Ráfagas 329
Ráfagas
María Luisa Santillán
Ilustración: revista ¿Cómo ves?
Hormigas altruistas
Las hormigas son insectos sociales que nunca dejan de maravillarnos. Recientemente se descubrió que son capaces de sacrificarse cuando tienen una enfermedad que podría acabar con toda la colonia. Una investigación realizada por el Instituto de Ciencia y Tecnología de Austria analizó esta conducta altruista en la hormiga de jardín invasora Lasius neglectus y encontró que cuando sus crías están en transformación de larva a adulto, una etapa llamada pupa, liberan un olor específico si están infectadas con el hongo Metarhizium brunneum, que resulta letal. Si las obreras perciben este aroma sacan a las pupas infectadas de su capullo, les hacen un orificio e introducen por allí ácido fórmico, que ellas producen y que funciona como desinfectante. Esto mata al patógeno pero también a la pupa, con lo cual se detiene la transmisión del hongo al resto de la comunidad.
La investigación, publicada en Nature Communications, puntualiza que la señal química que emiten las pupas debe ser muy precisa para que las obreras sólo extraigan a las enfermas. Se encontró que dos moléculas de la superficie del cuerpo de la pupa proliferan cuando está enferma. Además se observó que las pupas de reina no emiten esta señal, pues su sistema inmunitario les permite controlar la infección, a diferencia de lo que ocurre con las pupas de obreras, que deben alertar a la colonia. El estudio destaca que esta conducta de autosacrificio no se observa en otros animales sociales que, por el contrario, ocultan sus enfermedades para evitar ser excluidos.
Foto cortesía de Max Devis
Los tatuajes afectan el sistema inmunitario
Los tatuajes son una práctica cultural muy antigua y actualmente muy popular entre jóvenes. A nivel mundial se estima que una de cada cinco personas tiene uno. Por ello, desde hace varios años se realizan estudios para valorar sus implicaciones para la salud. Un estudio realizado en la Universidad de la Suiza Italiana en colaboración con 12 grupos internacionales determinó que la tinta de los tatuajes no se queda en la piel, sino que viaja y se acumula en los ganglios linfáticos, que son importantes para el sistema inmunitario. Los macrófagos —células que detectan y destruyen microorganismos dañinos— en el interior de los ganglios capturan el pigmento y mueren al no poder descomponer la tinta. El ciclo de captura y muerte se repite con otros macrófagos, con lo que se acumula más tinta en los ganglios linfáticos. Esto provoca una respuesta inflamatoria que puede durar de días a años. Los científicos destacan que la inflamación prolongada puede debilitar el sistema inmunitario y aumentar la vulnerabilidad a infecciones y tumores.
Para esta investigación, publicada en la revista pnas, se analizó la trayectoria de la tinta en modelos animales y muestras humanas. Se estudiaron particularmente tres colores de tinta: negro, rojo y verde, y se encontró que los dos primeros son los más problemáticos. También se analizó si tener un tatuaje afecta la eficacia de una vacuna en modelos animales y se encontró que, después de la vacunación, los ratones tatuados mostraron niveles de anticuerpos significativamente más bajos que los que no tenían tatuajes.
New Africa/Shutterstock
Cambios acelerados en el adn del oso polar y su supervivencia
Los osos polares se enfrentan a una situación desoladora. Con el aumento de la temperatura global su hábitat, su alimentación y su estilo de vida están cambiando, al grado de que se prevé que más de dos tercios de la población haya desaparecido para 2050 y que para finales del siglo la especie se extinga. Una investigación liderada por la Universidad de Anglia Oriental encontró algo que podría ser una esperanza para estos mamíferos: el adn de los osos polares está cambiando, lo que podría ayudarlos a adaptarse a climas más cálidos. Se encontró que ciertos genes relacionados con el estrés por calor, el envejecimiento y el metabolismo se comportan de manera diferente en los osos polares del sureste de Groenlandia, donde el clima en los últimos años ha sido más cálido, que en los del norte. El estudio se publicó en la revista Mobile dna.
Para esta investigación se analizaron datos genéticos de 17 osos polares adultos: 12 del noreste y cinco del sureste de Groenlandia. En particular se estudió la actividad de genes llamados transposones —pequeñas piezas de adn que pueden moverse dentro del genoma e influir en la función de otros genes—, su relación con las temperaturas en las dos regiones y los cambios en los efectos de dichos genes en los animales. Se encontró que un incremento en las temperaturas puede elevar la actividad de los transposones y cambiar rápidamente cómo se expresa el adn de los osos. Otro cambio reportado en el estudio fue el procesamiento de grasas. Esto es importante porque los osos del sureste podrían estar adaptándose a dietas basadas en plantas que encuentran en las regiones más cálidas, al contrario de lo que ocurre con los osos del norte, cuyas dietas se basan en focas.
DesignbyEllie/Shutterstock
Analizan composición y origen de Theia
Hace 4 500 millones de años por nuestro Sistema Solar transitaba un enorme cuerpo celeste que hoy conocemos como Theia y que en algún momento chocó con la joven Tierra. Se cree que el material que salió expulsado de ese gran impacto dio origen a la Luna, y que parte del material proveniente de Theia se incorporó a la Tierra, cuya composición y órbita se vieron afectadas por la colisión. Algunas preguntas que se ha buscado responder son de qué estaba compuesto Theia y de dónde venía. Para ello un grupo internacional de investigadores analizó la composición isotópica de rocas lunares traídas por las misiones Apolo, de rocas terrestres y de diferentes meteoritos. Estudiar los isótopos —variedad de un elemento químico que tiene en su núcleo el mismo número de protones pero diferente número de neutrones— es importante porque su distribución en el Sistema Solar primitivo no fue igual para los objetos ubicados cerca del Sol que para los más alejados, por lo que se consideran una huella digital para identificar el origen de un cuerpo celeste. Por ejemplo, desde hace años se sabe que la Luna y la Tierra comparten la misma huella isotópica, pero conocer la composición de Theia es más complicado porque en el impacto se mezclaron distintos materiales. Por ello, los investigadores midieron isótopos de hierro de rocas lunares y terrestres y combinaron sus resultados con mediciones de otros materiales como cromo, molibdeno y circonio, los cuales dan información sobre las distintas fases de la formación planetaria. Con datos de las proporciones de isótopos que se encuentran en las rocas terrestres y lunares hicieron modelos de la posible composición y tamaño de Theia y de la Tierra primitiva que pudieran haber llevado al estado actual de ambos tipos de roca. Los resultados, publicados en la revista Science, sugieren que Theia no provino del espacio profundo, pues el material con el que se formó parece provenir de más cerca del Sol que nuestro planeta, y que pudo haberse originado en la parte interna del Sistema Solar.
nasa/jpl-Caltech











