4 de julio de 2026 4 / 07 / 2026

Ráfagas 332

Ráfagas

María Luisa Santillán

Ilustración: revista ¿Cómo ves?

Placas tectónicas activas hace 3 500 millones de años

La Tierra es el único planeta del Sistema Solar que tiene tectónica de placas, un proceso que se cree que pudo ser fundamental para la evolución de la vida. Sin embargo, no se sabía cuándo empezó esta actividad geológica. Recientemente, un estudio dirigido desde la Universidad de Harvard y publicado en la revista Science sugirió que el movimiento de las placas tectónicas comenzó hace casi 3 500 millones de años. Para llegar a esta conclusión los investigadores analizaron muestras del cratón de Pilbara, en Australia occidental, y del cinturón de rocas verdes de Barberton, en Sudáfrica. Los cratones son grandes bloques de corteza terrestre que han permanecido intactos por miles de millones de años. En estas regiones están los más antiguos y mejor preservados del planeta; ambos tienen una edad similar.

Para este trabajo aplicaron técnicas de paleomagnetismo, que permiten reconstruir la posición del campo magnético terrestre cuando se formaron las rocas. Estos rastros magnéticos también proporcionan información sobre la orientación y la latitud de las rocas en el pasado. Tras analizar la dirección y la intensidad de los campos magnéticos en más de 900 muestras, encontraron que el cratón de Australia se desplazó hacia el norte durante varios millones de años, en tanto que el de Sudáfrica no se movió durante ese periodo. Para los científicos esto significa que ambas zonas eran parte de placas distintas que se movían de forma independiente, lo cual los llevó a proponer que hace casi 3 500 millones de años ya existían las placas tectónicas, aunque podrían haberse movido de manera distinta y no tener una dinámica tectónica tal y como hoy la conocemos.

Placas tectónicas activas hace 3 500 millones de añosPilbara.Paul Farey/Shutterstock

Somos más de los que el planeta puede mantener

Actualmente viven en la Tierra 8 300 millones de personas, una cifra que supera por mucho la capacidad de carga del planeta, un concepto que se refiere a la cantidad de individuos que puede mantener un ecosistema. Si la población sigue creciendo y al mismo ritmo de consumo de recursos enfrentaremos mayores desafíos ambientales y sociales, señala un estudio realizado desde la Universidad de Flinders en Australia y publicado en Environmental Research Letters. Para este trabajo se analizaron más de dos siglos de datos de la población mundial.

Los investigadores explican que la población mundial que podría mantenerse con los recursos del planeta actualmente es de 2 500 millones de personas (como la que había a mediados del siglo xx). Si la población hoy es tres veces mayor es gracias a los combustibles fósiles, que han modificado artificialmente los límites ecológicos —pero aceleraron el cambio climático y la contaminación—, y por la explotación de los recursos naturales. Los autores destacan que de persistir las tendencias actuales, a finales de la década de 2060 o inicios de la de 2070 podría haber en el mundo entre 11 700 y 12 400 millones de personas, lo cual conduciría a crisis ambientales profundas, pues los patrones de consumo pueden intensificar la presión ambiental. Los investigadores señalan que su estudio no predice un colapso repentino, sino que es una evaluación de lo que podría venir si no se hace nada. Con sus hallazgos esperan que los gobiernos y la comunidad reconozcan los límites ambientales del planeta y establezcan estrategias para reducir el consumo y protejan a la naturaleza.

Somos más de los que el planeta puede mantenerCarl Campbell/ Flickr

Murciélagos viajeros y polinizadores

Los zorros voladores australianos son grandes murciélagos conocidos por ser buenos polinizadores y dispersores de semillas, ya que pueden transportar polen a grandes distancia; más de 500 especies de plantas han adaptado sus flores para atraerlos. Algunos de los problemas a los que se enfrentan son el calentamiento por el cambio climático, los incendios y la deforestación. Para un estudio reciente de la Universidad de Sídney se analizaron datos de más de 1 200 refugios de las cuatro especies que existen en Australia y cuáles son sus distancias de forrajeo. Encontraron que su área de influencia abarca entre 11,6 y 41,4 millones de hectáreas que incluyen bosques nativos, plantaciones madereras y áreas de reforestación.

Luego analizaron el área de influencia de una de las cuatro especies: los zorros voladores de cabeza gris (Pteropus poliocephalus) y encontraron que contribuyen a la creación de 91 millones de árboles cada año y que sus servicios de polinización permiten la generación de entre 194 y 684 millones de dólares anualmente para la industria australiana maderera de eucalipto. Como parte de este estudio los investigadores destacan el término bat ripple, algo así como el efecto dominó que tienen los murciélagos sobre el territorio al ser capaces de recorrer grandes distancias en poco tiempo —algunas especies hasta 500 kilómetros en 48 horas— e influir en varios ecosistemas. Destacan que si disminuyen las poblaciones de zorros voladores ocurrirían varios efectos en cascada, pues se reduciría la calidad de la polinización, el número de árboles y la productividad forestal a largo plazo, además de que la biodiversidad del lugar cambiaría. Por ello, en el estudio publicado en Scientific Reports los investigadores destacan la importancia de conservar y proteger a estos animales y conocer su papel en los ecosistemas australianos.

Dave Irving/ShutterstockDave Irving/Shutterstock

Bebés con bajo peso al nacer por calor extremo

El calor extremo acarrea graves consecuencias para la salud en dos poblaciones vulnerables: las mujeres embarazadas y sus recién nacidos. Un estudio dirigido desde la Universidad de Adelaida en Australia analizó más de 85 mil registros de salud materno-infantil entre 2008 y 2017 con el fin de determinar la relación entre el calor y el peso al nacer. Encontraron que en 13 % de los casos el calor extremo tenía un impacto en el tamaño de los bebés al nacer; sus proyecciones destacan que esta incidencia aumentará hasta 10 % para la década de 2060. También observaron que estos casos se dan mayormente en los meses más cálidos, justo cuando la humedad, la precipitación y las temperaturas son más altas.

Además, destacaron que este riesgo aumenta hasta 70 % más en sitios donde las mujeres enfrentan mayores desigualdades socioeconómicas o los climas son más cálidos. La baja educación en las mujeres y la pobreza extrema incrementan los riesgos relacionados con el calor, como un acceso limitado a la refrigeración, mayor exposición en ocupaciones al aire libre o físicamente exigentes. En el estudio, publicado en bcm Medicine, se destaca que es necesario estudiar los efectos del cambio climático y la salud materna con el fin de fortalecer los sistemas de salud y promover la igualdad de género. También se propone informar a las mujeres sobre los riesgos del calor extremo en las embarazadas y pedir que los gobiernos mejoren los chequeos prenatales y los servicios de atención médica materna.

Bebés con bajo peso al nacer por calor extremoillustrissima/Shutterstock

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