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25 de septiembre de 2021
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Ráfagas

No. 274

Alerta roja para la humanidad

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) dio a conocer el 9 de agosto su informe Cambio Climático 2021: Bases de la Ciencia Física, en el que aborda el conocimiento científico más actualizado acerca de este fenómeno y reúne evidencias, simulaciones climáticas globales y regionales, y muestra cuánto y por qué ha cambiado el clima hasta la fecha. Los resultados, como era de esperarse, no son nada alentadores.

El informe asegura que la tempertatura global ha aumentado por actividades humanas 1.1oC desde mediados del siglo XIX y de manera más acelerada desde 1970. Y los científicos prevén que llegará a los 1.5 oC o 2 oC en este siglo. El cambio climático ya afecta a cada región del planeta, como se ha visto claramente este año.

Solo un ejemplo: el nivel del mar en las zonas costeras seguirá elevándose en los siguientes años y se inundarán enormes extensiones. Los cambios en el océano, como son el aumento de la temperatura, mayor frecuencia de olas de calor marinas, ciclones, acidificación y reducción de los niveles de oxígeno, afectan tanto a los ecosistemas marinos de todas las profundidades como a las personas que viven de los recursos del mar. Aunque alcanzáramos la meta de cero emisiones de gases de efecto invernadero, algunos cambios son ya irreversibles y otros continuarán por cientos o miles de años.

Este informe, elaborado por el Grupo de Trabajo I del IPCC, da mayor énfasis al cambio climático en las regiones y ofrece información útil para la evaluación de los riesgos y la adaptación, así como para la toma de decisiones. El informe asegura que son necesarios esfuerzos extraordinarios en circunstancias excepcionales, como ha sucedido con la pandemia de COVID-19.

La ciencia ya ha hablado. La última palabra y buena parte de la responsabilidad la tienen los gobernantes y otros tomadores de decisiones. Cuenta mucho, claro, el granito de arena que cada uno de nosotros podemos aportar.

Nueva imagen de un agujero negro

El mismo equipo internacional que obtuvo la famosa imagen del horizonte de eventos de un agujero negro en el centro de la galaxia M87 ha dado a conocer las imágenes de otro agujero negro en la galaxia elíptica Centauro A obtenidas con el Telescopio del Horizonte de Eventos (THE).

El THE utiliza las antenas de ocho grandes observatorios distribuidos por toda la Tierra que trabajan de manera simultánea, incluido el Gran Telescopio Milimétrico situado en el volcán Sierra Negra, Puebla. El consorcio lo integran 13 instituciones científicas con más de 300 investigadores de África, Asia, Europa, Norte y Sudamérica. El telescopio virtual tiene una capacidad de ver detalles equivalente a la que sería necesaria para medir el tamaño de una tarjeta de crédito a la distancia de la Luna.

La imagen dada a conocer en julio pasado en un artículo de la revista Nature Astronomy fue captada al mismo tiempo que la de M87, hace cuatro años. Centauro A está a cerca de 13 millones de años luz de la Tierra y es una de las galaxias más cercanas y brillantes cuando se observa en el rango de las ondas de radio. El agujero negro que se aloja en su centro tiene una masa de 55 millones de veces la del Sol, mucho menos que la del que se encuentra en el centro de M87, de 6 500 millones de masas solares, y más que la del centro de la Vía Láctea, de cuatro millones de masas solares.

Con la nueva imagen se pudo determinar la ubicación exacta del agujero. También se observó el chorro de gas que emerge del agujero negro, como en otras galaxias de las llamadas activas. La imagen reveló detalles que no se habían visto en otras fotografías del chorro; por ejemplo, que se ve como dos franjas brillantes con un centro oscuro. Esto quizá se deba a que los bordes del chorro rozan con algo en el medio circundante y se calientan.

Monos araña, primates sin líderes

Una investigación reciente descubrió que los monos araña utilizan el cálculo colectivo para averiguar la mejor manera de encontrar comida.

Un equipo de investigadores de la UNAM, el Instituto Politécnico Nacional y el Instituto Santa Fe en Nuevo México estudió un grupo de monos araña que habitan cerca del Área Protegida de Punta Laguna, en Quintana Roo. Los investigadores tomaron nota de la conducta y las interacciones de 47 monos, a los que reconocían individualmente, por espacio de cinco horas al día durante dos años. Los monos formaba subgrupos de entre dos y 17 animales, pero estos se mantenían unidos solo durante una o dos horas, lapso tras el cual los monos podían cambiarse de grupo.

Lo que les llamó la atención a los científicos es que estos monos se integraban o abandonaban al grupo sin que existiera ningún miembro de la manada que lo organizara. Para entender esta conducta, el equipo usó una herramienta llamada teoría de juegos inductiva. Los investigadores concluyen en la revista Frontiers in Robotics and AI que los monos toman en cuenta el movimiento de los otros miembros del grupo y lo usan para tomar sus propias decisiones; el efecto colectivo de estas produjo un rango de tamaños de los grupos que funcionó bien dada la disponibilidad de árboles frutales de la selva.

Niños y niñas y la vacuna contra la COVID-19

Si debemos o no vacunar a menores de edad es una duda que, como muchas otras que se han presentado durante la pandemia, es compleja y debe analizarse desde perspectivas distintas. Un artículo de Heidi Ledford publicado en la revista Nature en julio pasado explora este tema.

Es una tranquilidad saber que la inmensa mayoría de los menores de edad no enferman de gravedad por COVID-19 y que el índice de mortalidad es bajo en este grupo. Pero eso no quiere decir que no haya casos graves e incluso fallecimientos. Y cada país enfrenta condiciones sanitarias y socioeconómicas muy diferentes, por lo que no existe un solo camino correcto. Por ejemplo, en el Reino Unido se tomó la decisión de solo vacunar a adolescentes muy vulnerables o que viven con personas que lo son. Pero en el África subsahariana, donde un alto porcentaje de la población, incluidos menores de edad, tiene desnutrición, tuberculosis o VIH, la falta de datos por edad hace difícil distinguir cuál de estos factores pone a los niños en mayor riesgo de padecer COVID-19 grave.

Se han probado vacunas en adolescentes y los resultados son positivos, por lo que algunos países como Estados Unidos, Israel y China las están ofreciendo para este grupo de edad. Y algunas farmacéuticas llevan a cabo pruebas clínicas en menores de 12 años. Pero esto presenta otro problema: ¿No es una mejor decisión dirigir las vacunas a la enorme población del mundo aún no vacunada, en especial de países pobres?

El artículo de Nature concluye que todavía nos falta información para saber cuáles son las mejores formas de enfrentar la pandemia.

Estructura de proteínas a toda velocidad

DeepMind, compañía inglesa de inteligencia artificial creada en 2010 y adquirida en 2014 por Alphabet Inc., empresa matriz de Google, ha logrado descifrar la estructura de cientos de proteínas en un tiempo récord.

DeepMind saltó a la fama en 2016, cuando con su programa Alpha Go derrotó por primera vez a un experto jugador humano de Go dan nueve (la clasificación más alta es 10), que equivale a jugadores profesionales. Pero en años recientes la compañía se puso una meta distinta: descifrar la estructura de distintas proteínas.

Las proteínas llevan a cabo tareas esenciales para el funcionamiento de cualquier ser vivo: forman como la membrana celular, aceleran o retrasan funciones bioquímicas, protegen al cuerpo de agentes patógenos... Las instrucciones para formar las distintas proteinas están escritas en el material genético de cada organismo. Descifrar estas instrucciones nos abre muchas puertas, por ejemplo, ayuda a entender diversas enfermedades y diseñar los fármacos adecuados para tratarlas.

Esto ya se ha hecho antes, pero el proceso era largo y tedioso. La nueva tecnología desarrollada por DeepMind puede conseguirlo en minutos, un salto gigante para la biología molecular. Lo que hace es descifrar la secuencia de componentes de la proteína y con esta información calcula su estructura tridimensional con 58 % de fiabilidad, lo que implica un importante ahorro de tiempo.

En julio pasado DeepMind y el Laboratorio Europeo de Biología Molecular dieron a conocer la estructura de 20 000 proteínas del organismo humano y de otras 20 especies, como la bacteria de la tuberculosis.

 

Martha Duhne

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