente, participó en el diseño y construcción de la cúpula del Toreo. También ha contribuido al desarrollo de ciudades industriales y recientemente en el análisis del comportamiento ante la fuerza del viento del gran ventanal del Hipódromo, que mide 90 metros de largo por 30 metros de alto.

Su curiosidad por entender el efecto del viento sobre las construcciones empezó un día que, montado en las estructuras de un parque, sintió su fuerza. Poco después fue a estudiar a los Estados Unidos, donde tuvo un maestro con gran experiencia en ese tema, el profesor John M. Biggs.

Para el profesor Rodríguez Cuevas la mecánica del movimiento del viento y su interacción con las estructuras presenta tantas dificultades y variables que constituye un gran reto a la investigación; percibimos la acción del viento cuando se mueven las cosas, pero no vemos las masas de aire.

Conscientes de que el estudio de estos problemas permite edificar con un amplio margen de seguridad estructural, en 1967 varios investigadores impulsaron la creación, en el Instituto de Ingeniería de la UNAM, del Laboratorio de Túnel de Viento, donde comenzó a ser posible medir con precisión aquello que no se alcanza a ver.

El ingeniero Rodríguez Cuevas ha sido un impulsor de este laboratorio pues está plenamente convencido de que el estudio del viento es indispensable no sólo con respecto a la resistencia de estructuras, sino también porque en el futuro será un energético económicamente viable. “Es necesario tener presente que el petróleo se está acabando y que otras fuentes alternas de energía son más caras. Sería muy atinado que en pleno siglo XXI surgieran los molinos de viento, descritos por Don Quijote de la Mancha como monstruos, pero que debemos ver como elementos de apoyo para producir energía, cuidando nuestros recursos”.

Con 50 años de trabajo docente, el profesor Rodríguez Cuevas ha formado a un sinnúmero de estudiantes en el campo de la ingeniería en general y desde hace 20 años en el área de diseño eólico. Una de sus metas es despertar en sus alumnos la imaginación y el sentido crítico, y motivarlos para que se dediquen a la investigación en ingeniería y a que trabajen en los diferentes estados de la República en la prevención de daños causados por desastres naturales.

El profesor Rodríguez Cuevas ha recibido numerosas distinciones por su trayectoria profesional, entre las que se encuentran la de Profesor Emérito de la UNAM, el Premio Universidad Nacional; el Premio Nacional de Investigación “Nabor Carrillo” y el Premio Nacional a la Docencia “Mariano Hernández”, estos últimos otorgados por el Colegio de Ingenieros Civiles de México.

Personalmente

Música. preferida. Una de mis hijas toca la flauta y gozo escuchándola. También tengo un nieto que quiere conquistar a la juventud de México con música ruidosa. En ese sentido la mecánica del continuo me ha entrenado en lo armónico, me gusta más la música armónica.

Mayor virtud. La perseverancia. También, gozar al exponer temas en clase y así contribuir a la formación de estudiantes.

Mayor defecto. Mi intolerancia al trato con personas aferradas a ser protagonistas necias, a pesar de que se les hagan ver las razones para que cambien su actitud.

Mayor orgullo. Mis tres hijas, pues estoy convencido de que la inteligencia de las mujeres es muy valiosa. Justamente son las mujeres quienes a través de la educación, pueden contribuir en los primeros años a una mejor formación de los hijos.

 

Verónica Benítez E.

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