Ojo de mosca 332
Regreso a la Luna
Mosca sin identificar. Clase: Insecta. Subclase: Pterygota. Filo: Endopterygota. Orden: Diptera
Ilustración: revista ¿Cómo ves?
Prácticamente todo el mundo estuvo pendiente de la misión Artemis II de la nasa, que en abril de este año envió a cuatro astronautas en un recorrido alrededor de nuestro satélite natural. Una excelente noticia, no sólo por lo que significa como logro técnico, sino por lo que revela sobre el interés de los ciudadanos del planeta por la ciencia.
Y es que, contra la idea de que la ciencia y la tecnología no le interesan al público general, la atención que recibió Artemis II a nivel global, en todos los medios de comunicación y todos los grupos de edad, fue comparable a la que recibieron las primeras misiones espaciales en los años 60 del siglo pasado.
¿Por qué esta fascinación? En primer lugar, es la primera misión lunar tripulada desde que terminó el programa Apolo en 1972, hace 54 años. Están además el suspenso del despegue y el amarizaje al regreso, y las asombrosas imágenes de la Luna y la Tierra que recibimos. Pero otra razón importante es que hay un afán natural de exploración que caracteriza a nuestra especie. Los humanos somos exploradores por naturaleza. A lo largo de nuestra historia, desde que salimos de nuestra África nativa para conquistar los cinco continentes, nuestro instinto nos ha hecho avanzar siempre hacia lo desconocido en busca de nuevos espacios, nuevas experiencias y nuevas posibilidades de supervivencia y florecimiento.
Más allá de esto, ¿por qué vale la pena regresar a la Luna? Esta frontera espacial, cuyas orillas apenas estamos explorando, es el principio de un viaje a muy largo plazo, que tarde o temprano —si no nos destruimos a nosotros mismos antes— puede decidir la supervivencia de nuestra especie.
Porque nuestro planeta no será eterno. Aun si resiste el daño que le estamos haciendo, y si no es golpeado por algún enorme cometa o la radiación de alguna supernova cercana, algún día tendrá un final inevitable. Según los expertos, esto ocurrirá en unos 7 500 millones de años, cuando el Sol se expanda, hacia el final de su vida, para convertirse en una enorme estrella gigante roja que engullirá la Tierra.
Puede parecer que falta muchísimo tiempo como para empezar a preocuparnos… pero tomando en cuenta los muchos otros riesgos que corremos como especie, ¿no es mejor comenzar desde ahora a desarrollar los medios para viajar a otros planetas habitables y garantizar así que la raza humana no desaparezca del cosmos?
Y aun si nos resistimos a adoptar esa perspectiva de muy largo plazo, basta considerar los avances tecnológicos desarrollados como consecuencia de los programas espaciales, y que han mejorado el nivel de vida de millones de personas en todo el mundo. Computadoras, nuevos materiales, comunicaciones, procesamiento de alimentos y desechos corporales, redes satelitales de geolocalización (gps, que hoy tenemos en nuestros teléfonos inteligentes), termómetros infrarrojos, espuma con memoria, audífonos inalámbricos… la lista es enorme.
Por eso es tan triste escuchar a personas que todavía se preguntan si el dinero invertido en la exploración espacial ha valido la pena. ¡Nada como mirar al espacio para ampliar nuestras perspectivas!












