2 de enero de 2026 2 / 01 / 2026

¿Quién es? 322

Mario Alberto Hernández Hernández

Gloria Valek

Fotos cortesía de Mario Alberto Hernández Hernández

  1. Mario es ingeniero civil especializado en hidráulica y gestión integrada de cuencas y medio ambiente. Estudió en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, en Morelia, la Autónoma de Querétaro y la Politécnica de Valencia, España.
  2. Además de dar clases participa en proyectos como el rescate del manantial Ojo de Agua en Santa Rosa Xochiac, en la Ciudad de México. Es un buen ejemplo de colaboración entre la población local y la academia, que algún día podría ampliarse a todo el Valle de México y al país.
  3. Mario nació en Guerrero; su abuelo materno tenía una fábrica de materiales de construcción en la que jugaba con sus tres hermanos y sus primos. La fábrica lo inspiró para estudiar ingeniería civil y con el tiempo fue concentrándose en la hidrología.
  4. Al convivir con biólogos, antropólogos, geólogos y veterinarios amplió su percepción de los procesos relacionados con el agua. Luego hizo la maestría en cuencas en Querétaro y viajó a Valencia para complementar su tesis e hizo el doctorado en esa ciudad.
  5. En Santa Rosa participa en la instalación de una estación climática para medir precipitación, temperatura y evaporación, prevenir eventos extremos y apoyar en el monitoreo de cambios en la cobertura vegetal.
  6. Le interesa construir sistemas de almacenamiento y distribución de agua en zonas vulnerables de la Ciudad de México, optimizar su red de captación, modernizar sus equipos de medición y profundizar en el estudio de la variabilidad climática.
  7. Le gustaría seguir trabajando en temas de hidrología y también divulgarlos. La cantidad de agua en la Tierra es siempre la misma; el desafío hoy es su disponibilidad y calidad.
  8. Quiere visitar India, cuya cultura le atrae mucho, y Australia para conocer la Gran Cuenca Artesiana, uno de los acuíferos más grandes del planeta. Disfruta el pop y el rock, viajar y nadar. Su escritor favorito es J. R. R. Tolkien.

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Mario Alberto Hernández Hernández

Mario Alberto es un joven ingeniero civil especialista en ingeniería hidráulica, medioambiente y gestión integrada de cuencas que forma parte de exitosos proyectos de regulación del agua en México. Egresado de las universidades Michoacana de San Nicolás de Hidalgo en Morelia, Autónoma de Querétaro y Politécnica de Valencia en España, además de su labor docente, trabaja en proyectos de investigación relacionados con el agua superficial y subterránea, entre los cuales se encuentra el rescate y la estabilización del manantial Ojo de Agua en Santa Rosa Xochiac, en la Ciudad de México, que es ejemplo de colaboración entre la población y la academia. Pero vayamos al principio de su interesante trayectoria.

¿Cómo fue tu infancia? ¿Siempre quisiste ser ingeniero e investigador?

Nací en Ciudad Altamirano, en la Tierra Caliente de Guerrero, donde viví hasta los 14 años de edad, cuando me mudé a Morelia, para estudiar, igual que mis hermanos, la preparatoria. Soy el tercero de cuatro hijos (tres hombres y una mujer) y supongo que eso nos obligó a ser responsables por nosotros mismos; nuestros padres nos inculcaron que escogiéramos bien la carrera pues a eso íbamos a dedicarnos y hoy todos somos profesionales de áreas muy distintas: mi hermana es química farmacobióloga, el mayor es abogado, el menor es contador y yo, ingeniero civil dedicado a la investigación.

Cuando terminé la carrera me di cuenta de que mis conocimientos no eran suficientes y comencé a laborar en algunas dependencias universitarias para observar diferentes formas de trabajo. Estudié la maestría en Querétaro, y fue una gran experiencia porque durante el último semestre tuve la oportunidad de hacer una estancia internacional en España, en la Universidad Politécnica de Valencia. Aunque todavía no estaba convencido de dedicarme a la investigación, algunos de mis profesores vieron mi potencial para esa actividad y me propusieron regresar a México a graduarme de la maestría y después continuar en Valencia el doctorado. Y eso hice: regresé a México a graduarme y volví a España a cursar el doctorado, donde entré de lleno al área de investigación.

¿Cómo decidiste primero estudiar ingeniería civil y luego dedicarte a cuestiones hidráulicas?

Bueno, mi abuelo materno era constructor y tenía una fábrica de materiales para construcción, alrededor de la cual jugábamos los hermanos y primos. Supongo que eso influyó para que en la prepa estuviera entre estudiar ingeniería civil o arquitectura; al final me decidí por ingeniería, pues me pareció que ofrecía más opciones y áreas para escoger. Dedicarme de lleno a las cuestiones hidráulicas ocurrió en el último año de la licenciatura cuando me ofrecieron una plaza de técnico académico y empecé a dar clases de hidráulica e hidrología a alumnos de segundo y tercer año. Luego hice en Querétaro la maestría en cuencas, donde tuve la experiencia de convivir con especialistas de otras áreas de las ciencias afines al agua, como biólogos, antropólogos, geólogos y veterinarios, tomando de forma conjunta cursos interdisciplinarios, a partir de los cuales persistió mi inquietud por ampliar mi percepción de los problemas de gestión, gobernanza y procesos físicos y biofísicos relacionados con el agua. Al darme cuenta de la necesidad de formación en el área de aguas subterráneas, viajé a Valencia para prepararme y complementar la tesis de maestría y posteriormente realizar el doctorado.

Y ahora te dedicas de lleno a investigaciones sobre el agua

Bueno, me dedico sobre todo a la evaluación conjunta de aguas superficiales y subterráneas y a partir de una estancia posdoctoral que realicé en Montreal, Canadá, comencé a estudiar también otros aspectos de ciencias de la Tierra, como la isotopía y la geotermia. Posteriormente entré al programa de Cátedras de Investigadores por México del entonces Conahcyt, que agrupa a académicos altamente especializados en múltiples áreas, y bajo ese programa llegué al Instituto de Geofísica de la unam, donde hoy realizo las funciones de investigador en ciencias de la Tierra, con especialidad en aguas subterráneas e hidrogeología.

Leí una nota periodística sobre tu participación en el restablecimiento del Manantial Ojo de Agua en la Ciudad de México, ¿me explicas en qué consiste este proyecto?

El proyecto nació por iniciativa de pobladores de Santa Rosa Xochiac, una comunidad asentada junto al Desierto de los Leones en la delegación Álvaro Obregón, Ciudad de México, y se encuentra apenas en desarrollo. Comenzó poco antes de la pandemia cuando ellos se acercaron a mi colega, la Dra. Graciela Herrera, una de las expertas en aguas subterráneas de la unam.

Hoy somos un grupo de académicos de los institutos de Geofísica y de Geología de la unam denominado Grupo de Investigación en Gestión Integral del Agua Subterránea (gigas), conformado para apoyar en el cuidado y la estabilización de las fuentes de agua naturales en ese manantial y satisfacer los requerimientos diarios y las arraigadas prácticas culturales de esa comunidad. La constante extracción de agua subterránea en la ciudad ha reducido su descarga y ha afectado la conexión del acuífero con el manantial, por lo que resulta evidente la necesidad de revisar esa problemática de manera integral y sostenible.

¿Cuál es el apoyo concreto de la unam?

En este proyecto la unam apoya con recursos humanos y algunas cuestiones de logística en el bosque, el vivero local (para la reproducción de plantas y árboles para reforestación), el centro de interpretación ambiental y las cisternas de almacenamiento y distribución del líquido en la comunidad. Nuestro equipo está realizando estudios geofísicos, análisis de muestras de agua y planea instalar una estación meteorológica para recolectar información local y evaluar la efectividad de las acciones de retención e infiltración de agua realizadas por la comunidad para mejorar las condiciones de descarga del manantial y promover la recarga del acuífero en la zona.

Parte del trabajo técnico implica aprovechar zonas previamente impactadas dentro de la zona del bosque, como las represas de mampostería, gaviones y madera, para retener el agua de lluvia en el bosque de forma efectiva y fomentar así su infiltración en el suelo y la recarga de acuíferos, además de que en los inmuebles de la zona se habilitaron tejados e instalaron dispositivos para su colecta local. De esta manera, el agua puede utilizarse para riego, limpieza y otros servicios no potables, lo que reduce la demanda sobre el suministro público.

¿Y a largo plazo?

Se pretende instalar una estación climática que sea operada vía remota por científicos de la unam para medir variables locales de precipitación, temperatura y evaporación, que proporcionaría datos puntuales sobre el clima y el ciclo hidrológico en la zona para lograr su máxima optimización, prever eventos extremos y apoyar en el monitoreo de cambios en la cobertura vegetal por acciones de reforestación.

Se trabaja también en la instalación de dispositivos de monitoreo para evaluar en tiempo real la cantidad de agua captada y ajustar las estrategias de intervención para garantizar el aprovechamiento sostenible del recurso. Estas actividades han permitido delimitar áreas de recarga y los parámetros óptimos para diseñar sistemas de captación que maximicen la eficiencia en la recolección.

Se trata de una labor conjunta de cooperación entre habitantes locales, autoridades y expertos nacionales y extranjeros, a través del concepto de ciencia ciudadana; juntos estamos desarrollando de forma colaborativa mapas de las fuentes de agua de lluvia para las actividades cotidianas, y enseñamos los métodos de medición y muestreo, e impulsamos iniciativas para construir sistemas de almacenamiento y distribución de agua en zonas vulnerables de la Ciudad de México para mejorar la calidad de vida de sus habitantes. A pesar de los avances, hay mucho por hacer; por ejemplo, ampliar y optimizar la red de captación de la infraestructura existente, modernizar los equipos de medición y profundizar en el estudio de la variabilidad climática, así como continuar impartiendo talleres y jornadas de capacitación para difundir el conocimiento sobre las potencialidades del agua pluvial y reconocer las fuentes para mitigar la crisis hídrica.

¿Y qué pasa con el agua de lluvia que se desaprovecha y no recarga los acuíferos?

Lo ideal sería que toda el agua que se produce en esta microcuenca y en la zona ejidal y de bosques se infiltre en los terrenos, en los suelos, que no salga de este polígono y se aproveche como aportación para el acuífero de donde se abastece la población de la Ciudad de México. Durante las últimas décadas ha disminuido el afluente del manantial Ojo de Agua debido, entre otras cosas, a la extracción intensiva de agua subterránea en la parte baja del valle, lo que ha provocado su desconexión con el acuífero. Ahora estamos realizando estudios geofísicos e isotópicos muy localizados pero intentaremos hacerlos después en zonas más amplias. En la Sierra de Las Cruces, por ejemplo, las áreas semiurbana y urbana están llenas de zonas de descarga de agua subterránea, e inmediatamente el agua se contamina y sigue circulando superficialmente en ese estado.

Si se tuvieran los recursos y la colaboración institucional y comunitaria ¿se podría ampliar a todo el Valle de México?

Es un problema multifactorial muy complejo que requiere fuertes niveles de colaboración y de muchos recursos: desde contar con el apoyo y participación de quienes poseen las tierras, partiendo del respeto a sus derechos, hasta la parte institucional (especialistas), política (líderes ejidales y funcionarios), económica (recursos monetarios) y social de usos y costumbres. No es algo que pueda resolverse pronto o fácilmente, lo que ayuda mucho es tener casos exitosos por pequeños que sean… y desde mi punto de vista el trabajo en la comunidad de Santa Rosa, que puede ser mejorable, perfectible, es ya un referente local que puede potenciar otros trabajos que contribuyan a disminuir esta problemática tan urgente de acceso humano al agua, incluso en el mismo Desierto de los Leones, el Valle de México y en el país para reforestar y mermar la tala ilegal de nuestros bosques productores y captadores de agua de lluvia.

¿Eres más teórico o disfrutas más la ciencia aplicada?

Creo que tengo un balance entre ambos, pues me gusta la parte de campo, la ciencia aplicada pero también el trabajo de escritorio: el uso de software, las modelaciones… y también disfruto mucho la docencia, el acercamiento con los jóvenes. Creo que es importante promover de forma temprana las vocaciones científicas entre la juventud… En el Instituto de Geofísica hemos estado a cargo de los seminarios de recursos naturales, y hemos promovido y dado charlas de divulgación, pues es importante trascender, no quedarnos sólo en los artículos publicados…

Proyectos a destacar…

Son varios: el que realicé en la maestría, en la cuenca del río Laja, cuando definimos microcuencas y cada generación debía estudiarlas de manera interdisciplinaria. En el doctorado estudié la cuenca del río Duero de España (un proyecto en el que me incorporé desarrollando modelos matemáticos de flujo subterráneo y de gestión del agua) y donde fue interesantísimo desarrollar modelos aplicados, e interactuar con comunidades y tomadores de decisiones. En el posdoctorado propuse un proyecto para evaluar el potencial de sistemas geotérmicos para la producción de energía y ver la aportación del agua subterránea a la renovabilidad de la recarga de agua de estos sistemas.

Santa Rosa es otro tema muy bonito, que nos enriquece a todos en la Ciudad de México, no sólo a sus pobladores sino también a nosotros como académicos, a los alumnos que estamos formando en el posgrado de ciencias de la Tierra, a la Ciudad de México y al país.

Hemos tenido muchos otros proyectos como grupo y en varias partes de la República, como Tabasco, donde estamos evaluando un sistema lagunar contiguo al río Usumacinta en el que trabajamos de manera interdisciplinaria.

¿Qué sigue para ti?

El año pasado tuve la oportunidad de hacer una estancia en la Universidad de California, Merced, con un grupo de investigadores expertos en recarga inducida en acuíferos y de ahí salió la idea de realizar un taller que explore la aplicación de estos métodos en entornos periurbanos, como Santa Rosa, pero también dentro de la Ciudad de México, como en la zona del Cerro de la Estrella, donde existe una planta de tratamiento de aguas residuales que puede ser usada para inducir recarga al acuífero; este proyecto involucra tanto a los pobladores como a los tomadores de decisiones a nivel local, regional y nacional. Esperamos que se apruebe y pueda desarrollarse.

Me interesa también seguir enseñando temas relacionados con el agua y trabajando en su divulgación, pues desde la formación de la Tierra la cantidad de agua es la misma y el desafío radica en mantener su calidad y disponibilidad. Existe ya un legado de contaminación en el acuífero, independientemente de si recargamos más agua contaminada… Tenemos proyectos para remediar in situ porciones del acuífero de la Ciudad de México con presencia de compuestos de nitrógeno que afectan la salud y hay varias acciones de concientización para implementar algo similar a los simulacros sísmicos: que como simulacro experimentemos días sin acceso al agua, no sólo en las colonias que están acostumbradas a no tenerla.

Un siguiente paso es seguir creando modelos de la realidad, evaluar escenarios y presentar una serie de acciones para la toma de decisiones políticas informadas a largo plazo. Hay que concientizarnos y divulgar las posibles acciones para revertir los niveles de contaminación, pues cuanto más tardemos en abordar esos problemas, más complejos serán de resolver en el futuro.

En corto

  • Países por visitar. La India, por su bagaje cultural, y Australia, por su riqueza ecológica y poseer la Gran Cuenca Artesiana, uno de los acuíferos más grandes del planeta.
  • Comida favorita. La mexicana (mole rojo) y peruana (ceviche).
  • Música predilecta. Los sonidos de la naturaleza, aunque también disfruto el pop y el rock.
  • Pasatiempos. Viajar, escuchar música ambiental mientras trabajo y pasar tiempo con mi familia después de años de ausencia por estudios y cuestiones laborales.
  • Deportes. Practico natación y acudo al gimnasio.
  • Escritor favorito. J. R. R. Tolkien
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