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24 de septiembre de 2018
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Ráfagas

No. 79

Él y ella: cerebros distintos

En abril de este año, la revista Scientific American publicó un artículo donde se hace un recuento de investigaciones dedicadas a entender el funcionamiento del cerebro en relación con las diferencias de género. Algunos resultados son asombrosos. Durante la década de los 60 se puso de moda una corriente de pensamiento que aseguraba que las diferencias de género se debían fundamentalmente a factores culturales, pero que en realidad hombres y mujeres éramos casi idénticos. Y luego resultó que cuando esa generación empezó a tener descendientes, por más esfuerzos que hicieran para resaltar la igualdad de trato, expectativas y responsabilidades en los pequeños, las conductas entre los diferentes sexos eran distintas, independientemente de la personalidad de cada uno. Entonces se empezó a cuestionar si no existirían realmente diferencias biológicas. Todo parece indicar que así es. Los estudios recientes, apoyados por tomografías y resonancias magnéticas (que nos permiten estudiar el funcionamiento del cerebro en personas vivas) demuestran que el género influye en muchas áreas del comportamiento humano, como la memoria, las emociones, la visión, la audición, el procesamiento de los rostros y la respuesta al estrés.

Hill Goldstein, de la Escuela de Medicina de Harvard, realizó estudios de resonancia magnética para medir el tamaño de diferentes áreas de la región cortical y subcortical del cerebro. Entre otras cosas, encontró que partes de la corteza frontal, que es donde se llevan a cabo funciones cognitivas, eran más grandes en mujeres que en hombres. En ellos es mayor la corteza parietal, involucrada en la percepción del espacio y también lo es la amígdala, una estructura que produce respuestas a excitaciones emocionales, todo lo que hace que el corazón lata con más rapidez o que fluya la adrenalina. Estas variaciones anatómicas podrían producir diferencias en la forma en que hombres y mujeres reaccionan al estrés.

Otros estudios descubrieron que las mujeres tienen una mayor densidad de neuronas en partes del lóbulo temporal (asociado con el procesamiento del lenguaje). Con esta información Sandra Witelson de la Universidad McMaster piensa investigar si estos resultados están relacionados con diferencias en las habilidades cognitivas entre ambos sexos; por ejemplo, en los mejores resultados que, por lo general, tienen las mujeres en pruebas que miden la fluidez verbal.

Estos estudios son importantes; en primer lugar, porque nos ayudan a entender mejor el funcionamiento del cerebro y las diferencias biológicas que existen entre hombres y mujeres. Pero también porque en lo que respecta a algunos trastornos y enfermedades, como la esquizofrenia o la depresión, probablemente deberá considerarse el género del paciente en el momento de realizar un diagnóstico y proponer un tratamiento.

Tortugas y salmonelosis

Si de mascotas se trata, ¿qué podría ser más seguro que una tortuga pequeña, que no sale de su pecera, ni se hace pipí por toda la casa, ni muerde los zapatos? Aunque todo lo anterior es cierto, las tortugas y otros reptiles que la gente adquiere como mascotas presentan un problema: pueden infectar a sus dueños de salmonelosis. La salmonelosis es una infección causada por bacterias del género Salmonella que produce vómitos, fiebre, diarrea y dolor de estómago. En personas con el sistema inmune deprimido o que estén tomando antibióticos, en mujeres embarazadas, en ancianos y en niños menores de cinco años, la salmonelosis puede volverse una enfermedad grave.

Esto se sabe desde hace tiempo y en 1975 la Food and Drug Administration, de los Estados Unidos, prohibió la venta de tortuguitas declarando a estos pequeños reptiles una amenaza para la salud cuando se encontró que más de 250 000 niños se habían infectado de salmonelosis por tener tortugas en sus casas. Según datos del gobierno estadounidense, la prohibición evitó más de 100 000 infecciones al año. En México, las tortugas se pueden comprar libremente, sin que exista siquiera un aviso de que son un riesgo para la salud.

Parece ser que no hay una forma de evitar la infección en las tortugas, pues aunque se les administren antibióticos, las bacterias vuelven a ocupar sus tractos digestivos en poco tiempo. Y cuando las bacterias salen del cuerpo de la tortuga en las heces fecales, contaminan su caparazón, sus peceras o jaulas y cualquier superficie con la que tengan contacto, incluyendo las manos y hasta la boca de los niños, quienes incluso llegan a besarlas o a metérselas en la boca. Para evitar las posibilidades de contagio se recomienda no limpiar las peceras en la cocina, la regadera o la tina; no tocar a las tortugas si se tienen heridas en las manos y nunca comer ni meterse nada a la boca después de haber tocado a una tortuga si no se han lavado las manos con jabón desinfectante. Otro buen consejo es no tener mascotas que se encuentran mucho mejor en su hábitat natural. Muchas personas tienen animales silvestres, que además de transmitir enfermedades o llegar a ser peligrosos, están en riesgo de extinción.

La nueva cara de Tutankamón

Diversas técnicas utilizadas en medicina forense le han dado por fin un rostro a Tutankamón, el faraón mas famoso de la historia, rey de Egipto hace 3 300 años. Tut, como se le llama coloquialmente, era conocido por varias esculturas de la época, entre ellas una máscara de oro que fue localizada en el año 1922, en una excavación dirigida por el británico Howard Carter. Pero el nuevo rostro no es una representación artística, sino la cara que debió tener en vida el faraón.

Este proyecto dio inicio cuando Zahi Hawass, secretario general del Consejo Superior de Antigüedades de Egipto, decidió contratar a investigadores forenses y a antropólogos físicos para que realizaran un estudio como los que se hacen rutinariamente en criminalística, con el fin de identificar restos óseos o para localizar criminales por medio de retratos hablados. Hawass contrató a expertos de tres países: Estados Unidos, Francia y Egipto. Ninguno de los equipos de científicos sabía de la existencia de los otros dos; esto con la idea de constatar que los resultados eran confiables.

Durante el mes de enero de este año, la momia de Tut fue desplazada del Valle de los Reyes a un sitio cercano donde se había montado un equipo de tomografía computarizada. Se tomaron 1 700 imágenes de la momia, desde los pies hasta la cabeza, y fueron entregadas al equipo francés, el cual creó un modelo del cráneo. El antropólogo forense Jean-Noël Vignal identificó el cráneo como perteneciente a un hombre joven, de 18 a 20 años de edad, con rasgos caucásicos, es decir, originarios de Europa, el norte de África, el Oriente Medio o la India. Después determinó las medidas y los rasgos de su cara y con estos datos construyó un cráneo de plástico, que pasó a la escultora forense Elisabeth Daynès. Ella modeló un rostro de plastilina, al que añadió piel de silicón y agregó detalles como el grueso de las cejas, la forma de la nariz y de las orejas. El equipo estadounidense, trabajando también con las imágenes de la tomografía, propuso en principio que se trataba de una mujer. Pero después concluyó que se trataba de un hombre de 18 o 19 años, casi seguramente del nor te de África. Y el equipo egipcio usó las mismas imágenes, pero como sabía que eran de Tut, las características que dieron a su modelo estuvieron basadas, en parte, en esculturas que fueron hechas durante su vida. Y lo asombroso es que los tres rostros son muy parecidos. Con el estudio se determinó que Tutankamón no fue asesinado, como se llegó a pensar, sino que poco antes de su muerte había sufrido un accidente: su muslo izquierdo presentaba una fractura que incluso dañó la piel. Los científicos piensan que la herida pudo infectarse y causarle la muerte.

Hawass planea seguir con un proyecto para realizar tomografías y elaborar modelos de los rostros de varias momias egipcias, que se exhiben actualmente en el Museo del Cairo. Sus rostros volverán a ver la luz después de más de tres mil años.

Coahuila y la Tierra primitiva

Si en una noche (de preferencia lejos de la iluminada Ciudad de México) miramos al cielo y además de las estrellas que alcanzamos a ver, nos imaginamos las millones de millones que hay en el espacio, sería lógico pensar que ese largo y complejo proceso que desembocó en la vida en la Tierra se haya dado en otro lugar del Universo.

Muchos científicos llevan años de investigación, y mucho dinero invertido, tratando de encontrar señales de vida en algunos de los cerca de 150 planetas que han localizado fuera del Sistema Solar en la última década, o en sus satélites. No esperan encontrar monigotes verdes con antenas y traje plateado piloteando naves espaciales, sino más bien buscan las huellas de los microorganismos que permitieron que, a través de millones de años, se desarrollara la intrincada red de organismos que conforman actualmente la vida en nuestro planeta.

Pero quizá esa búsqueda sea más fácil si primero conocemos mejor nuestra propia casa. Investigadores de la NASA están estudiando un sitio llamado Cuatro Ciénegas, que es un conjunto de más de 200 lagunas, pozas, ríos y ciénegas, en el estado de Coahuila. El interés de los científicos del Instituto de Astrobiología de la NASA son unas antiguas formaciones que se encuentran en las lagunas, los estromatolitos, estructuras de roca formadas por capas de algas con lodo en su interior. Las condiciones dentro de los estromatolitos son parecidas a las que existieron en la Tierra durante más de dos mil millones de años, antes de que aparecieran los dinosaurios. Los estromatolitos y otras colonias de organismos unicelulares habitaban los pozos de agua que permanecieron en tierra firme, cuando los mares se desplazaron por los movimientos de las placas tectónicas, hace más de 100 millones de años, y son ejemplos de formas de vida primitivas, que fueron la base de otras cada vez más complejas. “La mayor parte del tiempo en que ha existido vida en la Tierra fue así, no como las plantas y animales que conocemos hoy en día” aseguró Brad Bebout, del Centro de Investigación Ames, de la NASA. Los investigadores están haciendo mediciones de los gases y tomando muestras de las células y los químicos que rodean a los estromatolitos, para posteriormente desarrollar modelos de las condiciones atmosféricas que eran propicias para esas formas de vida primitiva. Después buscarán planetas que tengan estas características. Para ello se está diseñando un observatorio espacial, el Buscador de Planetas Terrestres, que será puesto en órbita en 2014.

Podría ser que pequeñas pozas en medio de un desierto tengan las pistas que nos permitan saber, en algunos años, si estamos o no solos en el Universo.

Machos atractivos

Una investigación reciente, realizada por Constantino Macías y Elvia Ramírez, del Instituto de Ecología de la UNAM, demuestra cómo las hembras han ganado una batalla en lo que podría llamarse la “guerra” de los sexos. En este caso no se trata de todas las hembras, sino sólo de las que pertenecen a la subfamilia Goodeinae, unos peces que viven en el centro de México, cuyos machos presentan unas bandas de color amarillo en sus colas. Es común encontrar especies en las que los miembros de uno de los sexos, generalmente el masculino, tengan estructuras, conductas o colores muy extravagantes, lo que se conoce como ornamentos. Pero, ¿por qué tiene que gustarle a las hembras tal o cual ornamento en particular? Una posible explicación es que los ornamentos evolucionaron de preferencias que ya tenían las hembras. Por ejemplo, si hay hembras que históricamente han sido atraídas por frutos de color rojo, cualquier macho que desarrolle manchas rojas en el cuerpo resultará llamativo para ellas. Esto se conoce como “trampa sensorial” y es una explicación de por qué las hembras prefieren machos ornamentados. En el caso de los goodeidos, cuando los machos mueven la cola, la franja amarilla semeja un gusanillo o larva, que podría parecer apetitoso a las hembras e inducirlas a acercarse e intentar comerlo. Sin embargo, los investigadores encontraron que las hembras de las especies en que los machos no tiene franja están muy dispuestas a intentar comer esos “gusanillos” (los muerden), mientras que las hembras de especies en que los machos tienen franjas muy llamativas ya no caen tanto en esa trampa: no intentan comer las colas de los machos. Lo interesante es que las hembras de todas las especies estudiadas pasan más tiempo cerca de machos con franja vistosa que cerca de machos sin esa franja (por supuesto, en el estudio la franja tuvo que ser pintada en las especies en que no ocurre naturalmente). Esto supone que las preferencias sexual y alimenticia al principio están ligadas, pero conforme la franja evoluciona, la preferencia sexual permanece y la alimenticia desaparece; las hembras escapan de la trampa sensorial. Pero ¿por qué siguen las hembras usando esa franja como indicador de atractivo en los machos? Al parecer, los machos con franjas muy marcadas reciben constantemente mordidas de otros peces que les arrancan trocitos de la cola, por lo que a la larga, nadie debería tener esa franja. Sólo aquellos machos que puedan pagar el costo de estar regenerando su cola y adquiriendo los pigmentos con las que se pintan de amarillo, lograrán atraer a las hembras.

El trabajo de Macías y Ramírez muestra que la evolución de ornamentos se puede entender como un proceso en el que las explicaciones históricas dan paso gradualmente a las explicaciones funcionales. La investigación se publicó en la revista Nature en el mes de marzo y es una contribución para entender cómo ha funcionado la evolución de las interacciones entre los sexos a través de millones de años.

Constantino Macías

 

Martha Duhne Backhauss

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