7 de junio de 2026 7 / 06 / 2026

Soy 331

René Villanueva Maldonado

René Villanueva Maldonado

Fotos cortesía del autor

Siempre fui un niño raro y solitario, apartado de las dinámicas normales de los demás y completamente inadaptado para las actividades escolares. A muy temprana edad, quizás a los cinco años, empezó mi fascinación por los reptiles. Tenía la necesidad de mover macetas y piedras en todo lugar a donde iba buscando animales, y a los 12 años ya era un apasionado de las víboras venenosas.

Paradójicamente, siempre fui un amante de la lectura, y me interesé en la historia natural por un libro de ilustraciones de reptiles y anfibios del siglo xix, que fue un hito en mi infancia y a partir del cual empecé a formarme la idea de ser un naturalista. Nunca me he visto como un biólogo, sino como eso, un naturalista.

Luego, en una suerte de iniciación a la mayoría de edad —a sólo un mes de mi cumpleaños 18—, me mordió una serpiente de cascabel muy grande que casi me mata. Estuve una semana en coma y fui desahuciado. Mi familia ya preparaba el funeral cuando de forma casi milagrosa me recuperé. Siento que a partir de ahí mi nombre cobró otro significado: en francés René significa “renacido”… y de alguna forma eso me sucedió. Me volví extremadamente curioso e interesado por aprender muchos temas nuevos, entre ellos botánica, a la que dediqué 10 años de mi vida. Me certifiqué como arborista y fui vicepresidente de la Asociación Mexicana de Arboricultura por unos años.

Hoy lo que más me gusta es salir a filmar en la naturaleza. Soy bueno para buscar y encontrar especímenes muy raros y poco vistos, lo que me ha llevado a descubrir varias especies no descritas. También hago ilustración científica e imparto cursos, talleres, diplomados e incluso organizo expediciones desde el proyecto Historia Natvrae, una asociación civil en la que fomentamos vivir la historia natural como en sus tiempos dorados, cuando el arte dialogaba con la ciencia y viceversa. El objetivo es brindar un espacio alternativo a quienes quieren aprender de la naturaleza, la historia y el arte. Ser un semillero de naturalistas.

Ahí tenemos también nuestro propio gabinete de curiosidades, que sigue la idea de hacer una enciclopedia de objetos que a través de su historia permiten conocer el mundo. Me fascina imaginar a los primeros naturalistas explorando el nuevo mundo en excursiones militares épicas llenas de aventuras para recoger miles de ejemplares que harían largos viajes en altamar y que luego serían objeto de incredulidad y maravilla.

Siempre enfocado en la historia natural, la historia de la ciencia, del arte, la biología y la filosofía, estudié en una forma casi renacentista: observando todo tipo de ejemplares, armando esqueletos, taxidermias, viendo animales y plantas vivos, en campo. Soy en gran medida un autodidacta cuya formación fue mayoritariamente en casa, a través de cientos de libros, documentales y maestros particulares. Aunque también podría haberme dedicado cien por ciento al cine o a la música. De hecho, vengo de una familia de músicos.

Mi abuelo René, cofundador de un grupo de música latinoamericana llamado Los Folkloristas, me legó una enorme cultura musical y el gusto por tocar instrumentos. Pese a no haber estudiado música siempre me resultó fácil y desde pequeño tengo oído absoluto.

Me gusta probar cosas nuevas. Tengo una peligrosa debilidad por las cosas dulces, y como de todo. Especialmente me encanta probar lo que se come en las comunidades a las que voy cuando salgo a campo. Dato curioso: en una salida a Michoacán fui secuestrado por autodefensas, algo que nunca imaginé vivir, pero que supongo que pasa si te dedicas a buscar reptiles en territorios extremos.

También se viven experiencias más gratificantes. El año pasado, por ejemplo, experimenté uno de los momentos más mágicos de mi vida: el encuentro con dos peces remo que vararon en la playa de una isla del mar de Cortés. Fue espectacular; lo documenté todo (puedes encontrar el documental en YouTube: se llama El secreto de los dragones marinos). Esa experiencia fue inolvidable, y varios hallazgos de ese encuentro resultaron en publicaciones científicas.

Como buen naturalista me encanta viajar. México es un país que me vuelve loco por su riqueza de paisajes, biodiversidad, cultura, historia y arte. Pero uno de mis lugares favoritos en el mundo es el Amazonas; he estado varias veces y es un lugar soñado para cualquier naturalista.

Tengo varios pasatiempos: me gusta hacer ejercicio, ver documentales, ilustrar y también hacer mis propios documentales de naturaleza. Tengo una gatita llamada Rumi que ameniza mi día a día y en un estanque de mi jardín habita un ajolote que rescaté de un programa de televisión hace como 10 años. También tengo una pimv (Predios o Instalaciones que Manejan Vida Silvestre) con algunos reptiles, aunque no los considero mascotas realmente.

Me fascina la filosofía, y me interesan mucho las ilustraciones científicas durante las colonias, que pese a pertenecer a periodos dolorosos de la historia produjeron un imaginario fabuloso de crónicas e ilustraciones sobre descubrimientos y expectativas de un mundo cuyos confines aún no eran conocidos.

Mi mayor tormento es saber que me tocará presenciar la sexta extinción. Hace poco leí un libro devastador, Antes que la naturaleza muera, de Jean Dorst, que me hizo entender que lo que vemos hoy son las migajas del mundo natural como era hace pocos siglos. Habla sobre los grandes exterminios de fauna —como los 65 millones de bisontes aniquilados durante la expansión colonial del oeste estadounidense—, el ecocidio de Madagascar y las islas mascareñas, entre muchos otros.

Me alucina pensar que si viajara mil años en el pasado aún vería aves elefante, moas, lémures gigantes del tamaño de gorilas, la vaca marina de Steller y muchísimas especies que hoy sólo son vagos recuerdos. A través de Historia Natvrae espero poder proteger a muchas de las especies que aún nos quedan.

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