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17 de enero de 2018
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Ráfagas

No. 50

Grandes arribazones de tortugas en Oaxaca

México es un paraíso en lo que se refiere a la variedad de especies vegetales y animales que se encuentran en nuestro territorio y para muestra un botón: tenemos el primer lugar en diversidad de reptiles del mundo. Un ejemplo que lo ilustra claramente es que a nuestras costas llegan siete de las ocho especies de tortugas marinas que existen en el planeta. Pero no todo es miel sobre hojuelas: a todas estas especies las define la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, SEMARNAT, como en peligro de extinción. Por eso es una muy buena noticia que en 2002 haya llegado una enorme cantidad de tortugas golfina a depositar sus huevos en la playa de la Escobilla, en Oaxaca.

La golfina, Lepidochelys olivacea, es una tortuga pequeña, de cerca de 67 centímetros de longitud y 38 kilogramos de peso, que tiene una amplia distribución en casi todo el Pacífico tropical, exceptuando la región de Oceanía. Su temporada de anidación es de junio a septiembre. Ernesto Alba, coordinador del Centro Mexicano de la Tortuga, calcula que en una sola semana llegaron cerca de 400 mil tortugas a la playa de la Escobilla, y se depositaron cerca de 28.5 millones de huevos. El investigador explicó que el número de tortugas golfina que llega cada año va en aumento, ya que en las décadas de los años setenta y ochenta había un promedio de cuatro arribazones (llegadas masivas de tortugas a depositar sus huevos a las playas) y durante 2002 fueron 13. Sólo el huracán Paulina en 1998 provocó un descenso en el número de tortugas que llegó a la Escobilla, pero éste se restableció el siguiente año.

Otras especies menos afortunadas que la golfina, como la prieta y la laúd, actualmente están consideradas en grave riesgo. Ernesto Alva advirtió que el número de tortugas laúd que llega cada año ha ido en descenso desde hace varias décadas y algunos expertos opinan que no deben existir más de 600 ejemplares de esta imponente tortuga, que puede medir más de dos metros de longitud.

El gobierno federal de México decretó en 1990 una veda permanente a todas las especies de tortugas marinas. Es nuestra responsabilidad protegerlas para permitir a los niños y niñas que vendrán después de nosotros gozar con el increíble espectáculo de ver a miles de tortuguitas dirigirse a toda prisa al mar, iniciando así un ciclo que aún hoy sigue siendo un gran misterio: las migraciones animales.

¿Ave o dinosaurio?

En noviembre de 1999, la prestigiosa revista National Geographic publicó el hallazgo del fósil de un organismo con cuerpo de ave y cola de dinosaurio, al que se llamó Archaeoraptor. Se pensaba que este fósil, localizado en la provincia Liaoning de China, era el eslabón perdido entre los dinosaurios y las aves. Meses después la propia revista publicó un comunicado informando a sus lectores que se trataba de una equivocación. Pero si no se trataba de ese eslabón perdido, entonces ¿de qué organismo era el fósil?

En el 2000, la cola y los miembros inferiores fueron identificados como pertenecientes a Microraptor zhaoianus, un pequeño dinosaurio carnívoro con algunas características parecidas a las aves. Y a finales de 2002, Zhounge Zhou, del Instituto de Paleontología de Vertebrados y Paleoantropología en Beijing, y sus colegas, dieron a conocer que el resto del fósil pertenece al Yanornis martini, un ave que se alimentaba de peces.

La provincia de Liaonig es una fuente incomparable de fósiles del Cretácico, entre 124 y 145 millones de años atrás. Aquí se han encontrado fósiles de plantas, insectos, peces, tortugas, lagartijas y algunos mamíferos, además de aves y dinosaurios. Esta variedad de fósiles se debe a la gran cantidad de erupciones volcánicas en la zona; los vapores de las erupciones quemaban rápidamente a los animales que quedaban en los ríos poco profundos, sobre una capa de sedimento, permitiendo su fosilización. Algunos de los fósiles se encuentran formando placas y muchas veces los animales se fosilizaron uno encima de otro, dando la impresión de ser parte de un solo animal.

Sin embargo, “la idea de que las aves evolucionaron de los dinosaurios es apoyada por una cantidad tremenda de evidencia”, opina Kevin Padian, curador de la Universidad de California, Berkeley. Cada una de las especies fósiles encontradas brinda mucha información sobre la diversidad y evolución de los diferentes organismos, por lo que no se ha perdido la esperanza de encontrar el tan esperado eslabón entre los dinosaurios y las aves.

Abejas y minas antipersonales

¿Qué puede unir a estos simpáticos y muy trabajadores insectos con las minas explosivas, llamadas también “la peor forma de contaminación que existe”? De acuerdo con Jerry Bromenshenk, investigador de la Universidad de Montana, las abejas pueden ser utilizadas como detectores de minas antipersonales.

Bromenshenk ha estudiado a las abejas por más de 30 años y asegura que es más fácil entrenar abejas que perros, además de que son más trabajadoras y mucho más exactas. Esto se debe a que las abejas tienen un sentido del olfato muy desarrollado, cubren una superficie dada en muy poco tiempo y también tienen la capacidad de aprender, como lo han demostrado en experimentos desarrollados por este investigador en los que entrenó a grupos de abejas a salir de un laberinto.

Durante dos años las abejas han ayudado a los investigadores a localizar minas explosivas, en un proyecto que realizan en forma conjunta la Universidad de Montana y los Sandia National Laboratories, ambos de los Estados Unidos. Y esto no es poca cosa. La Cruz Roja calcula que existen entre 80 y 120 millones de minas explosivas en 70 países, entre otros, Afganistán, Irak y buena parte de los países de África del norte, y que diariamente 60 personas mueren o pierden extremidades debido a ellas. En esos países, miles de kilómetros de tierras que podrían sembrarse o servir de pastura para el ganado, no se utilizan ya que son trampas mortales.

Los investigadores estudian las rutas que siguen los vapores y los residuos de las minas antipersonales cuando son absorbidos por las partículas del suelo, disueltos en agua o consumidos por plantas y animales. Al estudiar en dónde se concentran, se puede detectar su presencia aún en niveles muy bajos. Bromenshenk y sus colegas han demostrado que mientras las abejas vuelan buscando polen y néctar, atraen en sus patas, alas o cuerpos, partículas de polvo y tierra, y al hacerlo realizan un muestreo químico de un área de dos kilómetros o más. Se han desarrollado unos “condominios” para abejas, altamente tecnificados, que llevan un registro de las veces que las abejas entran y salen (y por lo tanto la actividad que realizan), y también colectan las partículas de polen y polvo que acarrean para analizarse posteriormente y detectar así la presencia de explosivos.

Esta investigación podrá ayudar a minimizar el dolor y la destrucción causadas por estos artefactos, uno de los ejemplos más negros de la inventiva humana.

Leche vegetal

Es bien conocido que uno (si no es que el principal) de los problemas más graves que enfrentamos en nuestro país y en el resto del llamado Tercer Mundo, es el de la desnutrición. Preocupados por este enorme flagelo, un grupo de investigadores de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del Instituto Politécnico Nacional, dirigidos por Gloria Dávila, desarrollaron después de dos años y de una enorme cantidad de pruebas un sustituto de leche a partir de Lupinus, una planta de la familia de las leguminosas que tiene características nutricionales superiores a las de la soya: similar cantidad y tipo de aminoácidos, además de hierro y grasas.

El Lupinus es un arbusto de aproximadamente un metro y medio de alto que crece en bosques de pinos alrededor de los 2 500 metros sobre el nivel del mar. Desde hace mucho tiempo se utiliza para alimentar ganado en los estados de Michoacán (donde se le conoce con los vocablos purépechas Siuatsi y Tamazuchil), en Oaxaca y Jalisco. La planta también crece en zonas perturbadas, por ejemplo en bosques donde han ocurrido incendios forestales o talas.

Uno de los problemas que enfrentaron los investigadores fue que las semillas de Lupinus contienen alcaloides (compuestos orgánicos que tienen diversas propiedades farmacológicas, algunas tóxicas para los seres humanos), pero en la técnica que desarrollaron para elaborar este producto lograron eliminarlos. Ésta consiste en colocar las semillas en agua y bicarbonato y calentarlas, y una vez que la semilla está suave y parcialmente cocida, se le quita la cáscara y se muele. Con esto se elabora una suspensión que tiene color, olor y sabor similares a los de la leche. De acuerdo con Gloria Dávila, con un kilogramo de la semilla pueden elaborarse hasta seis litros del análogo de leche. Este producto también se sometió a procesos de fermentación y se obtuvo yoghurt, mantequilla y harina.

Otro reto fue el hecho de que el Lupinus es actualmente una planta silvestre, por lo que fue necesario integrar un grupo multidisciplinario de investigadores del Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo, el CIMMYT, que están trabajando en su domesticación.

El estudio originalmente fue desarrollado por Cristián Jiménez como tesis de maestría y con ella obtuvo el premio a la Tesis de posgrado 1999 que otorga anualmente el Politécnico. Ahora que han terminado las investigaciones, el paso siguiente será comercializar el producto para asegurar que llegue al mayor número de personas posible.

Un agujero negro en la Vía Láctea

Durante más de diez años, el astrónomo Rainer Schoedel, del Instituto de Astrofísica Max Planck de Alemania, y un grupo de investigadores de Francia, Israel y los Estados Unidos, han estudiado la órbita que describe una estrella localizada cerca del centro de la Vía Láctea y aseguran que en éste se aloja un hoyo negro colosal. La teoría dice que los hoyos o agujeros negros se forman debido al colapso de estrellas masivas que concentra tal cantidad de masa que nada puede escapar a su gravedad, ni siquiera la luz, por lo que son invisibles. “Invisibles pero poderosos” opina Tal Alexander, astrofísico del Instituto Weizmann, quien asegura que la presencia de un hoyo negro se confirma por el efecto que tiene su campo gravitacional en otros cuerpos celestes. Los astrónomos observaron la estrella S2, la cual orbita a una velocidad de 5 000 kilómetros por segundo alrededor de un extraño cuerpo celeste que es una fuente de radiación inusual, llamada Sagitario A. Gebhardt asegura que la trayectoria que realiza la órbita de S2 no puede explicarse por la presencia de estrellas de neutrones o de otros objetos más exóticos, sino por la de un hoyo negro supermasivo de una masa que han calculado es equivalente a la de tres millones de soles como el nuestro. Los astrónomos piensan que Sagitario A probablemente se formó como resultado de la destrucción de estrellas que se colapsaron hace miles de millones de años.

Los cálculos están basados en datos extraídos de potentes telescopios, entre ellos el European Southern Observatory, que se encuentra en el desierto de Atacama, en el norte de Chile, y funciona desde finales de 2001. Ahí lograron obtener imágenes más nítidas incluso que las del Telescopio Espacial Hubble.

Hemos entrado en una nueva época en la astronomía: es predecible que el desarrollo de instrumentos increíblemente precisos nos permitirá conocer el cosmos y los (a menudo extraños) cuerpos celestes que lo pueblan con mucho mayor detalle. Seguramente nos espera más de una sorpresa.

 

Martha Duhne

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