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24 de octubre de 2021
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Ráfagas

No. 275

Premios Ig Nobel 2021

El 9 de septiembre se celebró la XXXI entrega de los Premios Ig Nobel, el Nobel de broma que otorga la revista humorística Annals of Improbable Research a investigaciones “que primero te hacen reír y después te hacen pensar”.

El premio, creado y presentado por Marc Abrahams, cofundador de la revista, se entrega tradicionalmente en el teatro Sanders de la Universidad de Harvard, pero este año, como el pasado, la ceremonia fue virtual debido a la pandemia de COVID-19. Los galardonados recibieron por correo electrónico un documento PDF diseñado para imprimirse y armarse como modelo tridimensional de un engrane con dientes humanos. También lo recibieron nueve premios Nobel, que entregaron los premios por Zoom.

Estos son los premios Ig Nobel 2021:

Biología: a un equipo de investigadores de Suecia por analizar las variaciones en el ronroneo, gorjeo, parloteo, murmullo, maullido, chillido, siseo, aullido, gruñido y otras formas de comunicación entre gatos y humanos.

Ecología: fue para unos investigadores de España e Irán, por utilizar el análisis genético para identificar las especies de bacterias que se encuentran en chicles masticados pegados en la calle en varios países.

Química: a un grupo internacional por analizar químicamente el aire en el interior de varias salas de cine para comprobar si los olores (sustancias químicas volátiles) producidos por el público reflejan el contenido de la película en materia de violencia, sexo, comportamiento antisocial, consumo de drogas y malas palabras.

Economía: el premio se entregó a Pavlo Blavatsky en representación de un equipo internacional, por descubrir que la obesidad de los políticos de un país puede ser un buen indicador del nivel corrupción de ese país.

Medicina: se otorgó a un equipo de Alemania, Turquía y el Reino Unido por demostrar que los orgasmos pueden ser tan eficaces para destapar la nariz como los medicamentos descongestionantes.

Paz: a un equipo estadounidense por poner a prueba la hipótesis de que los humanos desarrollaron evolutivamente la barba para protegerse de los puñetazos a la cara.

Física: el premio lo ganó un equipo internacional por llevar a cabo experimentos para entender por qué los peatones en la calle no chocan constantemente entre sí y el de Cinética fue para otro equipo que realizó experimentos para entender por qué los peatones a veces sí chocan.

Entomología: a un equipo estadounidense por proponer un nuevo método para controlar las cucarachas en los submarinos.

Transporte: para un numeroso equipo internacional, por determinar experimentalmente si es seguro transportar por el aire a un rinoceronte cabeza abajo.

Los títulos de las investigaciones premiadas parecen un chiste u obra de gente sin nada mejor qué hacer. Pero todas ellas son rigurosas y tienen mucho sentido. Cumplen con el lema de la ceremonia: primero te hacen reír y luego pensar.

Hallazgo del fósil de un pez antiquísimo en Chiapas

Investigadores del Instituto de Geología y el Instituto de Biología de la UNAM, y de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, encontraron el fósil de un pez que habitó la Tierra hace cerca de 95 millones de años, cuando los dinosaurios aún existían en nuestro planeta. El hallazgo ocurrió en 2018, en la cantera del Chango, municipio de Ocozocoautla, Chiapas.

Se trata de un género y una especie nueva para la ciencia, que fue nombrada Choichix alvaradoi como un homenaje tanto a la lengua tsotsil que se habla en el lugar, en la que choy significa “pez” y ch ́ix “espina”, como a Jesús Alvarado Ortega, paleontólogo que ha dedicado su vida al estudio de fósiles de peces en México.

La característica principal de este pez es que tiene espinas en las aletas dorsal y anal. Es un acantomorfo, grupo al que pertenecen cerca de 14 000 especies con espinas en las aletas, como el huachinango y el robalo. Pero, a diferencia de estas especies, el C. alvaradoi no tiene espinas en la aleta pélvica. De acuerdo con los paleontólogos, pertenece a un linaje que es ancestro común de todos los peces de este grupo.

Los paleontólogos concluyen, en un artículo publicado en agosto de 2021 en la revista Papers in Paleontology, que este grupo se originó en la región que hoy es México y de ahí se dispersó al mar de Tetis, un océano que se formó hace 250 millones de años, cuando todos los continentes de la Tierra estaban unidos en un supercontinente al que llamamos Pangea. El mar de Tetis era un cuerpo de agua extenso y poco profundo, habitado por una multitud de organismos diversos. Hasta hace poco se pensaba que los acantomorfos se habían originado en Europa.

Leche materna y vacunas contra la COVID-19

De acuerdo con una investigación de la Universidad de Florida, publicada en agosto pasado en la revista Breastfeeding Medicine, la leche materna de madres lactantes vacunadas contra la COVID-19 contiene una cantidad significativa de anticuerpos que pueden proteger al bebé.

Sabemos que los niños al nacer no tienen completamente desarrollado el sistema inmune, pero son demasiado pequeños para recibir la vacuna contra la COVID-19. La leche materna les puede dar cierta inmunidad.

Para el estudio, que se llevó a cabo entre diciembre de 2020 y marzo de 2021, los investigadores reunieron a 21 madres lactantes que trabajaban en distintas áreas del sistema de salud y que nunca se habían infectado de COVID-19. Tomaron muestras de sangre y de leche materna tres veces al día antes de la vacunación, después de la primera dosis de las vacunas Pfizer y Moderna, y después de la segunda dosis. Al analizar sus datos, observaron una alta cantidad de anticuerpos en la sangre y leche materna después de la segunda dosis.

Los investigadores señalan que hay dudas por resolver, como estudiar si los bebés que consumen leche de madres vacunadas a la larga desarrollan su propia inmunidad. Por lo pronto, lo que sabemos es que es importante que las mujeres embarazadas y las que acaban de parir se vacunen, por la seguridad de ellas y la de sus bebés.

Mapas para diseñar mejores políticas de conservación

El 22 de abril de 2016, día de la Tierra, 175 países firmaron el Acuerdo de París sobre el Cambio Climático, que es jurídicamente vinculante. Actualmente 195 países participan en este acuerdo (México entre ellos), que los compromete a idear y poner en práctica estrategias para mejorar el uso de la Tierra, entre otros temas, para la agricultura, la conservación de la biodiversidad, la mitigación y adaptación al cambio climático y el suministro de agua limpia.

Para lograr estos objetivos, el Instituto Internacional de Análisis de Sistemas Aplicados (IIASA), el Instituto Internacional para la Sustentabilidad (IIS), la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas (SDSN) y el Centro Mundial de Vigilancia de la Conservación de las Naciones Unidas (PNUMA-WCMC), con el apoyo financiero de la Iniciativa Internacional sobre el Clima y los Bosques de Noruega (NICFI), lanzaron el proyecto Nature Map. El equipo internacional de científicos se propuso elaborar mapas para detectar las regiones del planeta que deben priorizarse para su conservación, tomando en cuenta las especies en peligro de extinción, las mayores reservas de carbono terrestre y los recursos de agua dulce. Nature Map ofrece de manera gratuita en su portal https://explorer.naturemap.earth/map estos mapas, hechos para ayudar a los gobiernos en el diseño de políticas de conservación.

Los investigadores concluyen en un artículo publicado en Nature Ecology & Evolution que podemos proteger 70 % de las biodiversidad terrestre, 62 % de los sumideros de carbono y 68 % del agua dulce, conservando 30 % del territorio de la Tierra. Es responsabilidad de cada país utilizar esta herramienta para conservar sus recursos naturales.

Cubrebocas que destruye al SARS-CoV-2

Un equipo del Instituto de Investigaciones en Materiales de la UNAM diseñó un cubrebocas al que llamaron SakCu, por la palabra maya sak, plata, y Cu, símbolo químico del elemento cobre. La plata y el cobre tienen propiedades antivirales, antibacteriales y antifúngicas.

El cubrebocas tiene tres capas: la externa e interna son de algodón y la intermedia está formada por una capa de entre 30 y 40 nanómetros (un nanómetro es la milmillonésima parte de un metro) de plata y cobre depositados en polipropileno. Los investigadores realizaron pruebas para asegurarse de las propiedades antimicrobianas de estos elementos y de la seguridad del cubrebocas. Colocaron muestras del virus de pacientes con COVID-19 y demostraron que al contacto con la nanocapa de plata y cobre, la membrana del virus se rompía, dañando su material genético. El equipo realizó también pruebas con cinco de las seis principales bacterias responsables de las infecciones intrahospitalarias, conocidas como ESKAPE, siglas que derivan de la primera letra del género de cada una de estas bacterias. La capa de plata y cobre las eliminó casi al 100 %.

Para probar si el cubrebocas es seguro midieron el efecto de la nanocapa de cobre y plata sobre las células de la piel, en colaboración con el Instituto Nacional de Rehabilitación (INR). No detectaron ninguna reacción tóxica. Se realizaron otras pruebas con agua y flujos de aire para garantizar que la cantidad de partículas de cobre y plata que se liberan no cause problemas a la salud.

Para elaborar el cubrebocas usaron telas de algodón que pueden lavarse hasta 10 veces sin perder sus propiedades, lo que puede ayudar a consumir menos cubrebocas de un solo uso. Además, a diferencia de otros modelos, este dispositivo puede desecharse sin peligro de in- fección porque destruye las bacterias y virus que filtra. El cubrebocas SakCu fue producido con el apoyo de la Secretaría de Educación, Ciencia, Tecnología e Innovación de la Ciudad de México y en breve estará disponible en las Tiendas UNAM.

 

Martha Duhne

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