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17 de julio de 2018
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Ráfagas

No. 158

¿Cómo son nuestros jóvenes?

En el mes de noviembre pasado se dieron a conocer los resultados generales de la Encuesta Nacional de Juventud 2010, realizada por la Secretaría de Educación Pública y el Instituto Mexicano de la Juventud. El levantamiento de datos se llevó a cabo del 19 de noviembre al 9 de diciembre del 2010 en hogares seleccionados en todo el país y se centró únicamente en los jóvenes, sector de la población entre los 12 y los 29 años de edad. La encuesta revela datos interesantes sobre la situación que viven los jóvenes en México.

De acuerdo con el Censo de Población de 2010, en México habitan 36.2 millones de jóvenes de entre 12 y 29 años, de los cuales el 49.2 %, o 17.8 millones, son hombres y 18.4, el 50.8 %, mujeres. Poco más de la mitad (el 52.9 %) viven en ocho entidades federativas: el Estado de México, el Distrito Federal, Veracruz, Jalisco, Puebla, Guanajuato, Chiapas y Michoacán.

La mayoría de los jóvenes menores de 19 años (el 71 %) vive con ambos padres, el 17 % vive sólo con su madre y el 3.5 % únicamente con su padre. Viven solos el 1.4 % de los menores de 19 años y el 4.2 % de los que tienen entre 20 y 29 años.

Con la edad aumenta el número de jóvenes que abandonan el hogar familiar, la mayor parte porque deciden formar su propia familia, debido a que se van a estudiar o a trabajar a otro sitio. El 21 % lo hace porque desea independizarse y cerca del 10 % por problemas con sus padres. Después de los 25 años la mitad de los jóvenes ya vive con su pareja, en unión libre o casados.

En la actualidad uno de cada tres jóvenes menores de 19 ha tenido relaciones sexuales, en comparación con el 22 % en el año 2000. Es importante resaltar que actualmente casi el 7 % de los adolescentes de entre 15 y 19 años ya vive en pareja. Y el embarazo en mujeres menores de 19 años sigue siendo alto: 7 % antes de los 17 años y cerca de la quinta parte entre los 18 y 19 años de edad. Casi la mitad de las mujeres de 20 a 24 años han estado embarazadas por lo menos una vez en su vida.

En relación a las adicciones, en cinco años disminuyó el número de jóvenes que consumen o han consumido tabaco en alguna etapa de su vida, de uno de cada tres, a uno de cada cinco. Pero la cifra aumentó para el consumo de alcohol cuando menos una vez (probablemente muchas más); el cambio porcentual más importante se dio en el grupo de las mujeres, que pasaron del 32 al 46 %.

Se redujo también la proporción de jóvenes que nunca hace ejercicio, pero se mantuvo la pauta de que conforme aumenta la edad, se incrementa el sedentarismo.

Las actividades sociales preferidas son reunirse con los amigos, salir con la pareja, conectarse a Internet e ir al cine. Sólo el 2 % reportó leer esporádicamente. El 70 % de los jóvenes utiliza Internet y cerca del 30 % tiene acceso a éste en casa. Estas cifras varían de manera importante en distintas regiones del país; por ejemplo, en Baja California casi la mitad cuenta con acceso doméstico, mientras que en Chiapas solo lo tiene el 8 %. Y como podría esperarse, el principal uso que hombres y mujeres dan a este servicio es conectarse a redes sociales, de las cuales Facebook es la preferida por el 88 % de los jóvenes.

Probablemente la información que causa más preocupación es la de los jóvenes que no estudian ni trabajan: en esta situación se encuentra 21.6 % del total, o 7 819 180 personas. De éstos, el 32 % (más de 3 300 000 personas) tiene entre 24 y 29 años de edad. La mayoría vive en zonas urbanas.

El estado que tiene la mayor proporción de jóvenes que no estudian ni trabajan es Coahuila, con el 32 %. En el Estado de México es el 20 % (que equivale a 1 036 000 personas) y en el Distrito Federal el 17 %. No existe una relación muy clara entre la incidencia de este fenómeno social y el grado de marginación de la región, pero sí con el género: tres de cada cuatro son mujeres, una proporción importante. La gran mayoría de las mujeres que no estudian ni tienen trabajo remunerado, el 72 %, realizan trabajo doméstico, en comparación con el 10 % de los hombres. México tiene un promedio similar al de muchos países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos en relación a hombres que no trabajan ni estudian, pero ocupa la segunda posición entre los países con mayor proporción de mujeres en esta situación, sólo debajo de Turquía. Es probable que un porcentaje importante de estas mujeres sí trabajen, pero sólo en sus hogares, uso que aún resulta frecuente y culturalmente aceptable en nuestro país.

Antiguas evidencias del arte de la pesca

Hace 50 000 años, los seres humanos modernos ya realizaban travesías marítimas grandes que los llevaron a colonizar Australia, entre otros sitios remotos. Resulta poco probable que tuvieran capacidad de llevar toda la comida que requerían en estos largos viajes, en especial tomando en cuenta que aun no se había desarrollado la agricultura. Sin embargo, las evidencias arqueológicas de pesca son escasas en épocas anteriores a 12 000 años en el pasado.

En una investigación dirigida por Sue O’Connor, de la Universidad Nacional de Australia, en Camberra, y publicada en la revista Science del mes de noviembre, se reporta el hallazgo de una enorme variedad de restos de peces, algunos habitantes de zonas alejadas de la costa, fechados en 42 000 años. Este descubrimiento fue realizado en la gruta costera de Jerimalai, en Timor Oriental, en el sudeste de Asia. En la investigación participaron también científicos de la Universidad de Tokai, Japón, y de la Universidad de Queensland, Australia.

Los investigadores encontraron enterrados en la caverna, en una superficie de un metro cuadrado, más de 38 000 fragmentos de espinas y huesos de hasta 22 familias de peces. Cerca de la mitad de las especies son de aguas profundas y el resto de aguas costeras. Se han encontrado restos de tiburones y de rayas, y el 16% pertenecen a atunes, lo que implica que esos primeros navegantes realizaban su pesca desde embarcaciones en alta mar, lo cual requiere mucha planeación y tecnología marítima compleja. Los arqueólogos encontraron también restos de anzuelos de hueso y concha, fechados entre 16 000 y 23 000 años, lo que los hace los más antiguos hasta la fecha.

Los investigadores aún no pueden confirmar si estos pescadores prehistóricos usaban redes o solamente anzuelos, pero las dimensiones de los huesos de las especies de alta mar, de entre 50 y 60 centímetros de largo, pertenecientes a individuos poco desarrollados, sugiere el uso de redes. Hermosa imagen, la de seres humanos navegando los océanos hace 50 000 años.

Para mitigar el cambio climático

El pasado 11 de diciembre concluyó la XVII Conferencia de la Organización de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático en Durban, Sudáfrica, con una serie de acuerdos para frenar el ritmo del calentamiento global.

En primer lugar se extendió el Protocolo de Kioto, pacto que limita las emisiones de CO2 y cuya primera fase cubre de 2008 a finales del 2012. El segundo compromiso, comprende de 2013 a 2017, y prolongará el acuerdo no vinculante en países en vías de desarrollo.

A cambio, los delegados acordaron negociar un nuevo régimen de mitigación, legalmente vinculante, para el 2015, que entraría en vigor en 2020. Se trata de desarrollar un nuevo protocolo que, a diferencia del de Kioto, sea un instrumento legal que incluya a todos los países. Éste fue probablemente el mayor éxito de la cumbre de Durban, ya que podría acabar con las diferencias que existen actualmente entre las responsabilidades que deben asumir los países ricos y los pobres y que resultan poco eficientes y anacrónicas, ya que países catalogados como pobres en la cumbre de Kioto, como Corea del Sur, Arabia Saudita, India y China, son actualmente responsables del 58 % de las emisiones a nivel mundial.

El Protocolo de Kioto no contiene disposiciones claras para aplicar sanciones a los países que no han cumplido con sus metas de mitigación de gases de efecto invernadero. Esto le ha permitido a Canadá, por ejemplo, rebasar sus cuotas con total impunidad. A menos que en el segundo protocolo se penalice el incumplimiento de las metas, es difícil creer que tenga mayor éxito que el primero.

A petición de la Unión Europea y la Alianza de Pequeños Estados Insulares (islas que son las más afectadas por el aumento del nivel del mar y que incluso podrían llegar a desaparecer), los delegados aceptaron desarrollar un plan de trabajo para identificar las opciones que permitan cerrar la brecha entre los actuales compromisos de reducción de emisiones para el 2020 y el objetivo de mantener el calentamiento global por debajo de los 2º C.

Otra decisión fue la de diseñar un Fondo del Clima Verde, que busca canalizar 100 000 millones de dólares de los países ricos a los pobres para ayudarles a reducir sus emisiones y adaptarse a los efectos que sufrirán como consecuencia del cambio climático. Pero no se definió de dónde saldrán los fondos, especialmente cuando varios países de los catalogados como ricos enfrentan crisis financieras importantes.

Control de plagas

Una de las estrategias para el control de plagas es modificar genéticamente los cultivos que éstas atacan con genes de la bacteria Bacillus thuringiensis o Bt, que producen toxinas. Pero las plagas de insectos están desarrollando resistencia a las toxinas Bt. En el último número de la revista Nature Biotechnology un equipo de investigación dirigido por el profesor Bruce Tabashnik, de la Universidad de Arizona (UA), reporta que una pequeña modificación en la estructura de la toxina Bt hace que ésta supere las defensas de algunas de las principales plagas que se han vuelto resistentes.

A diferencia de los insecticidas de amplio espectro, las toxinas Bt afectan sólo a un rango muy estrecho de especies, debido a que su efecto está determinado por la interacción altamente específica con los receptores que existen en la superficie de las células de los insectos, un fenómeno similar al de una llave que abre solamente una cerradura.

Alejandra Bravo y Mario Soberón, del Instituto de Biotecnología de la UNAM, y el equipo de Tabashnik, investigaron conjuntamente el funcionamiento de las toxinas Bt y cómo podrían modificarse para controlar las plagas que se han hecho resistentes. Los investigadores de la UNAM estudiaron el funcionamiento de las Bt a nivel molecular; es decir, cuáles toxinas se unen a qué tipo de receptores. Trabajos anteriores habían demostrado que la toxina Bt se une a la proteína caderina en el insecto, lo que representa un paso clave en el proceso que finalmente lo mata. El equipo de Tabashnik seleccionó cepas resistentes a una plaga del algodón, el gusano rosado, en el que existían mutaciones genéticas en la caderina, lo que reducía su unión con las toxinas Bt.

Los resultados de las investigaciones de la UNAM y la UA implican que en las cepas de la plaga que son resistentes hubo mutaciones de origen natural que cambiaron la cerradura —la proteína de caderina— por lo que la toxina Bt —la llave— ya no servía. Como resultado, toda la cadena de eventos se detiene y los insectos logran sobrevivir. Mediante ingeniería genética crearon toxinas Bt modificadas que ya no necesitan interactuar con la caderina para matar a las plagas. Pero al probar su hipótesis encontraron que el funcionamiento de los organismos es mucho más complejo de lo que habían previsto. La toxina modificada no siempre funcionó en los insectos con mutaciones en la caderina, pero lo hizo sorprendentemente bien contra otros insectos cuya resistencia no se debía a ese tipo de mutaciones.

 

Martha Duhne

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