1 de noviembre de 2026 1 / 11 / 2026

Soy 336

Yareli Jáidar Benavides

Yareli Jáidar Benavides

Fotos cortesía de la autora

De niña era, en general, tranquila. Me gustaban las actividades al aire libre (en ese entonces y hasta el día de hoy) y pasar tiempo con mis amigos y mi familia. Siempre he sido amante de los animales; desde chiquita tuvimos en casa perros grandes (tres rottweilers, un pastor alemán, dos boyeros de flandes) y otros animales improbables, como un tecolotito que rescatamos y vivió con nosotros como por cinco años. También íbamos a ver caballos a un lienzo charro de un amigo de mi papá, que nos dejaba montarlos y llevarles zanahorias. Además de los animales siempre me ha gustado mucho el deporte. Mi hermano y yo empezamos a entrenar karate desde muy chicos con mi papá, lo que nos inspiró a hacer otras artes marciales por muchos años.

Al principio quería ser médica, como mis padres. Pero en la preparatoria me enteré de que existía la carrera de restauración de arte en la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía Manuel del Castillo Negrete del Instituto Nacional de Antropología e Historia, y me encantó el programa al ver que combinaba el estudio del arte con el patrimonio cultural, la historia… ¡y las ciencias!

Además, se viajaba mucho. Fue la combinación perfecta.

Luego hice un doctorado en ciencia aplicada a la conservación del patrimonio cultural en Florencia, Italia. Básicamente consistió en estudiar química y ciencia de materiales, y ahí me especialicé sobre todo en materiales nanoestructurados para la conservación.

Me gustan muchas cosas de mi oficio: ciertamente estar en contacto con obras de arte y patrimonio cultural, así como trabajar en zonas arqueológicas, pues puedo hacerlo directamente con comunidades locales. Pero también la oportunidad de visitar lugares increíbles y conocer estos bienes culturales a fondo, entender con qué están hechos, cómo se crearon, poder verlos a nivel macro y luego a nivel micro en el microscopio… es espectacular. Lo único que no disfruto tanto son los asuntos administrativos, que son tediosos, aunque necesarios.

También me encanta la naturaleza y amo viajar. Me encantaría conocer Petra en Jordania y contemplar esa gran ciudad tallada en piedra. Me maravilla pensar cómo el talento humano permitió crear una obra de tal magnitud.

También me encantaría vivir la experiencia de ver una aurora boreal, e ir al Amazonas (si la selva mexicana me encanta no puedo ni imaginar cómo debe ser estar en ese gigantesco pulmón del mundo). Nunca he viajado a lugares de clima muy frío, pero también quisiera ir a la Patagonia y conocer la variedad de ecosistemas, lagos y glaciares que existen ahí.

Me falta conocer miles de lugares en México, como Cuatro Ciénegas, y tener otras experiencias soñadas, como bucear en el Mar Rojo y en las Galápagos. En fin, podría hacer una lista enorme, y eso que no he mencionado las ciudades históricas que me gustaría conocer. Pero sí… como ya dije, amo viajar: te permite conocer culturas, gente, costumbres, tradiciones, probar la comida local y vivir miles de experiencias.

Los animales son otra gran pasión mía. Como ya dije, siempre tuve perros, a los que adoré en cada etapa de mi vida, y ahora tengo a Lasha, que es una perra que me adoptó hace ocho años cuando se subió a mi coche y está conmigo desde entonces. Pero todos los animales me gustan mucho: los felinos (vi un par de jaguares libres en medio de la selva en un viaje a Calakmul, y también un puma en otra ocasión, y son impresionantes); las aves, muchos reptiles… todos los animales me parecen fascinantes. Me encanta la naturaleza.

También me gusta mucho comer, y como de todo. Amo la comida mexicana, la mediterránea, la libanesa… casi todo en el espectro de lo salado. Lo dulce no tanto porque me empalago muy fácilmente.

Tengo varios hobbies, como las artes marciales (karate y jiu jitsu brasileño, que hace varios años ya no hago), caminatas de montaña, danza aérea (telas, principalmente) y hace unos tres años empecé a bucear, lo que me ha permitido descubrir un nuevo mundo completamente apasionante. También me gusta leer novelas históricas y libros de misterio, como los de Agatha Christie y las historias de Sherlock Holmes. Uno de mis libros favoritos es El nombre de la rosa, de Umberto Eco. Y también me gusta mucho la serie Life in Color with David Attenborough.

Las experiencias más memorables e inesperadas de mi trabajo las he tenido en restauración de zonas arqueológicas, donde te introduces en la naturaleza y ves y convives con la fauna local. Una vez fui a Campeche y presencié cómo salía una colonia de murciélagos de su cueva —en la que viven como siete especies diferentes—; ves a algunos animales ir entre los árboles, otros pasan por encima de ti… un espectáculo. Por supuesto, también lo es participar en proyectos arqueológicos y asistir a las excavaciones, presenciar descubrimientos de pintura mural, ofrendas, cerámica.

Considero que un reto interesante de mi trabajo en restauración consiste en entender el comportamiento de los materiales y cómo envejecen y reaccionan con otros, así que favorecer la conservación del patrimonio cultural es uno de los problemas más difíciles e interesantes al mismo tiempo: pensar en cómo retardar su deterioro, qué productos se pueden aplicar sin alterar su estabilidad o apariencia son siempre desafíos presentes en el campo.

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