¿Quién es? 321
¿Quién es?
Gloria Valek
Ilustración: revista ¿Cómo ves?
- Rebeca, experta en el tratamiento de las adicciones, no es médica, psicóloga o trabajadora social sino licenciada en relaciones internacionales por el Colegio de San Luis, México, y maestra en política y sociedad por la Universidad de Maastricht, Países Bajos.
- Desde muy joven se dio cuenta de que faltaba información confiable sobre el consumo de drogas y el tratamiento de las adicciones, y que el tema solía entenderse desde la estigmatización, el rechazo, el aislamiento y el castigo.
- En la Ciudad de México conoció el concepto de reducción de riesgos y daños, que son las acciones para atenuar los efectos negativos del consumo de drogas. Esto la obsesionó, pues es una forma totalmente distinta de abordar un problema histórico que suele dar pie a malas prácticas y que se ha agudizado con la violencia.
- Durante sus prácticas profesionales sobre sustancias adictivas le interesó conocer las evidencias científicas y los tratamientos disponibles.
- Hoy estudia las sustancias adictivas desde una perspectiva innovadora: la reducción de riesgos y daños por el abuso en su consumo, sobre todo en jóvenes y mujeres.
- Los esquemas prohibicionistas se alejan de la evidencia científica, la salud pública y los derechos humanos. El enfoque de reducción de riesgos y daños, por el contrario, aborda las adicciones desde el respeto, la inclusión, la empatía y la comprensión de las circunstancias de las personas, y ayuda a tomar decisiones informadas.
- Ha participado en proyectos como el podcast Los Boticarios, La testería y Las Barbies Testeadoras del Bajío, centrados en la reducción de daños. Ha publicado un glosario y varios artículos sobre esos temas y desde 2020 participa en distintos organismos nacionales e internacionales como Youth rise.
- Le interesa seguir trabajando con otros expertos sobre las dinámicas de desigualdad en grupos vulnerables, como mujeres y jóvenes, que suelen servir para justificar políticas sanitarias y educativas intervencionistas e intimidatorias.
- Admira a Colombia por su política de reducción de riesgos y daños desde la sociedad civil, disfruta el mole y las discusiones con colegas y ama a su mamá, a su hermana y a sus perros Morrita y Octavio.
- Puedes encontrarla en www.linkedin.com/in/rebeca-calzada-5a0a3389/.
Rebeca Calzada
Dedicada a investigar sobre la regulación y el tratamiento de las drogas desde el innovador enfoque de la reducción de riesgos y daños sobre todo en jóvenes y mujeres, Rebeca estudió relaciones internacionales en el Colegio de San Luis, San Luis Potosí, México, y política y sociedad en la Universidad de Maastricht, Países Bajos.
En 2014 se unió a la organización Espolea A. C. en la Ciudad de México y años después fue asistente de investigación en el Programa de Política de Drogas del cide. También ha formado parte de otras organizaciones y colectivos, que la han llevado a publicar un glosario y varios artículos sobre las drogas en la revista Este País y cofundar y coordinar proyectos de reducción de riesgos y daños como La testería y Las Barbies Testeadoras del Bajío, centrados primero en la aceptación de la existencia de las drogas y después en la reducción de daños por su consumo. Hoy, esta mujer crítica, analítica, curiosa, que exuda energía e inteligencia, responde mis preguntas.
Mientras revisaba tu currículum me daba la impresión de que entrevistaría a una médica, psicóloga o socióloga, ¿cómo pasas del estudio de la diplomacia y la política al del tratamiento de la adicción a sustancias?
Siempre he sido muy curiosa. Soy de San Luis Potosí, donde desde muy joven viví la guerra contra las drogas y experimenté la creciente violencia. Como muchos amigos, probé la marihuana sin antes informarme al respecto; más adelante hice mis prácticas profesionales en la Ciudad de México sobre sustancias ilegalizadas, y me fui adentrando en el área del consumo —problemático o no— de las drogas y me interesé cada vez más en conocer a fondo la relación que hemos establecido con ellas desde una perspectiva crítica y con base en la evidencia científica, pues este fenómeno se cruza con otras cuestiones sociales.
Había una enorme carencia de información sobre todo en los jóvenes y la desinformación era y sigue siendo tremenda. Recuerdo campañas como “Di no a las drogas”, sin mayores explicaciones y generalmente desde puntos de vista autoritarios, punitivos y estigmatizados… carentes de evidencias concretas e información de calidad.
En la Ciudad de México conocí el concepto de reducción de riesgos y daños y me pareció increíble, me voló la cabeza, pues es otra forma más realista de abordar un tema que ha dejado miles de afectados y muchas muertes. Entendí que los acercamientos y las dinámicas que se han tenido con respecto al uso y abuso de sustancias han sido erróneos, y que eso se agrava con los índices de violencia que vivimos, agudizados en México desde el año 2007 con la llamada “guerra contra las drogas”.
Y hay que considerar muchos factores…
Sí, claro. La problemática es muy compleja y me parece que no hay un enfoque adecuado, pues no se les puede calificar negativamente a todos por igual: hay personas afectadas que no usan sustancias, hay quienes las consumen porque las necesitan o quienes recurren a ellas por gusto o placer… Comencé a entender que las drogas siempre han estado en la vida del ser humano (e incluso de algunos animales) y que cada sustancia tiene sus peculiaridades e impacta de manera particular en los distintos consumidores, que generalmente se enfrentan a la estigmatización y al rechazo y se encuentran solos frente a políticas autoritarias, punitivas y unilaterales en un país que como México es tanto productor como consumidor de esas sustancias.
¿Y qué ocurre con sustancias como el fentanilo? Te escuché decir que no es la droga lo que mata, sino las políticas actuales al respecto…
Ciertamente esta sustancia ha venido a sacudirnos. En poco tiempo el fentanilo nos está mostrando la complejidad del fenómeno de las drogas, así como los múltiples efectos y formas que puede tomar cuando se inserta en esquemas prohibicionistas alejados de la evidencia científica, la salud pública y los derechos humanos. Lo grave no son los hábitos de consumo de las personas, sino que se piense que éstos deben estigmatizarse y criminalizarse.
En el marco de esa política, ¿qué pasa con tu enfoque sobre la reducción de riesgos y daños?
Me parece que la política actual no tiene sentido porque criminaliza, ataca, estigmatiza y usa a las drogas como pretexto para acciones de todo tipo. En cambio el enfoque sobre reducción de riesgos y daños consiste en abordar el tema del consumo de sustancias desde la pragmática y la empatía, no desde una falsa justicia que juzga comportamientos, sino desde la comprensión y el entendimiento de las circunstancias y los contextos. Este enfoque parte de que hay quienes no consumen sustancias y quienes sí lo hacen. Con respecto a estos últimos, nos enfocamos en entender los matices presentes en la vida de las personas y en la identificación de los riesgos y daños asociados con el consumo para reducirlos.
Este nuevo enfoque se centra en el bienestar de la persona de forma comprensiva más que en sus hábitos de consumo, pues se busca justamente evitar que se derive en un consumo problemático; por el contrario, se pretende acercar a las personas a mejores prácticas, incluyendo los servicios de salud. Entre más investigo, más sostengo que el consumo de sustancias no es un fenómeno aislado e individual pues confluyen un montón de cosas… el estado físico, la familia, la comunidad, el país, el acceso a la educación, los servicios de salud, las leyes y políticas de drogas, e infinidad de factores más que facilitan o dificultan que una persona consuma drogas de cierto tipo. Es obvio que esto tiene efectos en su salud y bienestar.
¿Con quién trabajas?
Trabajo con colegas expertos en distintas áreas con los que tengo la visión en común de dedicarnos a las personas que consumen sustancias y a los jóvenes en particular, ya que son un grupo pendiente, urgente. Así como en los centros educativos carecemos de una educación sexual de calidad, carecemos de educación profunda sobre las drogas. A ver, si el sexo y las drogas existen y son parte de nuestra vida, por qué pretender que no están ahí o que deben evitarse… más bien debemos conocerlos a profundidad para saber cómo manejarlos, aprovecharlos, disfrutarlos y también reducir los riesgos y daños asociados con su práctica o consumo.
¿Te preocupa entender cómo lo viven los jóvenes?
Por supuesto que me interesan los jóvenes porque son una de las poblaciones más frágiles y desprotegidas, sobre todo en la debacle de la guerra contra las drogas que vivimos en México desde hace varias décadas. Con ellos, además, con frecuencia se justifican políticas sanitarias y educativas intervencionistas e intimidatorias.
Y te interesan también las conexiones entre drogas, placer y equidad, madres buscadoras y otros aspectos de la vida social que se están tratando inadecuadamente…
Sí, bueno, placer, drogas y equidad van de la mano y son temas que se han estudiado mucho desde la perspectiva de estigmatizar a quienes consumen sustancias como personas débiles y enfermas que no pueden controlar lo que ingieren ni sus reacciones corporales y anímicas.
¿Has trabajado concretamente en eso?
Sí, una colega y yo desarrollamos en Aguascalientes una investigación en la que entrevistamos a ocho mujeres que consumían drogas, con el objetivo de conocer sus historias de vida a profundidad, sus motivaciones de consumo y si les provocan placer o culpabilidad. Algunas eran madres, habitantes de zonas rurales, con historias de vida muy variadas y de distintas clases sociales, por lo que resultó muy interesante darnos cuenta de la importancia de los factores familiares y comunitarios en sus consumos, y conocer qué tipo de drogas usaban, qué recursos tenían para lidiar con sus problemas, qué daños específicos se derivaban como resultado de estos factores, etcétera.
No es lo mismo si eres hombre o mujer o si cuentas o no con recursos…
Por supuesto que no es lo mismo si tienes un teléfono inteligente, acceso a la educación, a la salud, a internet o si careces de todo eso, si conoces otras perspectivas o hablas otro idioma. Y obviamente ser mujer usuaria en México te coloca en una situación de vulnerabilidad, de desventaja. Incluso descubrimos que la poca información que muchas de ellas tenían al iniciar su consumo se las habían proporcionado los hombres.
Generalmente entre un hombre y una mujer existe una dinámica de desigualdad, y estoy segura de que si ellas hubieran recibido información oportuna y educación sobre las drogas, habrían evitado alguna intoxicación o emergencia, pues el tipo de sustancias que ingieren o usan está directamente relacionado con su contexto económico, cultural y educativo. Por ejemplo, había una mujer, proveniente de una clase social más alta, que tenía la posibilidad de elegir entre varias sustancias y contaba con reactivos para saber si le habían vendido lo que deseaba o no. En contraste, había otras chicas sin recursos para quienes era más accesible consumir cristal (metanfetamina) que marihuana y que, además, habían sido estigmatizadas en sus comunidades rurales. Hay que aclarar que el consumo no siempre se da en situaciones dramáticas o peligrosas: algunas veces esas sustancias tuvieron una función positiva en su vida al tranquilizarlas o provocarles placer.
¿Te inspiras en alguien?
Sí, bueno, hay muchos autores e historias de vida que me inspiran; sigo mucho a un farmacólogo que sostiene que las sustancias son como el sexo o la comida, que las buscamos y necesitamos como seres humanos pues nos generan placer y son adaptógenos, es decir, nos permiten adaptarnos a situaciones específicas… de forma mental, física o emocional. Las mujeres entrevistadas asociaban el placer con momentos de relajación y descanso; por ejemplo, a una de las madres le gustaba consumir marihuana una vez a la semana para relajarse y la hacía pensar no sólo en su papel como mamá sino también como persona y mujer. Otras describían los momentos de placer como procesos de reflexión que les permitían conocerse más, experimentar bienestar y desarrollar la capacidad de adaptarse a ciertas situaciones… Te das cuenta entonces de que las motivaciones para consumir drogas cambian en cada persona: no es lo mismo lo que se experimenta a los 17 años que a los 35, ni frente a la alegría que a la tristeza.
No es algo estático o fijo…
No, no lo es… Por eso es tan importante que la educación sobre sustancias no se reduzca a datos aislados. Para la prevención, el uso y la dependencia necesitamos datos duros de calidad, para saber qué está pasando con los factores de riesgo y protección frente al consumo de sustancias; por ejemplo, si trabajas con jóvenes debes tener en cuenta que se encuentran en una etapa de curiosidad y experimentación y que seguramente se toparán con distintas sustancias, las consuman o no.
Facilitar y quitar barreras, hacer a un lado el prohibicionismo, la moral, la desinformación, el consumo a escondidas…
Sí, para acceder a tratamientos adecuados es importante hacer de lado al prohibicionismo y tratar tanto los aspectos positivos como los negativos que se pueden presentar en el consumo de drogas; no hay que mentir u omitir información que puede ayudarlos.
El rechazo social ha ocasionado que las personas que consumen tengan comportamientos velados y más peligrosos. Actualmente en México tenemos el grave problema de la metanfetamina mientras que la narrativa gubernamental se centra sólo en el fentanilo y omite otras sustancias que sí están teniendo un impacto a nivel general… Los colectivos y quienes trabajamos en esto nos damos cuenta de que el fentanilo, por ejemplo, no ha llegado a Aguascalientes y lo que está muy presente y es un problema real es la metanfetamina.
Además de evitar la exposición de los jóvenes a factores negativos, ¿cómo pueden reducirse los daños?
En nuestras intervenciones brindamos información basada en evidencias, en los efectos negativos de las sustancias, con el fin de que quienes las consumen puedan tomar mejores decisiones en su contexto inmediato desde el entendimiento y el respeto. Identificamos las sustancias con reactivos químicos que nos permiten descubrir si contienen algo más, si están adulteradas. Partimos de cero para ayudarlos; generamos espacios de diálogo, sin estigmas, sin esperar que sean luego los más abstemios, sino más bien que generen una relación crítica con las sustancias, no desde la culpabilidad.
¿Qué sigue para ti?
Actualmente trabajo en la organización internacional Youth RISE, que busca reformar la política de drogas con base en la reducción de daños con enfoque en juventudes. Eso me ha permitido trabajar en grupos de investigación con jóvenes que se dedican a la reducción de daños en Kenia, Estados Unidos, Canadá, Portugal y México. Conocer sus experiencias ha sido muy enriquecedor para mí, ver las coincidencias, las diferencias y comprobar que es una práctica presente en todo el mundo y que hay muchos enfoques para abordarla.
Espero seguir trabajando en esto porque es un área que me ha permitido seguir estudiando los enfoques alternativos, como las salas de consumo seguro y los sistemas de alerta para prevenir intoxicaciones y emergencias, sin estigmatizar o criminalizar. Quiero seguir aprendiendo y promoviendo la visión de reducción de daños, la equidad y empatía para lograr un mundo más equitativo y justo.
¿Qué recomendación darías a los jóvenes que inician una carrera? ¿A dónde pueden acudir para recibir información confiable? ¿Cómo pueden contactarte?
Que estudien lo que les gusta porque desde ahí será más satisfactorio aportar algo a sus comunidades… No es fácil pero hay formas de combinar las disciplinas para tener un impacto positivo en nuestro entorno. También les recomiendo que aprovechen su tiempo dedicado al estudio… y que dejen que la curiosidad los lleve a nuevos lugares y respuestas, que se comprometan y no olviden que la empatía es un puente que nos lleva a nuevas realidades, y que las sustancias están ahí y van a seguir siempre ahí y más vale apoyarnos para reducir sus riesgos y daños. Pueden localizarme en: https://www.linkedin.com/in/rebeca-calzada-5a0a3389/.
En corto
- País admirado por su política de drogas. Colombia es un ejemplo para América Latina por su estupenda política de reducción de daños empujada principalmente desde la sociedad civil.
- Personaje destacado. El psiquiatra Claudio Naranjo.
- Comida favorita. La mexicana, sobre todo el mole.
- Qué disfrutas. Las discusiones con colegas mexicanos y extranjeros, pues me gusta incidir en las políticas públicas con actores clave; este año me tocó ir a Viena.
- Amores. Mi mamá, mi hermana y mis perros, Morrita y Octavio.












