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22 de mayo de 2018
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Ráfagas

No. 234

Descubren un tejido bajo la piel

Investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Nueva York y del Centro Médico Mount Sinai Beth Israel descubrieron una estructura que recuerda a una celosía de tres dimensiones, constituida de colágeno y elastina, las proteínas que dan soporte y elasticidad a nuestro cuerpo. Por este tejido fluye líquido linfático y se localiza en prácticamente todo el cuerpo, bajo la piel: rodea los pulmones, el tracto digestivo, el sistema urinario, así como arterias y venas. Los investigadores lo describen como una malla de colágeno y elastina que forma compartimentos de distintos tamaños cubiertos de un líquido que fluye entre ellos. Lo llamaron “intersticio”, palabra que significa hendidura o espacio pequeño que media entre dos cuerpos o dos partes de un mismo cuerpo. Antes se pensaba que esta capa era tejido conjuntivo denso.

El tejido se observó por primera vez cuando los médicos David Carr- Locke y Petros Benias estudiaban las cavidades biliares de un paciente con cáncer. Utilizaron una técnica nueva llamada endomicroscopía por láser confocal, que por medio de una sonda unida a una cámara muy pequeña permite observar los tejidos vivos a nivel microscópico sin extraerlos (con técnicas anteriores el intersticio se destruía; por eso nadie lo había visto). Entre julio de 2012 y diciembre de 2013 los investigadores estudiaron a 13 pacientes más para confirmar el hallazgo. Algunos científicos opinan que incluso podría tratarse de un órgano desconocido hasta ahora, pero es necesario entender mejor su función.

Los resultados de esta investigación se publicaron en la revista Scientific Reports y los investigadores piensan que el intersticio podría estar relacionado con la forma en que se propagan por el cuerpo enfermedades como el cáncer.

Un sismo poco común

El 19 de septiembre del 2017 un terremoto de magnitud 7.1 sacudió a la Ciudad de México y los estados de Puebla y Morelos. El sismo echó abajo cerca de 40 edificios y mató a más de 300 personas. En marzo de 2018 un equipo de científicos de la UNAM y de la Universidad de Oregon publicó un artículo en la revista Geophysical Research Letters en el que se explica el origen y las características de este terremoto.

Por lo general los sismos se originan en los sitios en que convergen dos placas tectónicas, esas enormes losas rocosas que forman la corteza de nuestro planeta. Las placas chocan y en la mayoría de los casos, una se mete por debajo de la otra siguiendo una trayectoria diagonal hacia abajo en las llamadas zonas de subducción.

El territorio mexicano está situado sobre cinco placas. La mayor parte pertenece a la placa de Norteamérica. La península de Baja California se encuentra en la del Pacífico. En el litoral del Pacífico el país colinda también con la placa de Rivera y la placa de Cocos, y por el lado de la península de Yucatán el territorio descansa sobre la placa del Caribe.

La placa de Cocos se mete por debajo de la de Norteamérica como en cualquier zona de subducción, pero en un tramo que va de Michoacán a Oaxaca, la parte subducida de la placa, en vez de hundirse más, se mantiene horizontal hasta 200 kilómetros placa adentro. En el estado de Puebla, a 50 kilómetros de profundidad, la placa vuelve a cambiar de dirección y por fin se hunde en el manto terrestre. Esta parte curva de la placa subducida (que queda debajo de Puebla, Morelos y la Ciudad de México) puede desgarrarse y producir sismos llamados de flexión con epicentros apartados de la zona de subducción del Pacífico, de donde provienen la mayoría de los sismos que afectan la región central del país. A eso hay que añadir que el subsuelo cenagoso de la Ciudad de México tiene un efecto amplificador de ondas sísmicas que a veces resulta muy destructivo.

El del 19 de septiembre fue un sismo de flexión con epicentro en el estado de Puebla, unos 100 kilómetros al sur de la Ciudad de México. Desde los años 20 sólo han ocurrido cinco sismos de este tipo. Esta investigación nos permite entender un poco más acerca del origen de los sismos y de la compleja geología de México.

Caminos desconocidos de la evolución

Un equipo internacional de biólogos de la Universidad de California, el Instituto de Tecnología de Tokio y la Universidad Yale descubrió cómo penetra un virus en una bacteria para infectarla utilizando un proceso desconocido hasta hoy.

Un virus es un agente infeccioso que consiste en material genético (ADN o ARN) rodeado de una capa de proteínas. No son organismos porque los virus no se alimentan ni respiran ni llevan a cabo otras funciones de los seres vivos. Para reproducirse necesitan penetrar en una célula. Es como si una persona lograra abrir la cerradura de una fábrica, entrar y utilizar la maquinaria que ahí se encuentra para elaborar materiales propios.

Los virus tienen llaves (proteínas) que les permiten adherirse a la membrana de una célula en sitios específicos, (cerraduras moleculares), abrirlos e introducir su material genético. Si la cerradura permaneciera cerrada, el virus podría modificar la llave y con ella intentar abrir la cerradura. Hasta ahora no se había entendido la forma en que los virus producen estas modificaciones por primera vez. Los investigadores estudiaron este proceso con un virus que infecta a la bacteria Escherichia coli. Durante tres semanas observaron que las bacterias reducían el número de cerraduras de su membrana celular como una forma de obstaculizar la invasión. El virus respondió desarrollando nuevas versiones de las proteínas llave. Los investigadores descubrieron algo asombroso, que rompía con una regla de oro que dice que un grupo específico de genes produce sólo una proteína. Si un gen sufre una mutación y cambia, producirá una proteína diferente, pero una sola. En este experimento el virus desarrolló una proteína inestable que en poco tiempo produjo cuando menos dos proteínas distintas, es decir, dos llaves diferentes, lo que aumentó las probabilidades de abrir el cerrojo, entrar en la célula y propagar la infección.

Los resultados se dieron a conocer en la revista Science y son un paso importante para entender los caminos que han desarrollado diferentes organismos para adaptarse y sobrevivir en los ambientes que habitan.

La domesticación de los perros en la cultura maya

Una investigación realizada con huesos de animales encontrados en una ciudad maya de 3 000 años de antigüedad sugiere que el perro fue domesticado antes de lo que se pensaba.

Se calcula que entre el 1000 a. C. y el 950 d. C. cerca de 10 000 personas habitaban la ciudad maya de Ceibal, a orillas del río La Pasión, en lo que hoy es Guatemala. Los centros urbanos populosos como éste requieren grandes cantidades de alimento. Sabemos que los mayas cazaban venados, jabalíes americanos y tapires. Pero el hallazgo reciente demuestra que en esa época ya habían domesticado a los perros.

Los estudios en Ceibal se iniciaron en 2010 y hasta la fecha se han encontrado huesos de 10 especies de animales distintas, entre ellas ciervos, perros, gatos, tlacuaches, jabalíes, guajolotes y tapires. La dieta de un animal modifica la composición química de sus huesos y del esmalte de los dientes, una importante pista para inferir lo que comía. Los científicos concluyeron que unos perros pequeños parecidos a los chihuahueños, así como guajolotes y un felino de gran tamaño comían maíz, es decir, eran alimentados por humanos. Estos animales vivieron entre 450 y 300 a. C., la evidencia más antigua de domesticación de un animal en la región. Los huesos no tienen marcas de objetos filosos, lo que sucede con frecuencia en animales que fueron sacrificados para comerlos, pero los científicos suponen que se debe a que eran pequeños. Con todo, es lógico suponer que eran una fuente más de alimento.

En regiones más altas de Ceibal, enterrados muy cerca de una pirámide cercana a la plaza central, los arqueólogos encontraron huesos de dos perros que no eran de la región. La forma en que estaban colocados los huesos y la localización sugiere que formaron parte de una ceremonia, lo que era considerado un gran honor. Los resultados de esta investigación se publicaron en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences en marzo pasado.

Aplicación para evaluar reservas marinas

La pesca desbocada es un peligro para la conservación de la biodiversidad marina y las comunidades de pescadores. Como estrategia para administrar recursos marinos en forma sustentable, desde 2014 se instauró la Norma Oficial Mexicana NOM 049 que permite establecer zonas de refugio pesquero, es decir reservas marinas coordinadas por los propios pescadores. Actualmente existen 39 refugios pesqueros, con una superficie total de más de 20 000 kilómetros cuadrados.

La norma exige realizar monitoreos anuales para obtener información del estado del refugio. El reporte lo certifican el Instituto Nacional de Pesca y la Comisión Nacional de Acuacultura. Pero las evaluaciones, que realizan personas externas a la reserva, suelen ser poco rigurosas y por lo general sólo toman en cuenta los indicadores ecológicos y se olvida la dimensión social.

Con el fin de simplificar y estandarizar estas evaluaciones, un estudiante de la Universidad de California en Santa Bárbara trabajó con la asociación civil Comunidad y Biodiversidad de Guaymas, Sonora, pescadores de El Rosario, Baja California e investigadores de la Universidad Stanford y la Universidad del Estado de Arizona para desarrollar una herramienta gratuita, fácil de usar y que funcionara únicamente con una conexión a internet. Así surgió MAREA.

Esta aplicación evalúa tres categorías y diversos indicadores. La categoría biológica mide el número de organismos, biomasa, cantidad de especies y estructura de las redes tróficas. La categoría socioeconómica evalúa volúmenes de pesca, ingresos económicos y nuevas oportunidades económicas como turismo fotográfico, buceo, etc. La categoría de gobernanza examina las estructuras de toma de decisiones, organización de la comunidad pesquera, y tipos de permisos y pesquerías.

Los pescadores se deben capacitar como buzos científicos y ellos mismos realizan el conteo de peces e invertebrados sin necesidad de supervisión de expertos.

La idea de esta herramienta, se dio a conocer en la revista PLOS ONE a finales de enero pasado.

 

Martha Duhne

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