1 de septiembre de 2026 1 / 09 / 2026

Soy 334

Ana Luz Caccavari Garza

Ana Luz Caccavari Garza

Fotos cortesía de la autora

De niña era muy tranquila. Siempre fui curiosa y observadora. Disfrutaba mucho jugar con mi hermana mayor, hacer experimentos y pasar tiempo con mis abuelos.

Cuando estaba en primero de preparatoria entré al grupo de montañismo de la unam, y eso fue un parteaguas para mí. Aunque ya disfrutaba el contacto con la naturaleza, a partir de ese momento se volvió totalmente cotidiana y fundamental en mi vida. Me encantaban las salidas, conocer lugares nuevos, hacer amigos, todas las veces que acampamos bajo las estrellas. Esto marcó mi camino y me llevó a buscar una carrera que me permitiera estudiar nuestro planeta, entender las cosas que veía y seguir trabajando en campo. Así llegué a ingeniería geológica y después hice el cambio a ingeniería geofísica.

Creo que la suerte también desempeñó un papel importante. Llegué como estudiante a hacer prácticas al grupo en el que trabajo hoy y ahí fui conociendo más sobre el estudio del campo magnético de la Tierra, que es mi tema principal de investigación y el que más me apasiona. Luego surgió la oportunidad de incorporarme al Servicio Magnético, y aquí sigo. De mis dos mentores y dos asesores aprendí no sólo la parte científica sino también a disfrutar lo que hacemos. Además, el apoyo y respaldo de mi mamá, desde que era niña hasta hoy, han sido súper importantes para que pueda dedicarme a esto.

Lo que más me gusta de mi trabajo es el campo, y esta profesión me ha permitido ir a lugares increíbles, algunos muy bonitos y otros muy interesantes: viajar en barco, recorrer bosques, dunas, zonas arqueológicas, mercados, chinampas, basureros e incluso otros países, como Guatemala, Canadá y Georgia. Lo mejor es que cada sitio plantea sus propias preguntas. Un día podemos estar midiendo el campo magnético de la Tierra; otro, estudiando socavones, fallas geológicas o entierros. Siempre hay algo nuevo por caracterizar y comprender. También disfruto lo que viene después, cuando ya tenemos los resultados y toca interpretarlos.

También soy mamá de un niño de diez años, y aunque cuento con el apoyo absoluto de mi pareja, de mi hijo y de mi familia, siempre cuesta un poco más ausentarse para las salidas al campo. Además, en muchos de los lugares donde trabajamos hay problemas de inseguridad que hoy en día también debemos considerar.

De niña quería ser millonaria o costurera, pero cuando tocó escoger carrera consideré geografía, gracias a una maestra de la prepa que me marcó mucho, o sociología, que fue lo que me salió en una prueba de orientación vocacional. Creo que aunque siempre disfruté las matemáticas y la física, me gusta mucho poder aplicar las ciencias exactas a temas sociales. Además, la geofísica tiene aplicaciones muy interesantes. Una es usar sus métodos para buscar fosas clandestinas, que me parece un tema de enorme relevancia, aunque muy difícil y complejo también. Por un lado están los retos técnicos, pero sobre todo la confrontación con la realidad que hace necesarias estas aplicaciones.

Hubo una película que me hizo pensar seriamente en la posibilidad de que la geofísica ayudara a dar respuesta a la búsqueda de personas desaparecidas: Nostalgia de la luz, de Patricio Guzmán. Me impresionó la pregunta que plantea: cómo pueden existir telescopios capaces de observar el universo y descifrar algunos de sus misterios, mientras seguimos teniendo tantas dificultades para encontrar a las personas desaparecidas en la Tierra. También me gusta mucho la película La sal de la Tierra y todo el trabajo y legado de Sebastião Salgado, que falleció recientemente: sus fotografías y el espacio que construyó junto con su esposa para restauración ambiental. Entre los libros uno de mis favoritos es En busca de Klingsor, de Jorge Volpi.

Me gusta mucho leer, y también escalar. Es mi hobby favorito desde los 16 años. Ya no lo hago con tanta frecuencia, pero sigo disfrutándolo mucho. También disfruto ir a acampar, caminar, visitar ríos, y le he agarrado el gusto a correr al aire libre. Me gusta comer mariscos y la comida yucateca y la oaxaqueña, especialmente si tiene picante. Tengo una perra de 14 años llamada Seis, que siempre ha sido una excelente compañera de aventuras.

Las experiencias más inesperadas de mi trabajo suelen involucrar huracanes. Recuerdo una ocasión en las Islas Marías, cuando fuimos a medir estaciones magnéticas y nos avisaron que el huracán Andrés se dirigía a la isla. En ese entonces todavía funcionaba como penal, así que estábamos bastante incomunicadxs. Tampoco había mucha información de las autoridades. Mientras esperábamos noticias pasamos buena parte de la noche jugando dominó con los internos que, por cierto, eran muy buenos. Al final no ocurrió nada grave, pero la incertidumbre hizo que fuera una experiencia inolvidable.

Más recientemente, una expedición de ocho días a Isla Socorro terminó durando más del doble porque tuvimos que esperar en el barco en la Isla Clarión a que pasara el huracán Flossie y pudiéramos volver a tierra. Aun así, Isla Socorro es uno de mis lugares favoritos. Ahí estamos desarrollando un proyecto para instalar un observatorio magnético, a unos 700 kilómetros del continente, en una zona donde prácticamente no existen datos. Es un proyecto que me emociona mucho y que nos tendrá regresando a la isla bastante seguido, espero que sin huracanes.

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