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18 de enero de 2018
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Ráfagas

No. 153

La adicción a Internet podría modificar el cerebro

Investigadores de la República Popular China y de Estados Unidos realizaron un estudio que parece demostrar que la adicción a Internet en adolescentes, en especial a los juegos en línea, por periodos de tiempo muy prolongados, puede producir cambios importantes en la estructura cerebral, de acuerdo con un artículo publicado en la revista PLoS ONE del mes de junio.

La primera investigación acerca de la adicción a Internet (AI) se dio a conocer en 1996, cuando Kimberly Young, de la Universidad St. Bonaventure, presentó la ponencia “La adicción a Internet: el nacimiento de un nuevo trastorno” en la conferencia anual de la Asociación de Psicología de Estados Unidos. Desde entonces se han realizado numerosos estudios que indican que la AI se ha convertido en un importante problema de salud en países como China, Corea y Taiwán. Información de la Asociación de Internet de Jóvenes Chinos mostró que la incidencia de esta adiccción en jóvenes urbanos en ese país es de 14%.

Pero el tema sigue siendo controversial, ya que muchos científicos mantienen la duda de si la adicción a Internet es sólo un conducta excesiva, o si debe considerase como un desorden psicológico. Para responder a esta interrogante, Yuan Kai de la Universidad Xidian, en China, y un grupo de científicos de instituciones chinas y de Estados Unidos, hicieron una investigación con la idea de detectar si esta adicción modifica la estructura o el funcionamiento del cerebro.

Los investigadores eligieron a 18 estudiantes que cumplían con los criterios de adicción a Internet definidos por Young y les aplicaron una serie de pruebas. Los participantes primero contestaron un cuestionario diagnóstico; la información así obtenida fue confirmada en pláticas con los familiares. Todos los participantes pasaban más de 10 horas al día navegando en Internet, la mayor parte del tiempo practicando juegos en línea, un promedio de 6.3 días por semana. Los investigadores también contaron con un grupo control, que pasaba menos de dos horas al día navegando en Internet.

Usando técnicas de imagenología, el equipo se centró en las regiones del cerebro vinculadas funcionalmente con las áreas cerebrales asociadas con las emociones, la memoria, el control motor, la información sensorial y el habla. Los investigadores encontraron que la materia blanca y la materia gris en varias áreas del cerebro de los adictos a Internet eran hasta un 20% más pequeñas que las del grupo control, lo que podría llegar a producirles un deterioro en la capacidad para controlar los impulsos, afectar la memoria, la toma de decisiones y una menor eficacia en el comportamiento orientado a lograr objetivos concretos.

Entre hormigas, la unión hace la fuerza

Cuando ocurre algún desastre como un huracán, un tsunami o un terremoto, los animales siguen ciertas estrategias para intentar salvarse. Corren, se esconden, cavan, vuelan, se trepan a sitios altos: llevarán a cabo acciones extremas para evitar la muerte, la individual, la suya. Pero un grupo de insectos ha desarrollado una conducta que tiene el objetivo de que sobreviva la mayor cantidad posible de miembros del grupo.

Se trata de la hormiga de fuego, también conocida como hormiga roja, Solenopsis invicta, una de las más de 280 especies de ese género, originaria de Sudamérica pero que actualmente habita (incluso llega a ser una plaga) en el sur de Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda, Taiwán, Filipinas y el sur de la provincia china de Guangdong.

Investigadores del Instituto de Tecnología de Georgia en Atlanta, Estados Unidos, dieron a conocer en un artículo publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences que cuando estas hormigas se enfrentan a una inundación, van uniendo sus cuerpos hasta formar una especie de balsa que flota. Una hormiga sola se hunde, pero cuando se agrega toda la colonia se forma una estructura que almacena aire, lo que le permite flotar. La balsa tiene una forma más o menos esférica y cada hormiga sabe en qué momento sumarse a la estructura y dónde colocarse.

Los investigadores, dirigidos por David Hu, Craig Tovey y Nathan Mlot, filmaron el proceso de la construcción de la balsa con 500, 3 000 y 8 000 hormigas de esa especie. Ellos explican que las hormigas crean una superficie hidrofóbica por medio de pequeñas bolsas de aire que crean a través de su unión, la fuerza que ejercen entre sus cuerpos y los ángulos que forma la estructura total. Cuando los científicos intentaron desestabilizar la balsa esférica separando a algunas de las hormigas, comprobaron que el conjunto actúa como si fuera un solo organismo enorme, que detecta cambios en partes de su estructura y los corrige de inmediato para seguir flotando. Actuar en función del conjunto resulta ser una forma muy eficiente de salvar a los individuos que lo conforman.

Humanos llegaron a América antes de lo pensado

Un estudio realizado por un grupo de investigadores dirigidos por Guillermo Acosta Ochoa, del área de Prehistoria y Evolución del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, ha mostrado que regiones del sureste de México estuvieron pobladas desde hace por lo menos 12 500 años.

El estudio podría modificar la idea de que fueron cazadores de megafauna los primeros en ir descendiendo por el continente en la última edad de hielo, que concluyó hace cerca de 11 800 años. Esta investigación sugiere que el poblamiento inicial se dio a través de la costa: grupos de seres humanos que fueron recorriendo los litorales recolectando peces, plantas y cazando animales pequeños 10 500 años antes de nuestra era y 9 000 antes de los olmecas.

Los investigadores realizaron estudios paleobotánicos en la Cueva de Santa Marta, en el municipio de Ocozocuautla, en Chiapas, donde encontraron polen de cacao, que han fechado en cerca de 12 500 años de antigüedad. En capas superiores de hace 11 800 años, es decir en el 9 800 a. C., el polen registrado se modifica y “parece representar procesos de cultivo y domesticación incipientes. Estos podrían ser los antecedentes inmediatos de sociedades posteriores, como los olmecas y los mayas, tribus sedentarias y agrarias”, indicó Acosta Ochoa. En el sitio se han recuperado semillas de plantas como el nanche y el tomate verde, y polen de cacao, teosinte (el ancestro del maíz), damiana y pimienta dioica o pimienta gorda.

Los investigadores también realizaron análisis microscópicos de artefactos de piedra encontrados en el sitio y detectaron restos de vegetales, en especial de semillas y tubérculos, fechados entre el 9 300 y 10 500 a. C.

La recolecta, el análisis y los fechamientos realizados en este estudio interdisciplinario, con técnicas como la espectrometría de masas, han tomado siete años.

En la investigación participaron distintos grupos de científicos de la UNAM, del área de prehistoria y del Laboratorio Universitario de Radiocarbono, ambos del Instituto de Investigaciones Antropológicas, así como del Laboratorio de Polen de la Escuela Nacional de Antropología e Historia.

Para dormir, cabeza fría

El insomnio es uno de los trastornos del sueño más comunes, ya sea que se presenten dificultades para dormir, se despierte continuamente o muy temprano en la mañana. Investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Pittsburg realizaron un estudio sobre este padecimiento, y llegaron a la conclusión de que mantener la cabeza fría puede ayudar a las personas que sufren de insomnio a conciliar el sueño.

En estudios previos Daniel Buysse, director de esta investigación, había demostrado que las personas con insomnio tienden a tener mayor actividad en los lóbulos frontales del cerebro, regiones responsables de funciones como la planeación, organización y el pensamiento lógico. Muchas personas que sufren de insomnio no pueden dormir porque sus cerebros siguen trabajando y no son capaces de frenar estos procesos de pensamiento. Buysse se preguntó si esta actividad elevaba la temperatura del cerebro hasta un punto en que dormir resultara fisiológicamente más difícil. El reloj circadiano del cuerpo, que regula las etapas de sueño y vigilia, mantiene la temperatura corporal en niveles más elevados durante el día y empieza a bajarlos durante la tarde. Los investigadores descubrieron que debido a la actividad de su cerebro, las personas con insomnio mantenían la temperatura demasiado alta para poder dormirse.

Buysse y su equipo diseñaron una gorra que tiene agua circulando a baja temperatura y cuando la colocaron en 12 personas que sufrían de insomnio, éstas se durmieron tan fácilmente como el grupo control (personas que no presentaban ningún trastorno de sueño). Con las gorras, tardaron 13 minutos en promedio en dormirse, y el grupo control 16, y durmieron 89% del tiempo que estuvieron acostados, lapso muy similar a las personas del otro grupo. Las personas que usaron las gorras con las temperaturas más bajas fueron las que mejor durmieron.

Enfriar el cerebro tiene lógica, ya que la melatonina, uno de los medicamentos más eficaces para ayudar a conciliar el sueño, también reduce la temperatura corporal. Es necesario realizar más estudios para confirmar estos resultados y aún no está claro qué pacientes pueden beneficiarse con este procedimiento, pero para aquellos que no quieren tomar medicamentos o para quienes los tratamientos existentes no funcionan, la estrategia de enfriar la cabeza puede resultar útil.

Descubren cementerio maya

Un grupo de investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), encabezado por el arqueólogo Ricardo Armijo, encontró 116 entierros de más de 1 000 años de antigüedad en la periferia de la zona arqueológica de Comalcalco, Tabasco; 66 de ellos en urnas funerarias y 50 alrededor de aquellas. Es el cementerio prehispánico más grande conocido a la fecha en esta región del área maya.

La zona arqueológica de Comalcalco (de Comalli-Calli-Co, “casa de los comales” o “casa de ladrillos”), a 60 kilómetros de Villahermosa, fue construida entre los años 700 y 900 de nuestra era, con ladrillos y estuco de concha de ostión, lo que le da un aspecto diferente al de otros sitios de la época, que fueron hechos con piedra. Los depósitos funerarios fueron localizados debajo de tres montículos de tierra, a 2.8 kilómetros de la gran acrópolis de Comalcalco.

Es probable que los 66 esqueletos que se encontraron dentro de las urnas corresponden a individuos de la élite maya, ya que tienen características asociadas con un nivel social alto, como la deformación craneal, la limadura e incrustaciones de jade en los dientes, incluso en los premolares. Los otros 50 entierros, ubicados alrededor de las urnas, corresponden a una sola época, lo que hace pensar a los arqueólogos que fueron colocados ahí para acompañar en su camino al inframundo a las personas depositadas dentro de las urnas.

Asimismo se encontraron silbatos y sonajas de cerámica, decenas de navajas, cuchillos y restos de talla de pedernal y obsidiana, múltiples fragmentos de metates y más de 70 000 tepalcates. El análisis de estos materiales sugiere que tienen entre 1 160 y 1 200 años de antigüedad, si bien aún faltan estudios de fechamiento que confirmen estos datos.

En las siguientes etapas de la investigación se analizarán los huesos y su ADN para determinar edad, sexo, patrones de enfermedades y de alimentación, para saber entre otras cosas “si se trata de individuos externos a la región de Comalcalco y si estaban enfermos o desnutridos, lo que nos permitirá interpretar el tipo de rituales que se hicieron con ellos”, señaló el antropólogo físico Stanley Serafín, del INAH.

 

Martha Duhne

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