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17 de enero de 2018
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Ráfagas

No. 44

Refugio en México para las ballenas

Muchas especies de animales, entre ellos de cetáceos (la orden de mamíferos marinos que incluye a ballenas y delfines), presentan una de las conductas más asombrosas del mundo animal: las migraciones. Nacen en un lugar y se desplazan grandes distancias, a veces miles de kilómetros, para llegar a otras zonas a reproducirse o pasar el invierno en climas más benignos. La migración representa un problema cuando se quiere asegurar la conservación de estos animales: es necesario protegerlos no sólo en el sitio donde viven la mayor parte del año, sino también en las regiones donde se reproducen y tienen a sus crías, y en toda su ruta migratoria.

Tomando en cuenta que 39 de las 81 especies de cetáceos conocidos pasan toda su vida o parte de ella en aguas mexicanas, es muy importante el acuerdo que se suscribió durante la 54º Reunión de la Comisión Ballenera Internacional, celebrada en mayo en la ciudad de Shimonoseki, en Japón. Ahí México anunció que protegerá a todos los cetáceos mayores de cuatro metros (entre otros, ballenas, orcas, cachalotes y rorcuales) en las zonas marinas que forman parte del territorio nacional y aquéllas sobre las que la nación ejerce su soberanía y jurisdicción. Esto representa tres millones de kilómetros cuadrados en los océanos Pacífico y Atlántico y el Mar Caribe, que se convertirán en el mayor santuario del mundo para estos (afortunados) cetáceos.

Algunos de los cetáceos que serán protegidos son la ballena azul, que es el animal más grande que existe en la Tierra (el adulto llega a medir más de 30 metros de largo y a pesar 150 toneladas) y la ballena gris, que es el mamífero que realiza la mayor migración: cerca de 17 000 ballenas grises viajan anualmente desde las heladas aguas árticas del Estrecho de Bering hasta las lagunas costeras de Baja California donde se reproducen de enero a abril.

Cinco de las 21 especies de la lista, que salió publicada en el Diario Oficial el 24 de mayo de este año, están consideradas en peligro de extinción por la UICN, la Unión Mundial para la Conservación de la Naturaleza (organismo que agrupa a más de 140 países). Para todas esas especies el acuerdo es una excelente noticia.

Como dice el refrán: una de cal, por las que van de arena.

Belleza ultravioleta

Para admirar la belleza hace falta tener buen ojo, y visión ultravioleta, si el observador en cuestión es un pez amarillo. Ya se sabía que la luz ultravioleta está implicada en la elección de pareja en algunas especies de insectos, aves y reptiles, pero aunque se sospechaba que lo mismo ocurría para algunos peces, hasta ahora no se había demostrado.

El noticiero electrónico de la revista Nature publicó el pasado mes de mayo una reseña del estudio dirigido por Constantino Macías García, del Instituto de Ecología de la UNAM, en el que se concluye que en el pez amarillo la visión en el rango de la luz ultravioleta desempeña un papel muy importante para la selección de pareja durante la reproducción. El amarillo (Girardinichthys multiradiatus) es un pez endémico de México y es una especie que presenta dimorfismo sexual, es decir, hembras y machos son distintos; en estos últimos las aletas son más grandes y coloridas. El investigador ya había demostrado que tales características desempeñan un papel importante en el momento en que las hembras eligen a los machos para reproducirse, pero lo que no se sabía era si también utilizan la información que reciben en el rango de la luz ultravioleta para hacer esta elección. En uno de los experimentos que diseñaron Macías y su grupo de colaboradores, realizado en exteriores de las instalaciones del Instituto de Ecología, midieron la reacción de las hembras a la presencia de los machos y la compararon con la conducta que presentaron cuando colocaron un filtro que impedía el paso de luz ultravioleta. Encontraron que las hembras pasaban más tiempo cerca de los machos cuando se permitía el paso de esa luz.

En un segundo experimento detectaron cuáles regiones del cuerpo del pez tenían la propiedad de reflejar la luz ultravioleta. Después usaron un polvo opaco para bloquear estas zonas en algunos machos y encontraron que las hembras pasaban menos tiempo cerca de ellos que de los machos cuyas zonas no habían sido alteradas. Este experimento se repitió en interiores, en el laboratorio, donde no hay luz ultravioleta, y se encontró que las hembras ya no mostraban preferencias por machos con o sin el polvo opaco sobre las zonas que reflejan ultravioleta. Con ello se mostró que lo importante de esas marcas en los peces es que reflejan en el ultravioleta, y no que son brillantes en el espectro de luz que llamamos visible. Debido a que las hembras también presentan estas zonas en sus cuerpos, era posible que las hembras en los experimentos anteriores se hubieran acercado por más tiempo a los machos con marcas ultravioleta simplemente por reconocerlos como de su especie, por ejemplo para formar cardúmenes como hacen muchos peces. Por ello diseñaron un tercer estudio en el cual en vez de elegir entre machos con y sin marcas ultravioleta, ahora las hembras tendrían que elegir entre otras hembras, con y sin marcas ultravioleta. En este experimento no hubo ninguna evidencia de preferencias, por lo que se concluye que las hembras sólo se fijan en las marcas ultravioleta de los machos, es decir que las usan como señal para elegir pareja potencial.

Gracias a la paciencia y al ingenio de este grupo de investigadores, sabemos un poco más sobre la multitud de factores que influyen en la conducta animal. Ojalá esta información nos obligue también a cuidar y respetar nuestro entorno.

Los primeros pobladores de Rusia

Un grupo de arqueólogos, dirigidos por John Hoffecker del Instituto de Investigaciones Árticas y Alpinas de la Universidad de Colorado, encontró en 20 excavaciones realizadas en Kostenki, una región localizada a 250 millas al sur de la ciudad de Moscú, varios objetos que demuestran que los seres humanos habían logrado, hace cerca de 40 000 años, un asombroso desarrollo tecnológico.

Las investigaciones realizadas a la fecha parecen indicar que el Homo sapiens se originó en África y de ahí emigró hace aproximadamente 100 000 años a distintas regiones del planeta. En Kostenki los investigadores hallaron agujas perforadas de hueso y marfil, así como huesos de zorras del Ártico y de liebres que parecen indicar que los antiguos residentes habían desarrollado técnicas para cazar animales y obtener así las pieles necesarias para poder sobrevivir durante los crudos inviernos.

Los restos descubiertos en Kostenki al parecer pertenecieron a dos culturas muy diferentes: una muy avanzada en relación a la fabricación de instrumentos de hueso y marfil y de figuras decorativas, y otra que sólo poseía instrumentos de piedra muy poco elaborados. Del primer grupo se han encontrado restos óseos, cuyo análisis reveló que pertenecieron a seres humanos modernos; del segundo no se ha localizado a la fecha ningún resto de este tipo y por ello los investigadores aún no pueden determinar exactamente qué tipo de homínidos eran, aunque por las evidencias encontradas suponen que eran neandertales.

En esta investigación participaron también Michael Anikovich y Andre Sinitsyn de la Academia de Ciencias Rusa, Vance Holiday de la Universidad de Wisconsin y Steve Forman de la Universidad de Illinois en Chicago, con financiamiento de la Fundación Leakey, la National Science Foundation y la National Geographic Society.

De acuerdo con el director del proyecto, una de las conclusiones más importantes es que las figuras encontradas, grabadas y decoradas, son también evidencia del desarrollo de un lenguaje simbólico y artístico. Hoffecker opina que existe una relación directa entre la capacidad de formular y comunicar distintos conceptos a través del lenguaje y la habilidad de manipular el medio a través de una tecnología compleja, características propias del ser humano que seguramente le ayudaron a poblar toda la Tierra.

Aprender un segundo idioma

Tanto en el mundo científico como en el educativo, se ha tenido la idea de que la edad es un factor decisivo en la capacidad que tenemos de aprender un idioma nuevo; en otras palabras, a más edad mayor dificultad. Pero esta idea podría cambiar con los resultados del estudio realizado por Rachel Mayberry de la Escuela de Ciencias y Desórdenes en la Comunicación de la Universidad McGill, Elizabeth Lock de la Universidad de Otawa y Hena Kazmi de la Universidad Western Ontario, las tres de Canadá. Las investigadoras estudiaron a grupos de adultos, tanto sordos como con la capacidad de oír, para entender cómo afecta la experiencia del aprendizaje de un primer idioma en la habilidad para aprender otro.

Como las personas que oyen bien experimentan el aprendizaje de un idioma desde el nacimiento, fue necesario incluir en el estudio a personas sordas, algunas de las cuales no tuvieron la posibilidad de entrar a centros especializados para aprender un idioma, muchas veces hasta que tenían varios años de edad.

El estudio, en el que participaron 58 adultos de cuatro ciudades de Canadá y dos de los Estados Unidos y que duró cuatro años, se dividió en dos partes. En la primera se formaron dos grupos de adultos sordos: uno con personas que habían nacido con la capacidad de oír y la habían perdido, y otro con sordos de nacimiento. Los integrantes de ambos grupos habían aprendido el Lenguaje Americano de Señas (ASL por sus siglas en inglés), entre los nueve y los 15 años de edad y todos lo utilizaban desde 20 años atrás. Los adultos que nacieron sordos y que no aprendieron un idioma durante los primeros años de su vida, tuvieron niveles muy bajos en el conocimiento y manejo del ASL, mientras que las personas que aprendieron un idioma de pequeños, presentaron evaluaciones mucho mayores.

En la segunda parte del estudio, las investigadoras compararon a tres grupos de adultos que habían aprendido inglés en la escuela entre los cuatro y los 13 años de edad y que lo hablaban hacía más de 12 años. Los grupos compuestos por adultos que oían y por sordos que habían aprendido un idioma (ya sea hablado o de señas), durante los primeros años de su vida, obtuvieron niveles altos y similares en el manejo del idioma inglés. Es decir, ambos grupos tenían el mismo grado de conocimiento del idioma inglés, independientemente de si éste era el primer idioma conocido (en el caso de los adultos que si oían) o el segundo (en el de adultos sordos cuyo primer idioma fue el de señas). Sin embargo, el grupo de personas que no aprendieron ningún idioma durante los primeros años de su vida, obtuvo niveles muy bajos en la evaluación del conocimiento del inglés.

Es reconfortante saber que no perdemos la capacidad de aprender un idioma nuevo con la edad, pero la conclusión más importante de esta investigación es que resulta vital que los niños y niñas que nacen sordos, tengan acceso a centros especializados donde les enseñen un idioma desde muy pequeños.

Se descifra el genoma del ratón

Es tan común la utilización de ratones y ratas para distintos experimentos, que incluso han pasado a formar parte del lenguaje popular: “¡Pareces rata de laboratorio!” Y es que a pesar de que a todas luces los seres humanos somos bastante distintos de estos pequeños mamíferos, los resultados de investigaciones hechos en ellos han servido para entender (cuando menos en parte) muchas de las enfermedades que nos aquejan, como son distintos tipos de cáncer y algunas de las enfermedades autoinmunes como la esclerosis múltiple y la artritis reumatoide. Por esto se eligió una especie de ratón para desentrañar la secuencia de su genoma. El primer borrador aproximado de la secuencia fue desarrollado por el Mouse Genome Sequencing Consortium, un grupo internacional de investigadores del Instituto Whitehead de Cambridge y la Escuela de Medicina de la Universidad de Washington (ambas de los Estados Unidos); así como del Wellcome Trust Sanger Institute y del European Bioinformatics Institute del Reino Unido.

El conocer esta secuencia servirá para identificar cuáles son los genes que contribuyen al desarrollo de muchas enfermedades y mejorar el diseño de los tratamientos para atacarlas. También permitirá entender más acerca del genoma humano, debido a que muchos de los genes se han conservado a través de los 100 millones de años de evolución que nos separan de los ratones. Esto significa que la información genética que es vital para el funcionamiento correcto de los seres vivos se ha mantenido en muchas de las especies, aún si su parentesco es muy distante.

El genoma del ratón está contenido en 20 pares de cromosomas y los resultados obtenidos en este estudio sugieren que tiene aproximadamente 2.7 mil millones de pares de bases (o letras, haciendo el símil de que el libro del genoma está escrito con cuatro letras diferentes), lo que significa que es cerca de 15% más pequeño que el humano, el cual cuenta con 3.1 mil millones de pares de bases, acomodadas en 23 pares de cromosomas.

La información de la secuencia del ratón está disponible sin costo para quien desee estudiarla en tres sitios de Internet. Seguramente lo harán miles de científicos de la academia y de la industria, los dos campos que más intereses tienen en estas investigaciones.

 

Martha Duhne

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