UNAM
19 de enero de 2018
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¿Quién es?
Fernando Garfias
Foto: Adrián Bodek

No. 79 Fernando Garfias

El conocimiento más profundo del océano cósmico

Fernando Garfias Macedo, especialista del Instituto de Astronomía de la UNAM (IAUNAM), es extremista: goza alcanzar los cuerpos celestes con los telescopios del Observatorio Astronómico Nacional (OAN) y disfruta sumergirse en el agua salada para vivir aventuras como estar en medio de un banco de peces o tener cerca a tres barracudas.

A Garfias Macedo, actual Jefe de la Estación del OAN ubicada en Tonantzintla, Puebla, la bóveda celeste lo atrapó desde que tenía 13 años, y cursaba la secundaria, cuando su papá comenzó a construir un telescopio y le dejó la tarea de terminarlo. Para lograrlo, se acercó al IAUNAM, donde “a los investigadores les hacía mucha gracia ver a un chavito en los talleres”. Desde entonces, no le faltaron motivos para volver continuamente; se veía a sí mismo, años más adelante, diseñando y construyendo instrumentos astronómicos. Por ello estudió la licenciatura y la maestría en la Facultad de Ingeniería de la UNAM y desarrolló tesis relacionadas con la óptica; con las lentes y cámaras que, colocadas en los telescopios, ayudan a mejorar la calidad de las imágenes de los objetos observados. Esto se traduce en un conocimiento más profundo del océano cósmico.

Su tenacidad ha dado frutos y por ello ha participado, entre otros proyectos, en el diseño y construcción de un espectrógrafo —instrumento que descompone la luz emitida por los cuerpos celestes para analizarla—, utilizado en la observación de estrellas y galaxias, y en la Cámara de Verificación del Gran Telescopio de Canarias (GTC). El espejo del GTC mide 10 metros de diámetro y está dividido en hexágonos, lo que evita deformaciones resultantes del peso excesivo. Garfias y el equipo del IAUNAM encargado de este proyecto han desarrollado un método —diseñado por el doctor Salvador Cuevas— para corroborar que todos los hexágonos queden perfectamente alineados, como si el espejo fuera de una sola pieza.

Fernando Garfias disfruta mucho las discusiones de trabajo con los otros especialistas: “Tuvimos una de éstas entre Francisco Cobos, Carlos Tejada y yo, cuando planeábamos lo respectivo a la óptica del espectrógrafo del Telescopio Hobby Eberly, de la Universidad de Texas. De manera acalorada, apasionada, cada quien defendía sus propuestas, y a las 11, como habíamos quedado, interrumpimos para ir, cordialmente, por nuestro café”. Además, asegura, “esa misma sensación de alegría y curiosidad que se siente cuando eres niño y destapas un juguete nuevo, surge de nuevo al momento de abrir un instrumento para arreglarlo”.

De la fascinación por el cielo, Fernando Garfias desciende a las profundidades acuáticas: su emoción —siendo aún estudiante—por las competencias de nado con aletas; al recordar las maravillas marinas que ha visto, como la mantarraya hawaiana de cuatro metros o los arrecifes multicolores de Cozumel, o la sensación de nadar, a sólo un metro de distancia, de un tiburón toro. Como diría la canción, para este especialista en óptica, en el cielo y en el mar, la vida es más sabrosa.

¿A dónde viajaría...?

En el Universo. Me encantaría acercarme a un hoyo negro sin correr peligro.

En el tiempo. A la época en que hicieron las pinturas rupestres que están en la Sierra de San Francisco, Baja California, México.

En la Tierra. A los Himalayas.

 

Norma Ávila Jiménez

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