1 de enero de 2026 1 / 01 / 2026

Soy 326

Fernanda Torres

Fernanda Torres

Fotos cortesía de la autora

Siempre fui la niña que preguntaba el porqué de todo, pero para mi familia llegaba un momento en el que la única respuesta posible era porque sí y punto. No fue sino hasta unas vacaciones en quinto de primaria cuando conocí al papá de mi vecina de enfrente (y hoy mi mejor amiga) en nuestra casa de fin de semana; él podía responder a fondo mis preguntas. Y no sólo eso: en cuanto notaba que había entendido su explicación me hacía alguna pregunta que me tenía todas las vacaciones, y hasta el periodo de clases, rascándome la episteme para responderla. Ese vecino era Sergio de Régules, y un día supe que era físico y que a eso se dedican en esa rama de la ciencia: a darle explicación al todo usando la matemática.

También noté que yo no era la única que le planteaba a Sergio dudas que hasta podían darle pena a un adulto, como por qué el Sol no se mueve para el otro lado o por qué el cielo es azul. Me sorprendía la sencillez con la que él lo explicaba y la cara de fascinación de quienes lo escuchaban. Entonces decidí que de grande quería ser como Sergio, responder las dudas de las personas y satisfacer mi propia curiosidad.

De no haber conocido a mi estimable vecino cuando era niña, habría insistido en ser futbolista, mi pasión desde que tengo memoria (me considero una directora técnica de sillón experta; soy la que le habla a la televisión y le dicta jugadas). Pero como la liga mexicana femenil tiene menos de una década probablemente habría terminado en alguna ingeniería, aprovechando que siempre fui buena en física y matemáticas.

Todos los días tengo sentimientos encontrados por hacer divulgación en redes. Mi mayor conflicto es que soy muy consciente de que en un video de dos a cinco minutos no puedo explicar todo un tema, porque para entenderlo hay que tener una licenciatura en física; siento que es un extraño arte del engaño al espectador. Hay temas que estoy segura de que sigo sin comprender al 100 %, como la cuántica, y hablo de ello. En general me fascina lo que hago, porque estoy cumpliendo mi sueño, y por ello siempre estoy contenta. Mi entusiasmo es lo que me distingue y atrae a la gente.

Mis comentarios favoritos a mis publicaciones en redes son los de personas adultas que cuentan que comprendieron algo que durante toda su vida habían pasado por alto. En un video sobre las eras del hielo un señor comentó que al fin había entendido por qué era verano en el otro hemisferio cuando nosotros estamos en invierno; en otro, un panadero me dijo que había descubierto su gran pasión por la física con mis videos y que disfrutaba mucho verlos.

Definitivamente lo peor son los haters y los puristas del internet. Los haters sólo se concentran en mi aspecto, y aunque intento ignorarlos a veces termino dándoles mucha importancia. La mayoría de veces en los comentarios me dicen niña y constantemente me hablan en diminutivo. A veces mi edad y la información del video los asombra, y otras eso y mi género les parecen suficiente para desacreditarme. Los puristas del internet son los peores: los que no entienden que están viendo un video divulgativo, no mi examen de licenciatura, y se dedican a minimizar mis conocimientos y a escribir textos más largos que un día sin pan con la definición rigurosa de algo que comenté por encima. El mansplaining es cansado.

La divulgación no está peleada con la academia. En cuarto semestre de la facultad tomé una clase de física de nubes que dictaría mi línea de interés como científica: estudiar el agüita a nivel atmosférico para entender cómo unas gotas generan descargas eléctricas mortales. Luego descubrí que los científicos de la tierra analizan los datos de los radares para llegar a conclusiones, y eso me parecía horrible, porque no había manera de que entendiera el agua con miles de millones de datos. Sentía que de fenómenos de gran escala no podía sacar la información suficiente para entender por qué esta molécula extraterrestre no sigue la lógica de las demás.

En el penúltimo semestre tuve que tomar optativas de física, y la única con buenos créditos y horario decente era estructura electrónica de la materia, que creí que iba a ser el relleno. A mitad del curso me percaté de que al fin había entendido una pregunta que mis profesores no me habían podido responder y la razón por la que siempre reprobé química: ¿por qué tengo que poner los electrones así? ¿Por qué unos hacen enlaces y otros no? Resultó que necesitaba prácticamente toda la carrera de física y las materias de cuántica, además de esta extraña optativa, para entender una duda que me había hecho a los 14 años. Al final de este semestre mi profesora del curso optativo se convirtió en mi asesora y aunque en su grupo de trabajo nadie estudiaba el agua tuve la oportunidad de aprender sus herramientas y métodos para aplicarlos a la molécula del agua en estado sólido.

Quisiera seguir investigando sobre mi agüita y aprender por qué es tan rara la molécula del agua y por qué es un dolor de cabeza su comportamiento a diferentes presiones y temperaturas. Me gustaría lograr responder la pregunta que me hice hace unos años.

Y no hay manera de que deje la divulgación, porque vivo hablando de física. Soy la única científica en mi familia y mis amigos, por lo que si quiero platicarles de lo que hago y lo que me interesa sólo puede ser por medio de la divulgación. Me encantaría producir ciencia en formatos más largos y hablar de ciencia y científicos latinoamericanos en una serie tipo Cosmos en plataformas.

Me gustaría aprender a hacer radio y televisión, pero mi meta a corto plazo es escribir un libro; me encantaría que fuera para niños: hacer el libro que a mini Fernanda le hubiera gustado tener.

Además de ver deportes amo pasar el tiempo con mis tres gatos, Kepler, Galileo y Émilie du Châtelet; no imagino una vida sin gatos, aunque me gustan todos los animales. Cocinar es mi laboratorio en casa y me divierte mucho poner en práctica la termodinámica.

Además, vengo de la típica familia tradicional mexicana donde la abuelita es la mejor cocinera del mundo, y todavía tengo el privilegio de aprender de ella. No sólo me gusta cocinar sino comer y probar de todo, y mi parte favorita de los viajes es descubrir la comida local. Me encantaría conocer América Latina y Asia. Algún día tendré un refugio para animales en situación de calle y maltrato. Durante la pandemia me dediqué a esterilizar a los gatos ferales de mi fraccionamiento en Morelos, y tuve que recibir las vacunas de tétanos y rabia, así como varias sesiones de antibióticos porque muchas veces al capturarlos terminé rasguñada y mordida. Puedo decir que cada piquete valió la pena porque hoy las hembras están en paz y los machos no están todos lastimados. Me gustaría hacer lo mismo a gran escala.

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