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17 de enero de 2018
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Ráfagas

No. 200

El capital natural de México

Bioscience, revista científica de la Universidad de Oxford, publicó en febrero de este año un reporte titulado “Sobre las acciones estratégicas para valorar, conservar y restaurar el capital natural de los países megadiversos: el caso de México”, escrito por investigadores de la Comisión Nacional para el Conocimiento y uso de la Biodiversidad (CONABIO) y de otras instituciones académicas como la Facultad de Ciencias de la UNAM, la Universidad de California y la de Kansas. Se trata de una síntesis de los cinco volúmenes del libro Capital natural de México, coordinado por la CONABIO, que nos permite identificar regiones prioritarias, nuevas áreas de investigación y opciones de conservación y manejo sustentable de la diversidad biológica de nuestro país.

Los tomadores de decisiones necesitan información científicamente sólida para instrumentar medidas encaminadas a detener la pérdida de la biodiversidad y contribuir al bienestar humano. El problema es que no hay conexión entre lo que saben los científicos sobre el funcionamiento de los ecosistemas y las decisiones en este tema, en las que muchas veces influyen intereses privados o visiones a corto plazo. Dicho reporte es una herramienta de trabajo para zanjar esta brecha.

Sabemos que México, con poco más de 1% de la superficie terrestre, posee al menos 10% de la diversidad biológica del mundo y que gran parte de ésta se encuentra exclusivamente en nuestro país. Conocemos bastante de esta diversidad gracias a estudios desarrollados desde hace siglos, pero con mayor énfasis a partir del siglo XX. La CONABIO cuenta con el Sistema Nacional de Información sobre Biodiversidad (SNIB), que contiene la descripción de cerca de 90 000 especies de México.

Desde hace décadas se han tomado acciones de reforestación y mejoramiento del suelo, pero fue hasta 1990 cuando se desarrolló una visión más integral de la restauración, apoyada por organizaciones no gubernamentales conservacionistas y por centros de investigación.

Uno de los principales retos que enfrenta el país es integrar el conocimiento científico con el tradicional en los programas de restauración, así como tomar en cuenta la realidad social y económica de los habitantes para que participen activamente. También hay que encontrar los apoyos financieros y gubernamentales. Actualmente, la mayoría de los programas promueven la participación de la gente a cambio de incentivos económicos sin tener en cuenta otros intereses que pueden desempeñar un papel importante en la conservación.

En todos los programas es indispensable contar con la participación de organizaciones conservacionistas nacionales e internacionales, así como con asesores científicos. Es importante también incluir la variedad de enfoques no convencionales que hay en México, como la silvicultura sostenible, la producción de café sustentable y amigable con la biodiversidad, el ecoturismo, la gestión de especies silvestres y la pesca sostenible. Se calcula que cerca del 45% del territorio tiene problemas de degradación de suelos. En los ecosistemas marinos el problema no es menor: las lagunas costeras del país han sido afectadas seriamente por las presas, que alteran el flujo de especies y de sedimentos, y por desarrollos urbanos y turísticos. También existe un problema serio de sobreexplotación de recursos y de invasión de especies exóticas. Hasta la fecha se han registrado 127 especies extintas, y 2 493 están en algún grado de riesgo.

El informe menciona la falta de información científica acerca de grupos pequeños como hongos, nemátodos, ácaros y bacterias, sin los cuales está incompleto el conocimiento del funcionamiento y estructura de los ecosistemas. Nos falta investigar también interacciones entre especies, como la polinización y la dispersión de semillas, así como las relaciones simbióticas y las enfermedades.

En el informe, que puede consultarse libremente en el portal de la CONABIO, se resalta lo que puede ser útil para otros países megadiversos.

Se eleva el nivel de los océanos

Es bien sabido que el nivel de los océanos está aumentando, pero un estudio reciente, dirigido por Shuang Yi, de la Universidad de la Academia China de Ciencias, demuestra que desde el año 2010 las tasas anuales de incremento muestran una marcada aceleración.

Durante cerca de 1 000 años hasta mediados del siglo XIX, el nivel del mar se mantuvo estable, igual que las temperaturas medias globales. Pero en esa época se iniciaron procesos, como la combustión de carbón, petróleo y gas natural, que empezaron a liberar enormes cantidades de gases de efecto invernadero. Al principio, el ritmo de aumento del nivel del mar fue lento, de cerca de 0.8 mm por año, pero aumentó a más del doble alrededor de 1925, llegando a 1.9 mm por año. Con el calor acumulado, la temperatura de los océanos se elevó en regiones enormes y en un amplio intervalo de profundidades. Este ritmo se mantuvo constante hasta cerca de 1992, cuando los océanos alcanzaron una tasa de aumento de 3.1 mm por año debido en parte a que los glaciares empezaron a derretirse lentamente.

Ahora parece que el calentamiento global está acelerando aún más el aumento del nivel del mar. Las regiones polares se han desestabilizado, en especial Groenlandia y la Antártida. Enormes masas de hielo del tamaño de montañas se desprenden y caen al mar, donde se derriten. Esto ha ocasionado que en los últimos seis meses los niveles se eleven un centímetro adicional.

Los resultados de esta investigación, publicada en Geophysical Research Letters en abril, demuestran que desde el año 2010 el incremento anual en el nivel del mar llega a 4.4 mm, lo que representa un aumento del 30% en relación al intervalo 1992-2009. Si las cosas siguen así, para el fin del siglo el incremento en el nivel del mar sería de cerca de medio metro, cifra que concuerda con los cálculos del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC).

Como es poco probable que las condiciones climáticas mejoren en las siguientes décadas, los niveles del mar podrían seguir incrementándose, llegando a niveles mayores de los calculados. Habrá que prepararse para un futuro difícil, que cada día se ve más próximo.

El origen de la vida compleja

En el proceso del origen y evolución de la vida ha habido varios acontecimientos fundamentales, y uno de ellos fue el surgimiento de la célula eucariota, es decir que cuenta con una membrana que delimita el núcleo. Las células procariotas (sin núcleo) no cuentan con esta membrana.

Sin esta modificación, ocurrida hace 2 000 millones de años, el planeta quizá seguiría habitado únicamente por procariotas, y los dos grandes grupos que componen esa clasificación: las bacterias y otras criaturas muy sencillas, llamadas arqueas (Archea). El surgimiento de la vida compleja, con hongos, amibas, plantas, y animales no podría haberse desarrollado sin el surgimiento de las células eucariotas.

Los especialistas opinan que la primera célula eucariota surgió de una relación simbiótica (de cooperación e interdependencia) que empezó cuando una arquea se tragó una bacteria. Con el tiempo, los dos tipos de organismos se transformaron en células únicas capaces de duplicarse. La bacteria se transformó en la mitocondria, que se encuentra dentro de las células eucariotas y funciona como una fábrica de energía. Lo sabemos porque los genes de ciertas bacterias y los de las mitocondrias son muy parecidos. Lo que no se sabía es qué tipo de arquea se tragó a la bacteria.

En la edición del 14 de mayo de la revista Nature, Thijs Ettema, de la Universidad de Upsala, Suecia y sus colaboradores, resuelven el misterio. Las arqueas son difíciles de cultivar en el laboratorio, a diferencia de las bacterias, por eso sabemos muy poco de ellas. Ettema ha pasado parte de su vida localizando hábitats de estos organismos. Los encontró cerca de Svalbard, archipiélago situado en el océano Ártico, al norte del continente europeo. Al sur de Svalbard, entre Noruega y Groenlandia, a una profundidad de 2 352 metros, existe una región con fuentes hidrotermales activas, que fueron descubiertas en 2008 y que se conocen con el nombre de Castillo de Loki, por las formas que adquieren las fumarolas. Cuando el investigador estudió la genética de un grupo de arqueas, que nombró Lokiarchaeota, descubrió que es muy similar a la de las células eucariotas, pero sin la mitocondria. También descubrió que algunas proteínas de las Lokiarchaeota no se encuentran en otras arqueas, pero están presentes en células eucariotas.

Éste es un paso importante para entender cómo se desarrollaron, hace miles de millones de años, los primeros organismos que permitieron el surgimiento de la compleja y diversa vida que existe hoy en nuestro planeta.

Las redes sociales de los delfines

Un equipo de científicos de la Universidad Florida Atlantic, dirigido por Elizabeth Murdoch, realizó un estudio para entender las relaciones sociales de los delfines así como su grado de complejidad en un ambiente específico. Para esto eligieron un largo y estrecho estuario compuesto por tres lagunas –Indio, Mosquito y Banana— que mide 250 kilómetros y se localiza en la costa este de la península de Florida.

Durante seis años y medio, los biólogos marinos se dedicaron a observar detenidamente la población del delfín nariz de botella, Tursiops truncatus. Se trata de un cetáceo que mide hasta cuatro metros de longitud y pesa cerca de 400 kilogramos, la especie más común y conocida de la familia Delphinidae, que cuenta con mas de 30 especies.

Por medio de fotografías los investigadores realizaron censos en los que primero identificaron a cada uno de los 185 individuos por características distintivas del cuerpo como manchas, marcas, forma de la aleta, tamaño y color. Con estos datos pudieron obtener los patrones de asociación y comportamiento, así como la preferencia de hábitat de cada uno.

Descubrieron que la población de delfines estaba organizada en seis comunidades que tendían a desplazarse en zonas restringidas dentro del sistema lagunar. Encontraron también que los individuos presentaban un comportamiento de asociación o evasión hacia otros delfines; es decir, que los delfines interactúan o evitan a otros de acuerdo con sus preferencias individuales.

La investigación también arrojó un resultado sorprendente: que las dimensiones físicas del hábitat influyen en las dinámicas espaciales y temporales de los patrones de asociación de los delfines. Por ejemplo, las comunidades que ocupaban los espacios más estrechos de la laguna presentaron las redes sociales más complejas, de manera similar a las personas que habitan en grandes ciudades.

Los resultados de esta investigación, publicada en la revista Marine Mammal Science del pasado abril, nos ayudan a entender cómo se relacionan los delfines y cómo perciben y utilizan su hábitat.

 

Martha Duhne

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