Soy 332
Mariana Reyna Fabián
Mariana Reyna Fabián
Fotos cortesía de la autora
De niña podía pasar largos ratos viendo las nubes o siguiendo el camino de las hormigas en el pasto. Recuerdo que imaginaba cómo sería mi vida si fuera un gorrión posado en un cable de luz o un delfín recorriendo el mar. Hoy veo con ternura a esa niña mucho más llena de preguntas que de respuestas, pero también llena de empatía por otras formas de vida y por la naturaleza.
No creo que haya nacido destinada a dedicarme al mar, pero sí creo que mi vida ha estado llena de coincidencias relacionadas con él. Mi nombre es Mariana, crecí en una calle llamada María del Mar y mis amigas y amigos me llaman Mar. Además, mis recuerdos más felices de infancia están en la playa: la arena en los pies, alguna que otra revolcada que me enseñó a respetar la fuerza de las olas y esa calma que sólo produce escuchar el mar.
A los 17 años fui a bucear a Mahahual —en el mar Caribe— y ahí algo cambió. Vi arrecifes de coral, esponjas, tortugas marinas y una riqueza de vida que me parecía impensable. Una familia de pescadores nos llevó a conocer esos arrecifes, nos abrió las puertas de su casa y compartió con nosotros su forma de vida. Entendí que esos ecosistemas no sólo eran hermosos, también eran el sustento de muchas familias. Creo que fue en ese momento cuando decidí que quería dedicar mi vida a estudiar y proteger los océanos.
Cuando me preguntan cuál es mi animal favorito siempre respondo que los corales. La mayoría de las personas me pide una segunda respuesta porque piensan que los corales son rocas, pero para mí representan una de las formas de vida más fascinantes del planeta. También me encanta viajar a las playas de México, observar la vida marina y disfrutar de la enorme diversidad de pescados y mariscos que forman parte de la identidad de cada región.
Uno de los mayores retos de mi vida fue escribir mi tesis doctoral mientras criaba a mi hijo. Recuerdo años en los que mis horas más productivas como mamá ocurrían durante el día y mis horas más productivas como estudiante durante la madrugada. Fue una etapa agotadora, pero también una de las más satisfactorias.
Lo que más disfruto de mi trabajo es explorar. He tenido la oportunidad de participar y liderar expediciones científicas en arrecifes de coral del golfo de México, lugares maravillosos, llenos de vida, pero donde todavía existen muchas preguntas por responder. Hay algo muy especial en subir a un barco y mirar a tu alrededor sin ver otra cosa que el azul del mar. En esos momentos recuerdo que conocemos más del espacio que de nuestros océanos y que todavía nos queda muchísimo por descubrir.
Las tareas administrativas son lo que menos disfruto en mi quehacer laboral, pero he aprendido que conservar los mares requiere del trabajo de muchas personas con distintas habilidades, conocimientos y experiencia. Todas las tareas y voluntades son importantes para proteger los océanos.
Quizá una de las lecciones más importantes que me ha dejado la ciencia es entender que los problemas ambientales no se resuelven de manera individual. Me interesa encontrar formas colectivas de reducir la contaminación y proteger nuestros océanos. Y aunque he tenido la fortuna de ver cosas maravillosas en el campo, como ballenas jorobadas cuando buscábamos esponjas o peces, sigo sintiendo que apenas comenzamos a comprender el mar.
Todavía hay una expedición con la que sueño: descender en submarino a las profundidades del océano. Imagino encender una luz y descubrir formas de vida tan extrañas y sorprendentes que desafíen todo lo que creemos saber sobre nuestro planeta y nuestra imaginación. Después de todos estos años, sigo pensando que la curiosidad es una de las herramientas más poderosas que tenemos para entender el mundo, y por supuesto, nuestros mares.
Una de las cosas más inesperadas que me ha pasado en el campo fue conocer al único murciélago del mundo considerado un mamífero marino: el murciélago pescador (Myotis vivesi). Generalmente asociamos a los murciélagos con cuevas o bosques, pero en ciertas islas del golfo de California vive una especie que se alimenta exclusivamente de peces.
Uno de mis pasatiempos favoritos es leer ciencia ficción. Me gusta cuando la ciencia se encuentra con la imaginación y los autores construyen mundos, especies o tecnologías que no existen, pero que intentan explicarse a partir del conocimiento científico. Disfruto las historias en las que los personajes habitan lugares creados por la imaginación y enfrentan situaciones extraordinarias que, por más descabelladas que parezcan, buscan una explicación basada en la ciencia. Creo que esa combinación de curiosidad y conocimiento tiene mucho en común con la forma en que preguntamos sobre el mundo real. Uno de mis libros favoritos es Homínidos, de Robert J. Sawyer.












