18 de enero de 2026 18 / 01 / 2026

Ojo de mosca 325

La ciencia restringida

Martín Bonfil Olivera

Mosca tse-tsé. Glossina morsitans. Clase: Insecta. Subclase: Pterygota. Filo: Endopterygota. Orden: Diptera

La libertad es uno de los valores más apreciados en las sociedades democráticas. En ciencia la libertad es también esencial.

Al contrario de lo que creen burócratas y gobernantes, la investigación científica no es una actividad que pueda planearse a detalle, dirigirse y calendarizarse, con objetivos predeterminados y fechas de entrega programadas. Por su propia naturaleza la ciencia sabe de dónde parte y a dónde quisiera llegar, pero no qué desviaciones hallará en el camino ni a qué hallazgos inesperados puedan llevarla. Muchos grandes descubrimientos han surgido de una investigación que se desvió de su propósito inicial.

Es por esto que definir “objetivos prioritarios” de forma limitante puede sofocar la capacidad de innovación científica. Una ciencia restringida puede convertirse rápidamente en una ciencia marchita.

Aun así, la ciencia tiene, y a veces necesita, límites y restricciones.

Algunos son simplemente económicos. El dinero nunca sobra, y en cualquier país sólo hay cierto presupuesto para la ciencia. No cualquier proyecto de investigación es posible.

Otros límites están más relacionados con el ámbito cultural y ético. Aunque en algún momento se llegó a realizar, hoy prácticamente en todos los países está prohibida la experimentación con seres humanos. Se la considera éticamente inaceptable, pues toda vida humana tiene un valor intrínseco y no debe ser usada como sujeto de experimentación cuando su salud, bienestar o dignidad puedan sufrir daño.

En casos muy concretos, donde la seguridad de los participantes está garantizada, y sólo con el consentimiento informado de cada persona, pueden llevarse a cabo protocolos de investigación —sobre todo médica— en los que participen humanos. Un ejemplo son los estudios clínicos para averiguar la efectividad de vacunas y medicamentos, que se justifican por los beneficios que pueden aportar a un enorme número de personas.

Este tipo de restricciones se han ido ampliando también a la experimentación con otras especies animales, sobre todo aquellas que pueden sentir dolor de manera parecida a los humanos. Hoy los experimentos con animales —indispensables en muchas áreas del campo biomédico— están muy controlados y deben seguir rigurosos protocolos éticos que reducen al mínimo el sufrimiento.

Y conforme seguimos descubriendo las formas en que hemos perjudicado inadvertidamente a especies y ecosistemas —y a la biosfera completa con el calentamiento global y el cambio climático—, hemos refinado también normas de protección y pautas éticas para el bienestar ambiental y planetario.

Desarrollos más recientes, como las nuevas técnicas de edición genética o la inteligencia artificial, seguramente nos obligarán a imponer nuevas restricciones para evitar un mal uso que, directa o indirectamente, dañe al medio ambiente o a la sociedad humana.

Los límites a la investigación pueden frenar o dificultar el avance científico. Pero una ciencia sin restricciones puede también llevarnos por caminos que luego podríamos lamentar.

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