Ojo de mosca 331
Ciencia y gobierno
Martín Bonfil Olivera
Mosca de los narcisos. Merodon equestris. Clase: Insecta. Subclase: Pterygota. Filo: Endopterygota. Orden: Diptera
El Artículo Tercero de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos establece que la educación que imparta el Estado incluirá, entre otras cosas, “el conocimiento de las ciencias y humanidades: la enseñanza de las matemáticas […] la tecnología, la innovación”. Añade que “el criterio que orientará a esa educación se basará en los resultados del progreso científico”.
Y más adelante anuncia que “toda persona tiene derecho a gozar de los beneficios del desarrollo de la ciencia y la innovación tecnológica”, y que “el Estado apoyará la investigación e innovación científica, humanística y tecnológica”.
Leyendo esto uno podría preguntarse: ¿por qué tanto énfasis en la ciencia y en la tecnología derivada de ella? ¿Por qué privilegiar específicamente una forma de conocimiento, el científico, sobre tantas otras maneras de explorar e interpretar el mundo?
Pues… hay buenas razones. A diferencia de otras formas de obtener conocimiento la ciencia ha desarrollado un método —en realidad numerosos métodos que comparten características fundamentales— que ha resultado enormemente exitoso. Se basa, entre otras cosas, en obtener datos a partir de la observación y la experimentación rigurosas y reproducibles, analizarlos críticamente, formular hipótesis y teorías que puedan someterse a prueba y ser corregidas o refutadas y discutir de manera constante y abierta con otros especialistas. Todo ello con el fin de obtener conocimiento, si no “objetivo”, sí lo menos subjetivo posible. Y sobre todo, lo más confiable posible.
Aquí radica la ventaja del conocimiento científico: cuando se aplica normalmente funciona. Es en esto que la ciencia supera a otras formas de conocimiento: es confiable. Cuando la utilizamos nos proporciona respuestas eficaces. Por eso vemos aviones, teléfonos inteligentes y vacunas producto de la investigación científica y tecnológica, pero nunca basados en formas de conocimiento religiosas, filosóficas o tradicionales. Por ello todos los gobiernos del mundo priorizan la educación científica entre sus ciudadanos.
Pero no sólo eso: cuando hay que tomar decisiones en campos en los que la ciencia tiene algo que decir los gobiernos del mundo las toman con base en el conocimiento científico. Porque sabemos que esa es la mejor manera de resolver de manera efectiva los problemas prácticos. Porque hacerlo de otro modo sería irresponsable.
Cuando no se hace así surgen problemas, como el derrumbe de edificios mal planeados, la aparición de epidemias por sistemas de salud mal manejados, la pérdida de cosechas por políticas agrícolas pobremente concebidas y muchas otras dolencias sociales que pudieron evitarse de haber tomado en cuenta el conocimiento científico pertinente.
Cierto: la ciencia no es la única ni la “mejor” forma de obtener conocimiento. Y muchos problemas sociales y ambientales van más allá de lo que la ciencia nos puede decir. Pero cuando se trata del mundo natural, la ciencia es sin duda la forma de conocimiento más confiable con la que contamos.












