4 de abril de 2026 4 / 04 / 2026

Soy 329

Nuri Acevedo Garduño

Nuri Acevedo Garduño

Fotos cortesía de la autora

Siempre fui una niña muy organizada y comprometida con la escuela. Me encantaba leer, sobre todo libros de terror y esas historias juveniles que imaginan otros mundos o futuros. Era tímida, pero al mismo tiempo me gustaba retarme y hacer cosas que me sacaran de mi zona de confort, porque no me gustaba quedarme quieta ni sentir que no estaba esforzándome.

Estudié neurociencias porque quería entender el cerebro: cómo funciona, cómo se daña y qué pasa a nivel celular y molecular en distintas enfermedades. Además, la idea de trabajar en un laboratorio, haciendo experimentos y descubriendo cosas nuevas, me emocionaba muchísimo. Hablando del laboratorio, lo que más me gusta es que siempre hay algo nuevo que hacer: puedes estar realizando experimentos, aprendiendo una técnica nueva o leyendo artículos para entender mejor lo que estás estudiando. Nunca es aburrido. Lo que menos me gusta es que a veces los reactivos tardan mucho en llegar, y eso puede retrasar los experimentos.

Cuando un experimento sale bien siento mucha satisfacción y felicidad. Es un momento muy emocionante, y siempre me dan ganas de contarles a mis amigues que por fin funcionó. Es la confirmación de que todo el tiempo, el esfuerzo y la paciencia valieron la pena. Cuando sale mal siento frustración y, a veces, culpa. Frustración porque, aunque sigas los protocolos, con el tiempo aprendes que no siempre se adaptan perfectamente a tus muestras o a tu modelo experimental. Y culpa porque los reactivos son limitados, y siempre piensas que tal vez pudiste planearlo mejor. Pero también he aprendido que equivocarse es parte esencial de hacer ciencia. Muchas veces aprendes más de lo que no funciona que de lo que sí. Con el tiempo entiendes que fallar no significa que vas mal, sino que estás avanzando.

De no haber estudiado neurociencias probablemente habría elegido medicina. Desde pequeña me interesaban mucho los temas relacionados con la salud y la investigación. Siempre me imaginé en un ambiente donde pudiera entender el cuerpo humano y ayudar a mejorar la vida de las personas. Además, siento que este tipo de carreras no son sólo un trabajo, sino una forma de ver el mundo.

En el doctorado estoy estudiando cómo cambia la forma en que las células endoteliales, que forman los vasos sanguíneos, perciben y responden al flujo sanguíneo después de un infarto isquémico. Este proceso se conoce como mecanotransducción, y es esencial porque les permite detectar la fuerza del flujo y regular el diámetro de los vasos para asegurar que el cerebro reciba suficiente sangre. Cuando ocurre un infarto isquémico y el flujo se interrumpe estos mecanismos se alteran, lo que afecta la capacidad de los vasos para distribuir la sangre de manera adecuada. Mi investigación busca entender estos cambios, dado que las células endoteliales podrían convertirse en un blanco terapéutico para mejorar la distribución del flujo sanguíneo y proteger el tejido cerebral tras este tipo de infarto.

Como en muchas otras disciplinas, la investigación científica sigue siendo un espacio donde, en términos estructurales, suele ser más sencillo crecer siendo hombre. Pero también es cierto que, gracias al trabajo de muchas investigadoras que estuvieron antes que yo, hoy este camino es más navegable. En ese sentido, la ciencia no sólo ha sido un lugar para trabajar, sino un espacio para hacerme preguntas y transformarme. Saber que hubo mujeres que abrieron brecha me hace avanzar con una mezcla de conciencia crítica y profunda gratitud.

Más que centrarme únicamente en los retos, me gusta hablar de las herramientas que he descubierto en el proceso. Una de ellas ha sido aprender a reconocer cuando no sé algo y convertirlo en una oportunidad para acercarme a quienes sí saben. Sí, he tenido que ganarme mi lugar y demostrar que estoy aquí por mi esfuerzo, como ocurre en cualquier profesión, pero he entendido que demostrar no implica hacerlo desde la competencia constante. También se puede construir credibilidad desde la disciplina, la colaboración y la apertura para aprender. Esa postura ha hecho mi formación más enriquecedora.

Asimismo, he entendido que cuidar la salud mental no es un lujo, sino una decisión consciente. En un entorno donde es fácil desdibujar los límites entre el trabajo y la vida personal (sobre todo cuando parece que siempre hay que hacer un esfuerzo extra para ganar credibilidad) sostener el equilibrio es un acto de responsabilidad conmigo misma. Gran parte de ello ha sido posible gracias a la red de apoyo que he construido, conformada en su mayoría por mujeres con quienes los vínculos son recíprocos y no recaen únicamente en mí.

Sí, ha habido sacrificios: tiempo, relaciones y expectativas, así como, el ejercicio constante de cuestionar prejuicios externos e internos. Pero justamente por eso creo que hacerlo como mujer me ha permitido crecer y habitar este espacio sin renunciar a mí misma. Al mismo tiempo, también ha habido hombres que han contribuido de manera significativa a mi proceso, desde la guía académica hasta el acompañamiento personal. Reconocerlo es importante, porque la ciencia se construye en comunidad. En pocas palabras, amo ser mujer haciendo ciencia. Y, a pesar de los retos que he enfrentado, no cambiaría esta experiencia por vivirla desde otro lugar.

Tengo cuatro perritas que han llegado a mi vida en distintos momentos. Bonnie es una salchicha muy activa y cariñosa. Lorenza es una mezcla, muy hiperactiva pero también muy amorosa. Sally es grande, color café, muy juguetona y siempre quiere estar cerca de mí. Y Frijol es pequeña, muy encimosa, pero también muy linda. Y si pudiera tener otra mascota, definitivamente elegiría otro perrito.

Ahora me encanta leer ficción histórica y fantasía, porque te permiten visitar otros mundos y épocas. Pero también me gusta leer libros que mis amigues me recomiendan, aunque sean de géneros que normalmente no elegiría. Creo que es una buena forma de descubrir cosas nuevas. Me encanta el arroz rojo y las pechugas empanizadas. Y mi comida favorita de fin de semana es la barbacoa con su consomé.

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