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18 de octubre de 2018
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Ráfagas

No. 148

Matan los edificios, no los terremotos

La revista Nature en su edición del 13 de enero dio a conocer los resultados de un estudio que demuestra que existe una relación entre los índices de corrupción de un país y el número de personas que mueren en terremotos en ese país, y concluye que en las últimas tres décadas el 83% de las muertes por terremotos sucedieron en países donde medra la corrupción.

Nicholas Ambraseys, del Colegio Imperial de Londres, y Roger Bilham, de la Universidad de Colorado en Boulder, enumeran las formas de la corrupción en la construcción: materiales defectuosos, métodos de armado baratos y sin control de calidad, construcciones mal ubicadas y falta general de apego a las normas de construcción.

Ambraseys y Bilham utilizaron información recabada por Transparencia Internacional, organización que evalúa cómo se percibe la corrupción del sector público en un país y le asigna un índice. El índice de percepción de corrupción, o IPC (que define la corrupción como abuso del poder para obtener beneficios personales) clasifica los países en una escala de cero (para los países que se perciben como muy corruptos y sin transparencia) a 10 (percepción de ausencia de corrupción con total transparencia).

Los autores señalan la diferencia entre el terremoto de magnitud 7.0 que sacudió Nueva Zelanda, el cual no causó muertes, y el de la misma magnitud en Haití, donde murieron millones de personas. "Existe una opinión muy generalizada de que los edificios se derrumban en los terremotos como resultado de la corrupción en la construcción", dijo Bilham. "En este estudio intentamos cuantificar esa percepción".

De acuerdo con los autores del estudio, la industria de la construcción está catalogada como el segmento más corrupto de la economía mundial, y calculan que desde 1980 mueren 18 300 personas al año por falta de normas eficaces. Ambraseys y Bilham concluyen que, incluso si esas normas se implantaran hoy, muchos países del mundo tendrán que cargar con la terrible herencia de años de corrupción en la construcción.

Prueba para detectar el mal de Parkinson

Investigadores de la Facultad de Medicina de la UNAM desarrollaron un método para detectar el mal de Parkinson años antes de que aparezcan los primeros síntomas.

La enfermedad de Parkinson, el segundo trastorno neurológico crónico más común en ancianos (después del mal de Alzheimer), es incurable. Afecta el control muscular y el equilibrio, y progresa lentamente. Hasta hoy sólo se puede diagnosticar cuando aparecen los síntomas motores, como temblores y lentitud o pérdida de control de los movimientos musculares voluntarios. Pero para esa etapa de la enfermedad puede haberse perdido cerca del 80% de las neuronas de la sustancia negra, región del cerebro que se localiza en el tallo cerebral.

Selva Lucía Rivas Arancibia, de la Facultad de Medicina, Martha Aguilar Martínez, de la Facultad de Química y varios colaboradores de la UNAM, crearon un método de detección temprana de este mal que consiste en una prueba de sangre. Analizando la muestra se pueden detectar unos marcadores bioquímicos que se producen durante el desarrollo de la enfermedad, pero años antes de que aparezcan los primeros síntomas.

La dopamina es uno de los neurotransmisores más importantes del sistema nervioso central, que está relacionado con la regulación de diversas funciones, entre otras, las motoras. Cuando se altera el metabolismo de la dopamina en la sustancia negra, se produce una sustancia llamada quinona. Esta causa inflamación, lo cual acelera la destrucción celular y permite que la quinona pase del cerebro a la sangre, donde se puede detectar.

En la primera fase del estudio, los investigadores utilizaron un modelo experimental que consistió en exponer ratas a dosis bajas de ozono. La neurodegeneración que esto causó a los animales alteró el metabolismo de la dopamina y produjo quinonas en la sustancia negra, que luego fue posible detectar en la sangre. Los investigadores también descubrieron que, mientras más avanzada es la degeneración de las neuronas en la sustancia negra, mayor es el nivel de quinonas que circula en la sangre. La primera parte de la investigación, correspondiente a las pruebas en animales, fue dada a conocer en la revista Toxicological Letters.

Rivas Arancibia asegura que este examen permitirá diagnosticar acertadamente la enfermedad años antes de presentarse los síntomas, cuando el enfermo todavía puede hacerse cargo de sí mismo y tomar medidas preventivas.

Desarrolla la UNAM vacuna contra la diarrea

La diarrea infantil aguda causada por la Escherichia coli enterotoxigénica podría dejar de ocasionar estragos entre la población pediátrica de América Latina, Asia y África con una vacuna intranasal creada por investigadores de la UNAM.

La Escherichia coli es una bacteria que frecuentemente se encuentra en los intestinos de los mamíferos, incluyendo a las personas. En individuos sanos, la bacteria forma parte de la biota intestinal y ayuda en la absorción de nutrientes. Pero existen cientos de cepas de la E. coli, algunas de las cuales pueden llegar a ocasionar enfermedades graves. Este es el caso de la E. coli enterotoxigénica (o ECET), la cual se adhiere a la mucosa del intestino delgado y desprende toxinas que producen diarrea. La infección por ECET ocasiona cada año más de 300 000 muertes en el mundo, 70% de ellas en América Latina, Asia y África. La diarrea, considerada enfermedad del subdesarrollo, se vuelve mortal si a la infección se suman otros patógenos, así como importantes niveles de desnutrición.

Un grupo de científicos dirigidos por Yolanda López Vidal, del Programa de Inmunología Molecular Microbiana de la Facultad de Medicina de la UNAM, está desarrollando una vacuna intranasal que parece ser muy eficiente contra este patógeno. Con unas cuantas gotas se reduce el número de episodios de diarrea en niñas y niños pequeños, que son los más afectados. "El periodo crítico para la inmunización son los dos primeros años de vida, pero si la infección por E. coli enterotoxigénica es frecuente y sintomática, con diarrea y deshidratación, no se debe descuidar a los niños de entre tres y cinco años", dijo la investigadora universitaria.

Otras ventajas de la vacuna es que no requiere jeringa, las dosis son menores en comparación con las que deben aplicarse por vía oral, se inmuniza a un gran número de personas en poco tiempo y se inducen anticuerpos y células de respuesta inmunitaria a nivel intestinal.

La vacuna ya está lista, y ya se redactó un informe con todas las observaciones y los resultados experimentales. "Sólo falta seguir realizando pruebas en humanos para demostrar su eficacia en diferentes poblaciones susceptibles a la infección causada por esa bacteria", aclaró López Vidal. Como estos estudios resultan costosos, la investigadora convocó a la iniciativa privada a invertir en el proyecto y ha conseguido despertar el interés de laboratorios canadienses y chinos, además de uno mexicano.

Plástico para las perforaciones de la lengua

Las piezas de metal que se utilizan en las perforaciones de lengua alojan más bacterias que las de plástico, según un estudio publicado en enero en la revista Adolescent Medicine.

Ines Kapferer, de la Universidad de Medicina de Innsbruck, Austria, y sus colegas realizaron el estudio en un grupo de 80 personas (68 mujeres y 12 hombres) de entre 16 y 36 años que tenían la lengua perforada con alguna pieza decorativa. Los investigadores examinaron el estado de salud de los dientes y encías y después retiraron las piezas. A cada persona le dieron una pieza nueva hecha de uno de cuatro materiales: acero inoxidable, titanio, polipropileno y politetrafluoroetileno (teflón). Al cabo de dos semanas, los investigadores quitaron las piezas de adorno otra vez y tomaron muestras microbiológicas de la lengua en el lugar de la perforación, así como en las propias piezas.

La mayor cantidad de bacterias (67 especies) se encontró en las piezas de acero inoxidable, seguida por el titanio (28 especies). En las piezas de plástico el recuento de especies bacterianas fue menor. Los microorganismos se encontraron en finas capas llamadas biopelículas, una combinación de bacterias, células, grasas, proteínas, azúcares y otras sustancias, que suelen encontrarse en superficies como los dientes, las rocas húmedas de un río y el interior de la tubería de una casa. Las biopelículas brindan a las bacterias vivienda y protección.

La investigación parece indicar que el acero inoxidable, y en menor grado el titanio, son superficies más aptas para la formación de biopelículas que los plásticos. Las bacterias encontradas en estos metales incluían especies conocidas por causar infecciones en todo el cuerpo.

De las 80 personas que participaron en el estudio, más de una cuarta parte tenía retraído el tejido de las encías en la parte posterior de los dientes, que es el sitio donde la pieza está en contacto con la encía; y cuatro personas tenían dientes astillados.

Nabokov y las mariposas

Vladimir Nabokov, célebre autor de novelas clásicas como Pálido fuego y Lolita, llevó una vida paralela mucho menos conocida: fue un experto y apasionado de las mariposas, en especial las del género Polyommatus. Él contaba que si no hubiera sido por la Revolución rusa, que obligó a la familia Nabokov a huir de Rusia y a Vladimir a aprender el inglés con la profundidad suficiente como para convertirse en un escritor famoso y respetado en esa lengua, habría sido lepidopterólogo de tiempo completo.

En los años 40 Nabokov fue curador del Museo de Zoología Comparada de la Universidad Harvard y recolectó miles de mariposas en excursiones que lo llevaron a recorrer buena parte de Estados Unidos. Publicó descripciones detalladas de cientos de especies y en 1945 desarrolló una peculiar teoría acerca de la evolución de las Polyommatus, según la cual este género se originó en Asia y después sus descendientes cruzaron el estrecho de Bering y viajaron hacia el sur de América, hasta llegar a Chile, en un viaje de millones de años.

Pocos expertos lo tomaron en serio. Sus contemporáneos lo consideraban como un buen observador, capaz de discernir detalles minúsculos de las mariposas con una increíble exactitud, pero no como un investigador serio con ideas científicas importantes.

Fue hasta 1999, en el centenario de su nacimiento, cuando un grupo de científicos empezó a revisar su trabajo de manera sistemática. Naomi Pierce, de la Universidad Harvard, se enamoró de la idea del origen asiático de las Polyommatus y se propuso investigarla. Reunió a un grupo de expertos estadounidenses y europeos y organizó cuatro expediciones por todo el continente para colectar especímenes, que luego enviaban a su laboratorio en Harvard. Con estos especímenes se construyó un árbol genealógico. Después de 10 años de labor, Pierce y sus colegas encontraron que las especies del género Polyommatus del Nuevo Mundo comparten un ancestro común que vivió hace aproximadamente 10 millones de años, y que están más relacionadas genéticamente con mariposas asiáticas que con sus vecinas actuales. En otras palabras, Nabokov tenía razón.

El resultado de esta investigación se publicó en la revista Proceedings of the Royal Society of London en su edición de enero.

 

Martha Duhne

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