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24 de septiembre de 2018
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Ráfagas

No. 155

El retorno de los peces

Un informe reciente del Programa Internacional sobre el Estado del Océano encontró que las especies marinas enfrentan amenazas sin precedentes en la historia de la humanidad. Por su parte, la ONU reporta que el 32% de las reservas pesqueras mundiales están sobreexplotadas o agotadas y en el último medio siglo se han capturado hasta el 90% de las especies grandes. Por esto adquiere una especial relevancia la noticia de que en una reserva marina del estado de Baja California Sur, el Parque Nacional Cabo Pulmo, se quintuplicó la biomasa de peces en una década.

Cabo Pulmo se localiza en la zona donde el Golfo de California se abre al Océano Pacífico; allí se encuentra el arrecife de coral más septentrional del continente americano y el único de toda la península de Baja California. A pesar de que la población humana de la península es relativamente baja, la región no es excepcional en su tendencia a la degradación costera y marina. Los grandes desarrollos turísticos (que frecuentemente se anuncian como promotores del turismo ecológico) han agravado los problemas fomentando el aumento de la población humana, la contaminación, la destrucción de los hábitats críticos y la sobrepesca.

A finales del siglo pasado los pobladores locales de Cabo Pulmo, conscientes de la devastación de este ecosistema, decidieron contribuir a su protección y regeneración. En 1995 el área se declaró Parque Nacional Marino, con una superficie de 71 kilómetros cuadrados; en el 35% de esta superficie se prohibió la pesca. Pero las comunidades decidieron extender la prohibición a todo el parque.

Un grupo internacional de investigadores del Instituto Scripps de Oceanografía de la Universidad de California en San Diego, del Centro para la Biodiversidad Marina y la Conservación, en La Paz, Baja Californa Sur, de la Universidad Riverside en California y de la National Geographic Society han estudiado por más de una década la situación biológica del Golfo de California. Sus conclusiones se publicaron en la revista PLoS ONE el 12 de agosto.

En 1999, cuatro años después de que se estableció la reserva, los científicos no encontraron diferencias significativas en el estado de conservación de la biodiversidad en Cabo Pulmo ni en otras áreas marinas protegidas, así como tampoco en el de las que no tienen ningún régimen de protección en el Golfo de California. Pero para 2009, año en que repitieron el estudio, la situación había cambiado. La biomasa (material total de los seres que viven en un lugar determinado) había aumentado en Cabo Pulmo cerca de 460% y la de los grandes depredadores (que al ser la cúspide de las cadenas alimenticias son indicadores de la salud de cualquier ecosistema), 11 veces. En contraste, la biomasa en zonas núcleo de otras reservas (donde se prohibe la pesca) y en áreas sin protección, mostraron una disminución significativa.

El aumento en número de especies marinas e individuos en el Parque Cabo Pulmo —donde además se observaron los individuos de mayor talla— es el más grande registrado en todas las reservas marinas del planeta, resultado de una combinación de variables sociales y ecológicas. Éstas últimas probablemente incluyen varios factores, entre otros que la reserva es mayor que otras y por lo tanto capaz de albergar poblaciones permanentes de peces que se desplazan grandes distancias; los corales se encuentran en buen estado y la reserva incluye zonas de desove para los grandes depredadores.

Pero el éxito de la recuperación de Cabo Pulmo se debe en gran medida al apoyo de la comunidad. Las áreas protegidas cuyos recursos se administran a nivel local se consideran las más viables en cuanto a conservación. Cooperativas pesqueras, instructores de buceo y la población local en general participaron en muy diversas actividades, incluyendo la vigilancia, la protección de la fauna (por ejemplo, en los sitios de anidación de tortugas marinas) y los programas de limpieza de las playas.

La recuperación de la biodiversidad se ha traducido en importantes beneficios económicos, lo que indica que las reservas marinas manejadas por la comunidad son una solución viable para el problema del desarrollo no sostenible que se está dando en buena parte del Golfo de California y de las costas de otros lugares del país.

Tatuajes para medir signos vitales

Un equipo de investigadores de la Universidad de Illinois, Estados Unidos, y de la Universidad Tecnológica de Dalian, China, desarrolló un dispositivo ultra delgado (como un cabello humano; es decir de menos de 50 micras de espesor), el cual puede adherirse a la piel de una persona y transmitir datos sobre su actividad cardiaca, muscular y cerebral, entre otros. El dispositivo, que se dio a conocer el 12 de agosto en la revista Science, se coloca en una capa de poliéster elástico que es muy parecida a la piel, explicó el director de la investigación, Kim Dae-Hyeong. Se trata de una mezcla de sensores diminutos, fotodetectores, componentes electrónicos que emiten luz, pequeñísimos transmisores y receptores, celdas solares para suministrar energía y una compleja red de cables. Estos filamentos permiten que el dispositivo pueda torcerse horizontal, vertical y diagonalmente para así integrarse a la piel de manera que sea mecánica y fisiológicamente indetectable para el usuario.

Como parte del estudio, los investigadores colocaron este dispositivo en diferentes partes del cuerpo de algunos voluntarios y midieron la actividad eléctrica producida por el corazón y los músculos de las piernas. La precisión de las señales tomadas con los “tatuajes electrónicos” igualó la de los aparatos convencionales.

Si este dispositivo llegara a emplearse a gran escala, se podría eliminar la necesidad de equipos de monitoreo voluminosos, caros, y muchas veces molestos; algunos enfermos del corazón, por ejemplo, se ven forzados a ajustar a su cuerpo equipos de monitoreo durante meses para detectar anomalías cardiacas. El dispositivo podría también sentar las bases para una nueva tecnología de tatuajes electrónicos no permanentes, que llevaran a cabo las mismas funciones. Además los pacientes podrían monitorear otros aspecto de su cuerpo.

Los genes de una tortuga y los mayas

Un grupo de científicos del Instituto Smithsonian de Conservación Biológica, de Estados Unidos, y de la Facultad de Ciencias de la UNAM, realizaron un análisis genético y de distribución geográfica de la tortuga de río centroamericana Dermatemys mawii, última especie sobreviviente de una familia de tortugas de río gigantes. Su objetivo es elaborar un programa de conservación de esta especie, pues se encuentra en peligro de extinción.

Los investigadores colectaron pequeñas muestras de tejido de 238 tortugas en 15 sitios diferentes, a lo largo del sur de México, Belice y Guatemala. Estas tortugas, que son exclusivamente acuáticas, pertenecen a poblaciones de tres diferentes cuencas geográficamente aisladas por enormes distancias y altas cadenas montañosas. Cuando una población se aísla de otra de la misma especie, es probable que después de miles de años desarrolle diferencias genéticas a consecuencia de las distintas presiones de selección que enfrenta en su hábitat.

Los investigadores esperaban encontrar diferencias genéticas en las poblaciones de tortugas de cada una de las cuencas, pero a pesar de las distancias y las barreras geográficas que las separan, la información genética demostró que las poblaciones habían permanecido en contacto cercano a través de los años. ¿Cómo es posible?

La explicación, de acuerdo con Gracia González-Porter, del Smithsonian, es que la tortuga fue una importante fuente de proteínas para los mayas y otros pueblos que vivieron en esta región desde el periodo Preclásico, del 800 al 400 a. C., y es probable que fuera parte de la dieta de la cultura Olmeca, hace más de 3 000 años.

La tortuga de río de Centroamérica es manejable y resistente, por lo que transportarla era sencillo. La gente las colocaba en depósitos de agua o charcos en sus patios, y durante la época de lluvias, cuando los desbordamientos de los ríos y las inundaciones eran muy frecuentes, las tortugas escapaban y se mezclaban con las locales.

Conocer la genética de las distintas poblaciones de la tortuga D. mawii es vital para elaborar un plan de conservación eficaz. Los resultados de esta investigación se publicaron en la revista Conservation Genetics en el mes de mayo.

México, país de adultos

Como consecuencia del aumento de la esperanza de vida, en México está ocurriendo un proceso silencioso de transición demográfica: la proporción de personas de más de 60 años va en

aumento, según un estudio del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM dirigido por Verónica Montes de Oca. Actualmente este segmento de la población está constituido por cerca de 10 millones de individuos, lo que equivale al 8.9% de la población total. Con ciertas diferencias regionales, los adultos mayores son el grupo de edad que más rápido aumenta en todo el país. En México las mujeres viven más que los hombres: en el grupo de los nonagenarios hay aproximadamente 70 hombres por cada 100 mujeres; aunque este dato varía mucho en regiones rurales, donde la mortalidad femenina suele ser mayor. Además, de acuerdo con Montes de Oca, las mujeres que en su vejez están excluidas de la seguridad social se hallan en una situación de enorme vulnerabilidad.

Por su parte, los hombres corren más riesgos no sólo en el trabajo, sino en el ámbito social en general. “La violencia actual ha causado una gran mortalidad masculina en muchos lugares del país. Eso seguramente va a transformar la estructura demográfica por edad en el nivel local. En el futuro, vamos a ver muchas más mujeres que hombres”, dijo la investigadora.

Las principales causas de morbilidad entre la población adulta mayor en México son las afecciones cardiovasculares, los trastornos de la diabetes, los traumatismos, la hipertensión, las enfermedades cerebrovasculares y la neumonía. Cerca del 11% de los adultos mayores tiene alguna discapacidad. Y muchas personas de edad sufren maltrato, que aumenta conforme la persona se vuelve más frágil y vulnerable.

Según las proyecciones recientes del Consejo Nacional de Población, la esperanza de vida aumentará de 74.0 años en 2000 (71.5 para los hombres y 76.5 para las mujeres) a 81.3 años (79.0 para los hombres y 83.6 para las mujeres) en 2050. Así, resulta indispensable reforzar las acciones para fomentar el respeto a los derechos humanos de los ancianos y elaborar políticas públicas en su beneficio.

 

Martha Duhne

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