UNAM
24 de abril de 2018
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¿Quién es?
José Sarukhán Kermez
Foto: Marco Mijares

No. 7 José Sarukhán Kermez

Retrato de un naturalista

La voz de José Sarukhán es pausada, tranquila. No dejo de sorprenderme, sé que debe tener prisa; fue difícil acomodar la entrevista en su apretadísima agenda, entre viajes, conferencias, pero sobre todo, robando tiempo a la labor de su vida: la investigación. El escenario, sin embargo, no es el adecuado. Hablamos en la oficina que ocupa como Coordinador de la Comisión Nacional para el Conocimiento y uso de la Biodiversidad, la CONABIO, ubicada en una casona de Coyoacán, en la Ciudad de México. A medida que responde a mis preguntas, me doy cuenta que el lugar para conocer la historia de Sarukhán está en la selva de Los Tuxtlas, o en Chamela, donde él ha realizado una parte importante de su trabajo en ecología de plantas tropicales. Trato de imaginarlo allí, teniendo que cuidarse de las nauyacas mientras observa, mide y recolecta especímenes para su estudio; el olor, dice, es muy especial, un olor que llega a extrañarse.

Para quienes no están en el ámbito científico, Sarukhán es conocido por haber sido rector de la UNAM durante dos periodos, entre 1989 y 1996. Un trabajo que, asegura, difícilmente es compatible con la investigación. ¿Qué hizo al dejar la rectoría? “A la semana, ya estaba en Los Tuxtlas”. Su dedicación se refleja en un curriculum impresionante: baste señalar que es Doctor Honoris Causa por cinco universidades diferentes, entre ellas la de Gales, en Gran Bretaña, la misma en la que realizó su doctorado en Ecología, en 1972, después de titularse como Biólogo en la UNAM y como maestro en Botánica Agrícola en el Colegio de Posgraduados de Chapingo. Impulsor destacadísimo de lo que hoy es el Instituto de Ecología de la UNAM, en donde es investigador titular desde 1988 y ha contribuido a la formación de decenas de estudiantes, en la obra científica de Sarukhán se cuentan alrededor de 90 publicaciones en especializadas, además de varios libros sobre botánica.

Su interés en la ciencia hay que atribuirlo en buena medida a un excelente profesor que tuvo cuando cursaba el segundo año de secundaria: “Primero, por la manera en que impartía su clase, segundo por mi debilidad por dibujar y ser él un esplendido artista. Cada clase la ilustraba en el pizarrón y daban ganas de llevarse el pizarrón a casa. Entre el elemento estético y la información surgió el interés por las cosas vivas”. En preparatoria, cuenta, hizo el bachillerato de Química, en el Colegio Cristobal Colón: “La manera de pagar mis estudios fue como vigilante de los autobuses escolares y como ayudante del laboratorio de química, donde me daba vuelo jugando con sodio metálico y agua en el lavabo”. Y es que la situación económica de la familia Sarukhán era precaria. El padre, inmigrante armenio que tenía un taller en el que fabricaba zapatos, murió cuando José tenía apenas siete años. Sobre su madre, relata que “escapó milagrosamente de la masacre de los turcos contra los armenios, salió huyendo”.

Sarukhán se decidió por la ecología en una época en que esta disciplina no se consideraba prioritaria y en México muy pocos investigadores se interesaban por ella. El Instituto de Biología de la UNAM, que él mismo habría de dirigir de 1979 a 1985, era, en sus días de estudiante “muy cerrado, no había la apertura de ahora”. “Los alumnos tenían que hacer todo tipo de méritos absurdos para ser dignos de que los tomaran en cuenta como aprendices después de no sé cuantos años”. Las decenas de investigadores que se han formado en este Instituto y en el de Ecología, dan fe de que la situación ha cambiado. Sarukhán, por su parte, reconoce que le gusta la docencia: “La gozo enormemente y es una gran fuente de vitalidad intelectual”.

¿Qué significa para él la ciencia? “Ante todo un compromiso de honestidad  tesón, el que no lo asuma no puede hacer ciencia”. Una respuesta mucho más amplia ya la ha dado Sarukhán en su libro Las musas de Darwin (Fondo de Cultura Económica, 1988), un magnífico trabajo de divulgación en el que recrea el proceso que llevó a Charles Darwin a formular la teoría de la evolución; se trata de un esclarecedor ejemplo de la pasión que anima la construcción del conocimiento y la multitud de factores —personales, sociales, históricos, geográficos— que confluyen para que surjan las ideas que han revolucionado la ciencia.

Personalmente

• Aficiones. La pintura, la lectura y convivir con los amigos. También disfruto mucho la música, especialmente la sinfónica.

• Mayor virtud. Sarukhán prefiere no contestar, pero es muy posible que la respuesta sea la perseverancia.

• ¿Qué libro recomienda leer en los tiempos que corren? Sin duda alguna, El ensayo sobre la ceguera, de José Saramago (Alfaguara, 1999).

 

Estrella Burgos

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