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24 de abril de 2018
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Ráfagas

No. 128

Modelo para predecir los brotes de dengue

Casi todas las enfermedades epidémicas provienen de organismos patógenos presentes en los animales que de alguna manera infectan a las personas. Éste es el caso del dengue (o fiebre quebrantahuesos) y del dengue hemorrágico, que son enfermedades de origen viral muy difundidas en las regiones tropicales y subtropicales.

Cada año se enferman de dengue entre 50 y 100 millones de personas en el mundo. Hay 2 500 millones de personas en riesgo de sufrir esta enfermedad debilitante y a veces fatal. Los virus causantes del dengue y del dengue hemorrágico son transmitidos por un agente biológico, el mosquito Aedes aegypti, y con menos frecuencia por el Aedes albopictus.

Como el dengue es una enfermedad de las regiones tropicales, un equipo de investigadores de la Universidad de Miami y de la Universidad de Costa Rica ha utilizado los datos climatológicos y los índices de vegetación de ese país centroamericano para diseñar un modelo de predicción de los brotes epidémicos.

El modelo, que se dio a conocer en marzo de este año en la revista Environmental Research Letters, utiliza variables que influyen en las poblaciones de mosquitos americanos, como las oscilaciones del fenómeno El Niño, la temperatura de la superficie del mar y los ciclos de la vegetación estacional que alteran la evaporación y la humedad del suelo. Luego correlaciona estadísticamente estos factores con los brotes de dengue en distintos lugares. El modelo puede predecir las epidemias con un 83% de precisión.

Según Douglas Fuller, jefe del departamento de Geografía y Estudios Regionales del Colegio de Artes y Ciencias de la Universidad de Miami, el modelo permite desarrollar un sistema de alerta para prevenir y mitigar la difusión de la epidemia. Este sistema dará tiempo a las autoridades de salud pública para movilizar recursos y desarrollar medidas de control del agente infeccioso y alertar a las poblaciones del riesgo inminente.

Este tipo de modelos forma parte de un nuevo campo de investigación sobre el clima y las enfermedades infecciosas, impulsado por la creciente preocupación de que el calentamiento global exacerbe enfermedades como el dengue y permita que los portadores de los agentes infecciosos se propaguen en áreas más templadas. Entre las condiciones que favorecen la propagación de mosquitos está el crecimiento desordenado de las poblaciones humanas y la urbanización no planificada.

Premio Príncipe de Asturias a la UNAM

La UNAM obtuvo el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2009. El jurado justificó así su decisión: “A lo largo de los 100 años de su existencia, la Universidad Nacional Autónoma de México ha sido el modelo académico y formativo para muchas generaciones de estudiantes de diversos países y ha nutrido el ámbito iberoamericano de valiosísimos intelectuales y científicos. La Universidad Nacional Autónoma de México, que acogió con generosidad a ilustres personalidades del exilio español de la posguerra, ha impulsado poderosas corrientes de pensamiento humanístico, liberal y democrático en América y ha extendido su decisivo influjo creando una extraordinaria variedad de instituciones que amplían el mundo académico y lo entroncan en la sociedad a la que sirven”.

Los premios Príncipe de Asturias, de los cuales cada año se entregan ocho, reconocen la labor científica, técnica, cultural, social y humana realizada por equipos de trabajo e instituciones en el ámbito internacional. El de Comunicación y Humanidades se concede, de acuerdo con el reglamento, “a la persona, institución, grupo de personas o instituciones, cuya labor creadora o de investigación represente una aportación a la cultura universal en esos campos”.

La candidatura de la UNAM al premio fue propuesta por Carmelo Angulo Barturen, embajador de España en México. Entre los 1 500 apoyos recibidos a esta candidatura estuvieron los de Francisco Bolívar Zapata, Marcos Moshinski, Ricardo Miladi, Antonio García Bellido, Pablo Rudomín, Carlos Fuentes, El Colegio de México, Gabriel García Márquez, Enrique Krauze, Miguel Ángel Moratinos y los rectores de las universidades de Sevilla, Granada, Málaga, Barcelona, Valencia, Alcalá, la Carlos III y la Autónoma de Madrid.

Para otorgarle este premio a la UNAM se tomó en cuenta su actividad cultural dirigida a la sociedad: por ejemplo, la gestión que hace de la Biblioteca Nacional y la Hemeroteca Nacional, su red de bibliotecas universitarias, su orquesta sinfónica, su sala de conciertos, su emisora de radio, su canal de televisión, su filmoteca —la más importante del país—, su Centro Universitario de Estudios Cinematográficos y su red de museos con un espectro temático muy amplio, donde además de las expresiones artísticas, se hace divulgación histórica, social, científica y tecnológica. ¡Enhorabuena!

Antiveneno desarrollado en México

El grupo de Alejandro Alagón, del Instituto de Biotecnología de la UNAM, en colaboración con la empresa mexicana Bioclon, ha desarrollado antivenenos para picaduras de alacrán (Alacramyn), de viuda negra o capulina (Aracmyn), de araña violinista (Loxmyn) y de serpiente coralillo (Coralmyn), así como antiviperinos como el Antivipmyn, para veneno de víbora de cascabel y nauyaca.

En el número del 14 de mayo de la revista New England Journal of Medicine Alagón y otros autores publicaron un artículo titulado “Antiveneno para tratar a niños gravemente afectados por la neurotoxicidad de la picadura de alacrán”, donde se documenta el uso exitoso del Alacramyn en niños y jóvenes en la ciudad de Tucson, Arizona, entre 2004 y 2005. Este antiveneno, de uso común en México y en otras partes del mundo, está siendo analizado por la Dirección Federal de Alimentos y Medicinas de Estados Unidos (FDA), país donde aún no se aprueba.

En Estados Unidos más de 250 000 personas sufren picaduras de alacrán anualmente, en particular en las regiones desérticas. La picadura produce efectos que van desde una pequeña marca en la piel hasta un síndrome que pone en peligro la vida. Los síntomas clínicos más graves son descoordinación neuromotora, visión alterada, compresión respiratoria debida a abundantes secreciones del pulmón, obstrucción de las vías respiratorias, hiperventilación y ocasionalmente un edema pulmonar que no es de origen cardiaco. Estos síntomas se deben a que los iones de las toxinas del veneno estimulan y alteran el sistema nervioso periférico. Los alacranes que son venenosos para el ser humano y otros mamíferos son los del género Centruroides.

Los casos graves de intoxicación que no son tratados con un antiveneno requieren cuidados intensivos para controlar la descoordinación neuromotora y la compresión respiratoria. Normalmente se les da a los pacientes benzodiacepinas (tranquilizantes) para mantenerlos sedados. La estancia promedio de los pacientes en la unidad de cuidados intensivos es de 16 horas, aunque en algunos casos llega a varios días. El antiveneno desarrollado en México puede resolver el envenenamiento en un lapso de entre una y cuatro horas, como se pudo constatar en el estudio citado, y no tiene efectos secundarios.

Este antiveneno se produce a partir del veneno extraído de varias especies mexicanas de alacrán: Centruroides limpidus limpidus, C. I. Teconamus, C. Noxnis y C. suffusus suffusus, y es afín al del alacrán de las zonas desérticas de Estados Unidos, C. sculpturus.

La reserva glacial más grande del planeta

Sun Bo, del Instituto de Investigaciones Polares de China, dirigió recientemente una investigación que proporciona evidencia sobre cómo se formó en la Antártida el depósito glacial más grande del planeta. El reporte de esta investigación se publicó el pasado 4 de junio en la revista Nature.

Sun y sus colegas peinaron una superficie de 30 km2 en un vehículo especial equipado con radar para sondear el glaciar. Encontraron la interfase entre la capa de hielo y el lecho de roca y se dedicaron a realizar un mapa de la zona subyacente. Así descubrieron un sistema de valles y montañas, con un valle en el centro, en la zona de Gamburtsev, bajo una capa de hielo de 3 km de espesor. Esto, según Martin J. Siegert, miembro del equipo, les permitió entender cómo se empezó a cubrir de hielo esta región, hace millones de años.

A partir de los patrones climáticos del pasado remoto, los científicos han estimado que esta capa de hielo de la Antártida se formó hace 14 millones de años, enterrando y preservando el paisaje alpino de las montañas de Gamburtsev.

El glaciar se formó cuando la temperatura promedio del lugar era de unos 3 ºC. Hoy la temperatura anual de la región es de –60 ºC, por lo que los investigadores consideran que estas montañas son reliquias de la erosión glacial anterior a que se formara en la Antártida la placa de hielo.

Según Martin Siegert, pese a que en nuestro planeta ha habido un cambio climático enorme en los últimos 14 millones de años, en las montañas de Gamburtsev nada ha cambiado. Pero advierte que si los niveles de dióxido de carbono atmosférico continúan elevándose, en 1 000 años alcanzarán el valor que tenían cuando la Antártida no estaba cubierta de hielo.

Esta cadena montañosa subglacial ha sido fundamental para el sistema climático de la Tierra. Si llegara a derretir su capa de hielo, los niveles del mar podrían elevarse 60 m.

La renovación del Hubble

A finales de mayo concluyó la cuarta misión de reparación del Telescopio Espacial Hubble, de la NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA), luego de una batalla política de la comunidad astronómica internacional para salvar al instrumento de la extinción. La misión terminó con un aterrizaje de película en una base de la fuerza aérea estadounidense en California.

Esta misión fue verdaderamente intensa. En un lapso de 13 días los astronautas hicieron más eficiente que nunca al célebre telescopio espacial. Los objetivos de la misión se cumplieron durante cinco caminatas espaciales que duraron en total 36 horas con 56 minutos. En ese tiempo los astronautas pusieron en funcionamiento dos nuevos instrumentos: la Cámara de Campo Amplio 3 (WFC3, por sus siglas en inglés), que sustituyó a la WFPC2, y un espectrógrafo que se usará para investigar el origen del Universo, llamado Cosmic Origins Spectrograph (COS). La WFC3 toma fotografías en distintos intervalos de longitud de onda —infrarrojo, visible y ultravioleta— y el COS ayudará a los astrónomos a precisar detalles de la composición química y la evolución del Universo. Ambos instrumentos permitirán al Hubble detectar mejor la tenue luz de las galaxias más lejanas.

Los astronautas también pudieron reparar la Cámara para Investigaciones Avanzadas (ACS) y el Espectrógrafo Espacial para Transmisión de Imágenes (STIS), ambos afectados por fallas de energía.

La ACS, con su enorme capacidad de transmisión de imágenes, está ahora al servicio de los investigadores, pese a que no se pudo fijar el canal de alta resolución. Además, este instrumento se complementa perfectamente con la nueva cámara WFC3 y ambas serán fundamentales para el estudio de la energía y la materia oscuras.

Durante la misión fue muy importante vigilar la orientación de los paneles solares que alimentan de energía al Hubble. La vigilancia estuvo a cargo de un equipo europeo de ingenieros especializados que dirige Michael Eider, de la ESA. Un grupo de cuatro ingenieros trabajó en jornadas de 12 por 12 horas para velar por la integridad de los astronautas y del equipo de energía solar del telescopio.

La ESA aportó el 15% del costo del aparato. A cambio, los astrónomos europeos pueden disponer del 15% del tiempo de observación, aunque en ocasiones pueden usar hasta el 25%. El Hubble está listo ya para aportarnos más conocimiento sobre el Universo en el que vivimos.

 

Martha Duhne

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