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26 de abril de 2018
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Ráfagas

No. 37

Dos geólogos visitarán Marte

En una exploración espacial planeada para mayo de 2003 la NASA espera colocar en la superficie marciana los dos primeros robots especializados en geología, los cuales tienen como principal tarea buscar si existen evidencias que demuestren la presencia de agua en el pasado de Marte.

Los robots serán lanzados en el cohete Delta II en un viaje espacial que durará siete meses y medio, y el “amartizaje” será similar al del Pathfinder, último visitante terrícola a ese planeta. Los artefactos, que son unos vehículos de 150 kilogramos idénticos entre sí, serán depositados en diferentes regiones de Marte; al llegar desplegarán un paracaídas para frenar su velocidad, y justo antes del impacto unas bolsas de aire se inflarán para amortiguar el golpe. Cuando toquen la superficie, rebotarán varias veces y rodarán cerca de un kilómetro. Al detenerse, las bolsas de aire se desinflarán y se abrirán una serie de placas como pétalos, para colocar a cada vehículo en la posición correcta para que pueda empezar a desplazarse. Un avance importante, en comparación con el Pathfinder, es que estos robots no tienen que regresar a una base a recargar baterías, ya que son totalmente independientes y poseen todos los instrumentos científicos que necesitan, incluso sus propias baterías.

Lo primero que harán será un reconocimiento de 360º del sitio capturando imágenes tanto en el rango de luz visible como en el infrarrojo. Entonces soltarán la estructura de pétalos y empezarán la labor de exploración. Con la información diaria que logren recabar, los científicos desde la Tierra guiarán al vehículo hacia las rocas y piedras que sean de interés para tomar muestras y evaluar en escalas microscópicas su composición y textura. Cada carrito tendrá la capacidad de desplazarse hasta 100 metros por día marciano; contará con cinco instrumentos distintos y una herramienta que cava y expone superficies nuevas para su estudio. Los científicos de la NASA calculan que la vida útil de estos vehículos es de cerca de tres meses pero podría ser mayor dependiendo de las características con que se encuentren en la superficie de Marte.

La NASA ha abierto un sitio en Internet en donde gratuitamente se están recabando los nombres de las personas que estén interesadas en inscribirlos en un disco compacto que viajará en la nave y será abandonado en ese planeta. Desde que abrieron el sitio el 18 de octubre de este año, más de 2 millones de personas han puesto sus nombres. Si estás interesado en dejar tu huella visita el sitio: http://mars.jpl.nasa.gov/missions/future/ 2003.html

Sitio arqueológico en unidad habitacional

En el predio número 18 de la calle de Apartado, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, recientemente se realizó el hallazgo de dos entierros humanos. Los restos óseos de uno de ellos, identificado como perteneciente a una persona adulta de sexo masculino, fueron localizados a 2.3 metros de profundidad respecto al nivel de la banqueta y los expertos piensan que, debido a la serie de objetos que han localizado alrededor de los huesos, se trata de un individuo de clase socioeconómica alta. Muy próximo al extremo izquierdo del cráneo encontraron una vasija, y otra más a la altura de las costillas; cercano al rostro, hallaron un bezote de obsidiana negra, que es un adorno que se colocaba en la barbilla y que de acuerdo con Alejandro Castillo, arqueólogo encargado de la excavación de ese pozo, el número 14, es indicativo de este rango social, ya que no cualquier persona podía usarlo.

El descubrimiento lo realizó la arqueóloga Julia Santa Cruz, de la Dirección de Salvamento Arqueológico del Instituto Nacional de Antropología e Historia, el INAH, en colaboración con Janys Rojas y Fernando Reyes, y un equipo de más de veinte personas. Se han encontrado también diversos elementos arquitectónicos, como cuartos con muros de lajas, muros y pisos estucados, espejos de agua, áreas de ofrendas y espacios exteriores con piso, todo lo que parece confirmar que se trata de una unidad habitacional de alta jerarquía. En el pozo 11, ubicado al fondo del terreno, los arqueólogos encontraron tres ofrendas entre los muros del edificio, que corresponden a diferentes etapas de la construcción. Santa Cruz indicó que la más reciente está integrada por 35 piezas, entre las que figuran copal quemado, restos de animales y escamas de pescado y explicó que las ofrendas se colocaban en ceremonias especiales, para marcar ciclos astronómicos o cambios en la jerarquía política.

Los investigadores piensan que los hallazgos corresponden a tres diferentes momentos históricos: el primero parece que es de la época de las chinampas, durante el cual el sitio fue zona de cultivo. El arqueólogo Alberto Mena lo ubica en una fecha anterior al año 1466, por lo que correspondería aún a los tlatelolcas, antes de ser sometidos por los mexicas. A la segunda etapa corresponden los pisos y muros estucados, característicos de la ocupación mexica, pero aún no han determinado la fecha exacta de su construcción. El último periodo es posterior al contacto español, hacia 1521.

El descubrimiento más importante que han hecho los arqueólogos a partir de estos vestigios, es que sí existieron asentamientos humanos en esta área del primer cuadro de la ciudad, que se pensaba se había poblado hasta fechas posteriores.

Maíz transgénico en los campos de Oaxaca

A principios de este año, investigadores de la Universidad de Berkeley en California, Estados Unidos, detectaron la presencia de maíz genéticamente modificado o transgénico, en la sierra norte de Oaxaca y notificaron su hallazgo a las autoridades del Instituto Nacional de Ecología (INE), en mayo del mismo año. Posteriormente, personal altamente calificado del INE, así como de la Comisión Nacional de la Biodiversidad, el Instituto de Ecología de la UNAM y el Centro de Investigaciones y Estudios Avanzados del IPN, con la colaboración de grupos de campesinos, realizaron muestreos de campo en estas zonas. Los resultados de los análisis se dieron a conocer en septiembre y confirman la presencia de elementos transgénicos en variedades de maíz cultivadas en esta zona de la República. Este maíz, conocido como Bt, se importaba legalmente a México como alimento, pero nunca se autorizó su uso para cultivo, si bien resulta fácil pensar que los campesinos que lo compraron no se imaginaron que estaba prohibido que lo plantaran.

¿Debemos preocuparnos y por qué? En primer lugar es necesario aclarar que la posibilidad de que estas plantas transgénicas puedan tener algún efecto indeseable en la salud es muy baja, prácticamente nula. Este tipo de maíz se cultiva en los Estados Unidos desde 1996, y previamente se realizaron una serie de pruebas para asegurar que no producía ningún efecto indeseable. A la fecha, no se ha detectado ningún problema de salud relacionado con su consumo.

El problema es otro. La ingeniería genética consiste en modificar la molécula de ADN de un organismo para cambiar algún rasgo heredable (un gen o un conjunto de genes) y pasarlo a la siguiente generación. Así se ha logrado modificar el tamaño de algunas plantas cultivadas (haciéndolas más altas o más bajas, según se desee), o aumentar su resistencia a enfermedades, plagas y temperaturas extremas. Estas nuevas plantas ya no son las mismas que las originales debido a que toda la información sobre lo que es y cómo funciona un organismo está escrita en sus genes; si alteramos esta información el organismo resultante será otro. Entonces si los genes modificados le dieran una ventaja adaptativa importante a las plantas que los contengan, éstas podrían empezar a dominar e inclusive a desplazar a las plantas nativas. En este caso, la diversidad de las plantas que no tengan los genes nuevos podría disminuir o desaparecer. Y la riqueza biológica es parte del patrimonio de un país. Las variedades de maíz que se cultivan aquí son el resultado de más de ocho mil años de historia, desde que empezaron a cultivarlo los primeros pobladores de Mesoamérica, y México está considerado como el centro mundial de diversidad del maíz.

El maíz transgénico ha sido detectado en 15 de 22 localidades analizadas y se encontró en muchas de las milpas tradicionales de estas zonas, pero en la mayor parte de ellas la proporción de maíz transgénico no llega a dominar las variedades tradicionales. Los investigadores de los centros citados opinan que se pueden prever varios desenlaces, desde que los cambios genéticos desaparezcan paulatinamente de forma natural, hasta que se realicen acciones concretas para que así suceda. Este caso es sólo una muestra de cómo en el mundo moderno, el material genético puede desplazarse a velocidades insospechadas de un sitio a otro del planeta.

 

Martha Duhne

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