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22 de octubre de 2017
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Ráfagas

No. 221

La huella humana en el Amazonas

La selva amazónica, la más grande del planeta, tiene una extensión de cerca de siete millones de kilómetros cuadrados. Ha sido habitada por grupos humanos durante milenios. Por años se ha debatido cuánta influencia tuvieron las actividades humanas en la Amazonía.

Un estudio dirigido por Carolina Levis, de la Universidad de Wageningen, Países Bajos, y publicado el pasado 2 de marzo en la revista Science, encontró que en la diversidad de especies de la selva las plantas domesticadas están representadas hasta cinco veces más que las otras. Los investigadores también descubrieron que las plantas domesticadas tienden a crecer en sitios en los que hubo asentamientos humanos.

Levis y un numeroso equipo internacional de colaboradores usaron información recabada por la Red de Diversidad de Árboles del Amazonas para estimar su diversidad. Se han identificado 4 962 especies de árboles y palmeras, y Levis y sus colegas descubrieron que, de las 85 especies que se han domesticado, 20 están sobrerrepresentadas; es decir, hay más individuos de lo que cabría esperar en estado natural. Los investigadores indagaron si esto se debía a actividades humanas o a factores ambientales. Para eso compararon su distribución y densidad alrededor de más de 3 000 asentamientos humanos precolombinos conocidos.

El equipo encontró muchos más individuos de especies domesticadas que de especies no domesticadas donde habían vivido seres humanos. Cerca del 20 % de la distribución de especies domesticadas del Amazonas parece ser resultado de la intervención humana. Pero en el suroeste del Amazonas, donde existieron muchos asentamientos, el número crece al 30 %. Con estos resultados los investigadores planean buscar regiones en las que la cantidad de especies domesticadas sea grande para buscar poblaciones precolombinas desconocidas.

Resulta que la Amazonía no es una selva prístina, sino un ecosistema habitado desde hace milenios por seres humanos, que dejaron una huella que apenas comenzamos a descifrar.

Localizan un sistema planetario parecido al nuestro

Científicos del Observatorio Europeo Austral y de la NASA anunciaron a finales de febrero un asombroso descubrimiento: utilizando el telescopio espacial Spitzer, encontraron siete planetas de tamaño parecido al nuestro orbitando alrededor de una estrella. No es la primera vez que se localizan planetas fuera de nuestro Sistema Solar (a la fecha se han registrado 3 458 planetas extrasolares). Pero en este caso tres existen en lo que se conoce como zona habitable, esto es, la región que rodea a una estrella en la que el agua puede existir en estado líquido. Y el equipo afirma que en los otros cuatro la existencia de agua no es imposible. Esto es relevante porque el agua líquida es un factor determinante para la vida. Se trata del sistema planetario con el mayor numero de planetas que se ha detectado hasta hoy, y donde existen condiciones para la vida.

La estrella alrededor de la cual gira el sistema, al que nombraron TRAPPIST-1, es una enana blanca, un tipo de estrella más tenue que el Sol.

La primera noticia que tuvimos de TRAPPIST-1 fue en mayo de 2016, cuando se dio a conocer la existencia de dos planetas. Meses después, con la ayuda de varios telescopios situados en diferentes puntos de la Tierra, se descubrieron los otros cinco.

Con la información recabada se ha podido determinar el tamaño, y se ha estimado la masa de seis de ellos, lo que permite calcular su densidad. Con estos datos, los científicos piensan que es muy probable que los planetas sean rocosos, como el nuestro.

Los siete planetas de TRAPPIST-1 están más cerca de su estrella que Mercurio de la nuestra. Están tan cerca, que desde la superficie de uno de los planetas se podrían distinguir características geológicas del planeta más próximo y éste podría verse más grande que la luna.

Este sistema se encuentra a 40 años luz de nosotros, en la constelación de Acuario, lo que a nivel astronómico es muy cercano aunque a nosotros, con la tecnología actual, nos tomaría cientos de millones de años llegar ahí. Sin embargo, para la ciencia es muy importante saber si hay vida en otros planetas, aun si es imposible pensar en visitar a estos vecinos cósmicos.

Ecólogo mexicano recibe importante reconocimiento

José Sarukhán fue el ganador del Premio Tyler por Logro Ambiental 2017, reconocimiento que otorgan la Fundación Tyler y la Universidad del Sur de California a científicos expertos en biodiversidad de todo el mundo; entre otros lo han recibido Edward O. Wilson y Jane Goodall.

Sarukhán ha hecho importantes contribuciones en el campo de las ciencias biológicas, pero en un comunicado el comité dijo que el reconocimiento era por su capacidad de identificar un problema y crear soluciones para enfrentarlo, ya que “el conocimiento por el conocimiento en sí mismo ya no es suficiente para intentar salvar la biodiversidad de país. Sarukhán se aseguró de que a través del conocimiento científico se propusieran soluciones prácticas que cambiaran la vida de las personas y su ambiente, y de esta forma, asegurar que contaremos con un hogar en el futuro.”

Sarukhán fue rector de la UNAM de 1989 a 1997 y fundó hace 25 años la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO), que ha servido como modelo para organismos similares en otras partes del mundo. Su objetivo es proteger nuestra biodiversidad, tomando en cuenta la dimensión humana. Entre otros programas, la CONABIO posee la base de datos de biodiversidad accesible electrónicamente más grande del mundo, con información de más de 11.2 millones de organismos, lo que ha servido para desarrollar políticas ambientales en México. Por ejemplo, en enero pasado, la CONABIO dio a conocer la Estrategia Nacional sobre Biodiversidad de México y Plan de Acción 2016-2030, un documento guía que presenta los principales elementos para conservar, restaurar y manejar sustentablemente la biodiversidad y los servicios que provee.

También financia proyectos para el conocimiento y uso de nuestros ecosistemas, tiene un portal en el que da a conocer la enorme riqueza de genes, especies y ecosistemas con que cuenta México, edita una revista, Biodiversitas, accesible de manera gratuita en línea y organiza eventos como el Concurso Nacional de Fotografía de la Naturaleza. Todo esto con la certeza de que sólo es posible conservar si los habitantes de un país valoran sus recursos naturales.

Una epidemia y el colapso de los aztecas

Dos investigaciones recientes publicados en el portal bioRxiv y en Nature news, sugieren que brotes de la bacteria Salmonella pudieron ser una de las causas de que la población de nativos mexicanos disminuyera drásticamente después de la Conquista de México.

Se estima que a principios del siglo XVI habitaban en Mesoamérica cerca de 25 millones de personas y un siglo después el número se había reducido a un millón. Además de las muertes ocasionadas por la Conquista en sí, sabemos que se produjeron devastadoras epidemias, a las que los relatos de la época se refieren como cocoliztli, palabra náhuatl que significa “gran peste” o “pestilencia”.

En el primer estudio, los investigadores de la Universidad Max Planck, de la Universidad de Harvard y del Instituto Nacional de Antropología e Historia recuperaron material genético de entierros del sitio Teposcolula- Yucundaa en el estado de Oaxaca, fechados entre 1545 y 1550, que coincide con una epidemia que mató a un importante porcentaje de los habitantes nativos. Al comparar el material genético de bacterias localizadas en el sitio con una base de datos de más de 2 700 genomas de bacterias, éstas se identificaron como pertenecientes a la especie Salmonella enterica, de la cepa Paratyphi C, que habitan en el estómago de seres humanos y producen la fiebre paratifoidea o fiebre entérica.

El segundo estudio, dirigido por Mark Achtman de la Universidad de Warwick, logró colectar y analizar el material genético de una cepa de bacterias de una mujer joven enterrada en el año 1200 en un cementerio de Trondheim, Noruega. Resultó ser la cepa más antigua localizada hasta la fecha de Salmonella y demuestra que esta bacteria ya circulaba en Europa en esa época.

La existencia de la bacteria 300 años antes de la Conquista de México y su presencia en la región tiempo después no demuestra que los europeos diseminaron la enfermedad en el Nuevo Mundo, pero es una hipótesis razonable. Algunas personas pueden ser portadoras de la enfermedad sin enfermarse, por lo que algunos conquistadores pudieron transmitir la bacteria a los nativos, que no contaban con defensas inmunológicas para la enfermedad.

 

Las habilidades del abejorro

Un nuevo y original experimento desarrollado por Olli Loukola, de la Universidad Reina María de Londres, demostró que los abejorros pueden resolver problemas complejos.

Loukola y su equipo diseñaron un experimento en el que los insectos tenían que llevar una bolita amarilla a un punto específico para recibir agua azucarada, algo completamente diferente a lo que tienen que hacer para conseguir su alimento. Se les presentaron tres pelotas amarillas a diferente distancia de la meta. Un grupo de abejorros observó a una compañera tomar la pelota que estaba más lejos (ya que las otras dos estaban pegadas y no se podían mover), llevarla hasta la meta y recibir el agua con azúcar. Otro grupo observó cómo un “fantasma”, un imán colocado debajo de la plataforma, movía la pelota más lejana. Y un tercer grupo sólo encontró una pelota ya en la meta. Posteriormente, a las abejas de los tres grupos las colocaron en una plataforma con las tres pelotas y les dieron cinco minutos para completar la prueba y obtener su recompensa. El grupo de 10 abejorros que observaron a otro realizar la prueba fueron los más exitosos y la resolvieron en menos tiempo que los otros. Pero otros tuvieron éxito sin contar con ayuda externa. Algunos aprendieron a mover la pelota de diferentes formas: aunque el abejorro que les demostró cómo llevar a cabo la prueba empujaba la pelota, algunos decidieron jalarla, caminando hacia atrás y después empujarla. Otro resultado asombroso fue que la mayoría de los insectos intentó mover las pelotas más cercanas a la meta a pesar de que las demostraciones habían sido hechas con la más alejada.

Esta flexibilidad para aprender abre una ventana de esperanza en relación a su supervivencia, en momentos en que las poblaciones de abejorros y de abejas disminuyen a nivel mundial. Los resultados de esta investigación fueron publicados en la revista Science en febrero pasado.

 

Martha Duhne

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En busca de otros mundos

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Aguas profundas: crónica de un desastre anunciado*

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